El Pregón Pascual que abre las fiestas de Pascua

Padre Mario Manríquez.- Nos encontramos ya en el inicio de lo que tradicionalmente se llama Semana Santa. No podemos abarcar en esta columna el comentario de todo el contenido de las celebraciones de estos días. Es por ello que nos concretaremos a comentar solamente el hermoso himno del Pregón Pascual.

En el centro de la liturgia de esta Semana Santa nos encontraremos con la Vigilia de Pascua que se abre con el encendido del Cirio Pascual. Es un momento muy especial ya que el Cirio Pascual se enciende no con un encendedor o un cerillo, sino que se enciende de la llama de una fogata que ha sido encendida y bendecida especialmente para la ocasión.

Y es de este Cirio, marcado con signos especiales, que cada uno de los fieles enciende un Cirio personal; recordando el día en que por primera vez recibió personalmente o a través de sus padres y padrino la Luz de Cristo.

Todos los fieles tenemos esa gran oportunidad de renovar nuestro bautismo en esa noche del Sábado Santo, vale la pena que todos encendamos de nuevo nuestra fe en el signo de un pequeño cirio. Y es un don valioso que este cirio nos acompañe durante el año, encendiéndolo en momentos especiales de oración.

Y es en ese momento de la Vigilia de Pascua, cuando ya todos han encendido su cirio personal y el Cirio Pascual es colocado en su lugar especial en la Iglesia, que se entona el Pregón Pascual, que es una invitación a la alegría y a la esperanza, que es a la vez expresión del motivo de nuestra fe y que nos impulsa a vivir la caridad.

Vivir la noche de Pascua con un corazón dispuesto nos permite renovar nuestro bautismo que es el inicio de la vida cristiana y es a la vez la imagen del hombre que renace por el agua y el Espíritu Santo y con ello nos muestra en figura, al hombre nuevo digno de entrar en la casa de Dios, en el Reino Eterno.

¿Qué dice el Pregón Pascual? Vale la pena meditarlo en algunas de sus frases más significativas.

La primera nota del Pregón Pascual es la invitación a la alegría: Que se alegren por fin, los coros de los ángeles y las jerarquías del cielo. ¿Cuál es la razón de esta alegría? La victoria del rey más poderoso que ha existido; cuya salvación es anunciada con trompetas y causa que la tierra goce inundada de una claridad inigualable, radiante, con un fulgor especial, el fulgor del Rey eterno y así que la tierra entera se sienta libre de toda tiniebla.

Nos invita a aclamar a Dios invisible y poderoso desde nuestro corazón, así como a su Hijo Jesucristo quien pagó por nosotros al Eterno Padre, con su sangre inmaculada, la deuda del pecado inmolándose como verdadero Cordero de Pascua.

Es una noche para bendecir, agradecer y recordar nuestra salvación, es la noche santa en que Cristo arranca los vicios del mundo y la oscuridad del pecado a todos los que creen en Él y los restituye a la Gracia, agregándolos como santos al número de los elegidos.

Rompiendo las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué serviría haber nacido sino hubiéramos sido rescatados? Es sin duda un asombroso beneficio del amor de Dios por nosotros, que muestra su ternura y caridad, entregando a su Hijo para rescatarnos a nosotros que tantas veces caemos como esclavos del pecado. Es una noche santa que ahuyenta los pecados y lava las culpas, que devuelve la alegría a los tristes; que expulsa el odio y trae la concordia; que doblega a los potentes.

Así de profundo en contenido es el Pregón Pascual. Vale la pena escucharlo en la Vigilia de Pascua con mucha atención y un corazón abierto a la salvación que Cristo nos trae. Que asistamos con mucha fe la noche del Sábado Santo a celebrar la Vigilia de Pascua, es una noche muy especial que nos puede desvelar un gran acontecimiento ya que solo ella conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo de la muerte, de la cual nosotros esperamos también ser liberados.

 

¡Dios bendijo a

Ciudad Juárez!