Se suicida Armando Vega Gil

Padre Eduardo Hayen.- “No se culpe a nadie de mi muerte: es un suicidio, una decisión voluntaria, consciente, libre y personal”. Así lo dejó por escrito en un tuit Armando Vega Gil, cofundador de Botellita de Jerez y exvocalista de Café Tacuba.

Abrumado por la reacción en redes sociales que tuvo una acusación anónima en #MeeToo sobre un supuesto abuso sexual, el cantante no pudo soportarlo y terminó quitándose la vida.

Es fácil hacer una acusación anónima a través de las redes sociales, y el daño puede ser incalculable. ¿Serán más culpables quienes lincharon a Vega Gil a través de las redes, que el mismo Vega Gil por el acto que cometió?

Cuando en nuestras palabras y gestos se agota la caridad y queda solo el veneno del juicio prematuro, podemos orillar a una persona a vivir una vida degradada y le cerramos toda ventana hacia el cielo.

Lo advertía Georges Bernanos: “No disuadirán del suicidio ni a un solo desgraciado ofreciéndole una demostración de que el suicidio es un acto antisocial, porque lo que maquina el pobre diablo es precisamente desertar con la muerte de una sociedad que le da asco”.

 

Por celos mata a su novia

La ciudad ha sido estremecida con el asesinato de Dana, una estudiante universitaria de Literatura. Hace unos días fue encontrado su cuerpo sin vida, cerca de la universidad.

Aparentemente su novio fue quien le quitó la vida, y solamente por celos, ya que ella lo había dejado y había iniciado una nueva relación amorosa con otra persona. Se dice que al culpable, que apenas tiene 18 años, le esperan al menos 70 años de cárcel.

Si las cosas fueron así, Dana fue víctima de su novio. Sin embargo, el novio fue víctima de sus propios celos. El muchacho permitió que la envidia y la ira anidaran en su corazón.

La envidia suscita sentimientos de odio, siembra divisiones, impulsa la búsqueda desesperada del amor perdido y pone el alma en un estado de turbación extrema. El envidioso no tiene contento mientras no consigue eclipsar y dominar a su rival -en este caso a su exnovia- y padece de una angustia perpetua.

La envidia es como un reptil sigiloso que se desliza sutilmente, se mueve con astucia y sabe aguardar el momento oportuno para atacar con fuerza e inocular su más puro y mortífero veneno.

El ataque visible y mortal de un joven a su exnovia ha descubierto el ataque invisible de una pasión incontrolada.

 

De las tinieblas a la luz

Conversé con un hombre de esos que la sociedad llamaría un auténtico malvado. La persona trae más de diez asesinatos cargando en su equipaje y una larga historia en el oscuro mundo de las mafias.

Las circunstancias familiares, el entorno social y el mal uso de su libertad le fueron imprimiendo marcas en su alma que no se borran fácilmente: satanista, narcotraficante, asesino.

Cuando tenía 14 años mató a su primera víctima y nunca sintió el menor remordimiento de conciencia. A pesar de su negro historial, él dice que en el fondo de su corazón es un hombre bueno.

Está arrepentido de su pasado oscuro que ha quedado atrás y quiere reparar, de alguna manera, los pecados cometidos. Sueña con ser un buen esposo, un buen padre y ganarse la vida honestamente. Ha comenzado a acercarse al misterio de Dios y su conciencia empieza a sensibilizarse.

Mi hermano -así me gusta llamarlo- ha sido víctima del mal toda su vida. No tuvo la familia ni la formación cristiana que otros tuvimos. Condicionado por la miseria, llegó a dormir en la calle, en botes de basura, y jamás tuvo a alguien que se preocupara realmente por él; nunca tuvo una persona que lo orientara en el camino hacia Dios. Es un milagro de la gracia que este hermano hoy empiece a añorar la bondad.

Él es la oveja perdida y malherida que comienza a escuchar, a lo lejos, la voz del Pastor eterno que lo llama a la inocencia que nunca tuvo, y así ayudarlo a emprender su camino de regreso a la Casa del Padre.