Cuidado con el merolico

Padre Mario Manríquez.- La palabra merolico sin duda que usted la ha escuchado, lo identificamos fácilmente en cualquier plaza, feria o mercado de la ciudad y hay merolicos que se dedican a anunciar los más variados productos.

Es interesante cuando los escuchamos pregonar acerca de un producto las mayores bondades y beneficios, más aún es muy interesante la forma en que pareciera que su producto es lo más nuevo en el mercado.

Los merolicos salen cada mañana y anuncian lo mismo cobijas, artículos para cocina, ropa, artículos de belleza, artículos de limpieza, e incluso, porqué no, “productos maravillosos” para alargar la vida, hacer nacer y crecer el cabello, eliminar los hongos, etc, etc. etc.

Los merolicos también incursionan en los juegos de azar, por ejemplo el juego de la correíta, encontrar la pelotita escondida con la pregunta ¿Dónde quedó la bolita? y otros juegos más.

Se dice que la palabra merolico surgió cuando a la Ciudad de México llegó un hombre que se llamaba Meroil Yock, un médico polaco, que se aprontó en el Zócalo vendiendo sus productos milagrosos curatodo y se hizo famoso por la forma de anunciar sus productos, y pronto muchos comenzaron a imitarlo, por lo cual, la gente los comparaba con aquel vendedor del Zócalo.

Pero al no saber pronunciar bien el nombre del médico polaco, le llamaron merolico, y a sus imitadores también, hablando a gran velocidad y a grito abierto, estos merolicos así llamados se han extendido por todo el país.

Es una escena curiosa ver en torno a los merolicos cómo se aglutinan los curiosos, a veces para conocer el producto que se oferta y otras más para participar en los juegos que organizan de suerte.

Normalmente el merolico conoce el producto que oferta y domina el juego de suerte al que invita a los participantes y esto da alegría, sonrisas, carcajadas a todos los conglomerados.

Pero a veces los merolicos solo se dedican a vender o entretener, pero otras veces los merolicos son parte de bandas organizadas que aprovechando la distracción de la gente que se reúne entorno a ellos, se aprovechan para robar sus pertenencias en el peor de los casos y en algunos más simpáticos solo hacer algunas bromas, apoyados siempre por paleros y por eso siempre hay que estar atento cuando se escucha al merolico.

Cuidar bien las bolsas, las carteras, celulares y todo aquello que pudiera desaparecer o aparecer inflado o engordado. Hay que asegurarse de salir de escuchar al merolico con los mismos bienes con los que se llegó.

Como toda ciencia, el arte de las ventas también ha evolucionado. Los merolicos de las plazas se han refinado y hoy día los encontramos con discursos dulces, suaves, pausados que incluso darían la impresión de no seguir un guión sino de estar naciendo de la más pura inspiración del alma.

Los merolicos modernos han abandonado las plazas públicas y se han convertido en merolicos fifís, que desde palacios incluso dirigen sus discursos disfrazados de somnolencia y embadurnados de aparentes ocurrencias e improvisaciones.

Hasta parecería que improvisan y hablan con el corazón. Son los nuevos merolicos fifís altos directivos de empresas y de gobiernos inclusive; eso sí, nunca dejarán de tener sus paleros que se multiplican según el interés.

Algunas veces entretienen y convencen, pero siempre distraen y es ahí donde hay que estar atentos y revisar nuestra cartera si todavía traemos los 200 pesos que solamente cargamos, que no vayan a desaparecer y que tampoco vaya a parecer nada extra, porque el hombre honesto sabe que el dinero se consigue solo trabajando y si por estar oyendo al merolico nos descuidamos podemos quedar muy mal parados tanto si nos sobra como si nos falta; es decir, nunca se ha sabido que las palabras sean capaces de resolver la vida, aun las palabras salvadoras requieren de la Fe.

Así es que mi amigo, usted puede seguir oyendo al merolico de su predilección, solo no olvide revisar si su cartera se encuentra en orden y no han subido los precios, si su entorno se encuentra en paz y no ha aumentado la violencia, si su familia descansa más y no ha aumentado el trabajo, si hay más unidad y convivencia en su entorno y ha mejorado la educación y cultura o si han aumentado los consumidores de droga y las pintas de grafiti en su colonia, si la rutera ya es puntual o sigue siendo al capricho del chofer y juzgue por usted mismo lo que está ocurriendo.

Toda política es local y se refleja necesariamente en la colonia donde usted vive y los resultados siempre estarán a la vista, porque así es la política, lo demás son sueños y palabras de merolico.

Con mi bendición de padre y pastor.

 

¡Dios bendijo a

Ciudad Juárez!

Más en esta categoría: « En la Hoguera En pie de guerra »