Tango, pasión argentina que se multiplica en China

Berenice Taboada y Xi Yue.- Llegan del trabajo en botas y chamarra, se sientan al costado de la pista para ponerse los zapatos de tacón y se adentran en el baile. Refugiándose del frío de Beijing, bailarinas y bailarines chinos, de vestidos sinuosos y trajes hechos a medida, se preparan todos los miércoles por la noche para dar rienda suelta a su pasión sobre el tango.

Suena “La Cumparsita”, un clásico del tango argentino, mientras unas diez parejas se mueven alrededor del salón hasta que suene el próximo tema, “Cambalache”, y haya recambio de bailarinas. Entre canción y canción, los hombres, quienes “guían” a la mujer colocando una mano sobre su omóplato, invitan a una pieza a aquellas aficionadas que esperan el guión del hombre sentadas en las mesas linderas.

Las milongas, espacios donde los apasionados del tango marcan con sus pies el ritmo coreográfico del “2x4”, son testigos del nuevo vehículo para la integración entre la cultura china y argentina a través de una danza latina que es diferente y, a la vez, misteriosa.

Jennifer Yang es una asidua aficionada china de la milonga y toma clases de baile desde hace unos años. “Después de ver ‘Perfume de Mujer’ empecé a aprender tango y a conocer más cosas sobre Argentina”, explica haciendo referencia a la película norteamericana de 1992 donde Al Pacino baila el renombrado tango “Por Una Cabeza”.

Como Jennifer, la mayoría de los que asisten a la milonga no hablan español, pero en medio del baile las fronteras idiomáticas se van desvaneciendo.

“En tres años, voy a irme a vivir a Argentina por un buen tiempo. Aunque no hablo español, usaré al tango como lengua para comunicarme con los locales. El tango es una ventana para que conozcamos la cultura, música e historia argentinas”.

El jefe de la División de Artes, Educación y Deportes de la embajada argentina en China, Jorge Sartor, coincide con la bailarina al subrayar el poder de esta danza como puntapié inicial para conocer otras expresiones culturales argentinas, ya sea el futbol, el polo, la literatura, el cine, el idioma español o el arte.

“La cultura es un elemento clave en las relaciones internacionales porque actúa como ‘soft power’ (poder blando). China hoy en día quiere hacerse conocer, pero también quiere conocer el mundo. Hay todo un matiz de conocimiento entre las culturas entre los dos países que es notable en la organización de eventos con el impulso no solo de la embajada sino también de organizaciones civiles, como las milongas en Beijing o los festejos del Año Nuevo Chino en Buenos Aires”, dijo Sartor.

El género, que en 2009 fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por un comité intergubernamental de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), es desde entonces un tesoro cultural que se debe proteger no solo para los argentinos sino para toda la humanidad.

Esta decisión continuó estimulando el proceso de internacionalización del tango. En China, el amor por este género data de apenas unos diez años. Para entonces solo las ciudades grandes como Shanghai y Beijing contaban con clubes donde bailarlo y en la actualidad son más de 30 las ciudades que cuentan con uno.

Si bien estos espacios no tienen una vinculación con la embajada de Argentina ni publicidad oficial, comenta Sartor, funcionan a través de la comunicación interpersonal, de boca a boca. “El tango es como el mate, un gusto construido, uno no nace con deseo de bailar tango sino que escucha que alguien va a clase o va a un evento y le llama la atención”, afirma el funcionario.

Pero el conocimiento del tango en China no se limita al baile sino que también hay chinos que desean estudiar instrumentos típicos del país sudamericano.

“Siempre tuve ganas de aprender bandoneón. En 2004 me gradué y comencé a trabajar tanto que no tenía tiempo para nada. Diez años después, vi un concierto de tango y pensé que debía hacer realidad el sueño que estaba en el fondo de mi corazón. Viajé a Argentina como turista para comprar un bandoneón y desde entonces llevo cuatro años estudiando y enseñando este instrumento”, narra Wang Dan, una egresada del Conservatorio Central de Música de China.

El instrumento es de origen alemán, pero llegó a Argentina de la mano de marineros e inmigrantes europeos a finales del siglo XIX, constituyéndose rápidamente en un símbolo del tango.

Hoy el “boom” de los bailes latinoamericanos, desde la salsa y la bachata hasta el tango, es símbolo de que China y Latinoamérica están encontrando cada vez más puntos en común y de que la apertura del gigante asiático al mundo va más allá de la economía, el comercio o las inversiones.

Wang cuenta que tiene “una banda con otros chinos hace unos ocho años, que se fundó después de mi graduación de la universidad. Hemos mezclado música china con bandoneón, añadiendo elementos argentinos de tango a canciones chinas como ‘Lago Baikal’ de Li Jian y otra tradicional llamada ‘Nubes coloridas persiguiendo la luna’”.

“Cada vez la música china y el bandoneón se fusionan más. Ojalá que cada vez más personas conozcan este instrumento, así su camino hacia la música se puede seguir ampliando”, concluye la bandoneonista.