Cultura y Corrupción

Daniel Valles.- La cultura es la manera como en un país o lugar se hacen las cosas. La cultura cambia de una zona geográfica a otra, de una región a otra, de ciudad a ciudad, de una familia a otra familia.

En el norte de México asamos la carne de una forma. En el centro del país cocinan algo a lo que le llaman carne. En el sur, no les puede importar menos cómo se hace una carne asada, prefieren otras delicias. Tienen el “recado” para las carnes y la Cochinita Pibil, que es deliciosa.

Estados Unidos y México son dos países culturalmente hablando muy diferentes. Hacemos las cosas de manera distinta en casi todos los campos.

Los “gringos”, como les decimos de cariño, son muy disciplinados con sus gastos. Llevan un presupuesto para cada área de su vida. Tienen metas a las que quieren llegar casi desde que nacen.

“Los cafecitos” o “brounis”, como nos dicen ellos a nosotros, no tenemos presupuesto para cosa alguna. Perdón por generalizar, pero muy pocos mexicanos saben hasta cuánto gastarán al año en estampillas postales, gasolina y alimentos.

Los mexicanos no pagamos nuestros impuestos como hacen ellos. No guardamos los comprobantes o llevamos registro de los kilómetros que nuestro vehículo circula para reportar el consumo de gasolina acorde al mismo.

Allá en “Gringolandia”, los sistemas de transporte público pasan con regularidad y bajo un horario preestablecido con anterioridad. De manera que uno puede prescindir del automóvil e ir a tiempo a donde uno tenga que ir.

Las elecciones presidenciales son siempre el primer martes de noviembre, desde hace 400 años. No cambian.

Aquí en México, si los autobuses pasan pronto tendremos suerte. Y hay que calcular como una hora, tiempo que tardaría en pasar el camión. Las elecciones son cada seis años, sí, pero las condiciones y la fecha pueden cambiar de acuerdo a la situación política que se viva.

En México a la comida le ponemos adobos, salsas de docenas de diferentes chiles y sabores. Allá en Estados Unidos a todo le ponen queso amarillo y cátsup. Son diferentes culturas, diferentes maneras de hacer las cosas.

En México somos corruptos, allá también lo son. Y de manera más perniciosa.

En México hay mucha gente que cree que en los Estados Unidos la gente no es corrupta porque no se roban los periódicos que hay en las máquinas expendedoras en la calle. Las que nadie vigila.

Porque no usan la mentira con la facilidad con la que los mexicanos mentimos. Pero… ¡sí mienten, claro que mienten!

La verdad es que los “gringos” son iguales de corruptos que los mexicanos o que cualquier otra raza en el mundo. O peores. Eso sí, no son tan descarados y no lo hacen con tanta apertura como en México.

No tienen necesidades como las que tenemos nosotros los mexicanos. Y seguro que en ambos países hay excepciones. No todos son así, corruptos y mentirosos. Claro.

Por lo mismo en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, México está en el lugar 138, con 28 puntos buenos de 100, mientras que Estados Unidos está en el lugar 22, con 71 puntos buenos de 100. Gran diferencia.

Se puede decir que la corrupción en México cada vez es más descarada y en EU no lo es tanto. No es tan frecuente.

No hay que sobornar a un agente de tránsito tan seguido como en México. No hay que regalarle una torta a una secretaria para que el expediente avance. Está más oculta. Vedada a los ojos de la mayoría, pero es peor. Es perniciosa.

En México, nuestros patrones culturales facilitan el engaño. Al exaltar la emotividad, la elocuencia retórica, el dramatismo y los rituales externos para excusar la inconsistencia, la falta de integridad y la impunidad, la que es rampante y provoca la corrupción que vemos.

No pasa nada o pasa poco y pequeño.

El día martes pasado se informó en nota periodística que el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a unas 50 personas de ser parte de un plan de fraude y sobornos para que sus hijos ingresaran a algunas universidades de renombre.

Entre ellas las actrices Felicity Huffman y Lori Loughlin, así como numerosos altos ejecutivos de importantes empresas están entre los arrestados, por medio de una operación llamada “Varsity Blues”.

Las autoridades descartaron que las escuelas tuvieran alguna participación. Eso dicen.

Estas personas, mediante la creación de estrategias complejas, hacían fraude en los exámenes de ingreso, sobornaban a entrenadores deportivos para que admitieran en la universidad a jóvenes que no tenían las aptitudes adecuadas como atletas.

El FBI dijo que investigaba el esquema de fraude en todo el país y se extendía desde 2011 hasta febrero pasado. Hoy hay gente en la cárcel. Las “celebridades” y los ejecutivos.

En México, se investiga, se sabe de fraudes, se conocen cantidades, dependencias, nombres de las estafas, calificadas de maestras. Caídas del sistema electoral. Se etiquetan a personas posibles o presuntas y no pasa nada o pasa poco. La impunidad es rampante. La corrupción crece siempre.

¿Por qué? Por la cultura, por los usos y costumbres o porque se cansa el ganso.

Cultura y tradición están entretejidas en la vida de una nación en todas sus etapas. Al violentar una, se daña a la otra.

Es así que como la pérdida de la tradición fue destructiva para Francia, lo está siendo para Estados Unidos.

De igual forma la pérdida de los principios y valores fundamentales contribuyó al colapso del imperio Griego y Romano, por la misma tendencia en México de subestimar el orden, la decencia y los valores fundamentales, se amenaza siempre a la nación por permitir que la corrupción y la impunidad sean la parte dominante de nuestra cultura.

De no frenarse, se condena al país entero a sufrir un desastre sin precedente. De no reconocer que la corrupción no se erradica ni se termina por decreto, no habrá posibilidad de poder controlarla, que es lo único que se puede hacer.

Y para llegar a eso, hay que transformar la cultura. ¿Cómo? Pregúnteme, pues yo sé y conozco, El Meollo del Asunto.

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