Programa Sembrando Vida; cómo mejorarlo

Jorge Faljo.- El programa Sembrando Vida se inscribe en la estrategia general de rescate del campo que plantea la nueva administración. La idea es que mediante un crecimiento económico más equitativo, con justicia social, se elevará el bienestar de la población y se avanzará en pacificar el país.

El tamaño es enorme, Sembrando Vida dará 5 mil pesos mensuales a 400 mil productores agrícolas. Lo plantea como una inversión en productividad que revertirá la degradación ambiental y dinamizará la economía regional.

En lo esencial, a la producción para el consumo familiar propone añadirle el cultivo de frutales como fuente de ingresos en el mediano plazo y de maderables para generar ingresos en un plazo más largo. Es una tecnología agroforestal que ya ha probado tener efectos positivos.

Sembrando Vida se enfoca en los sectores sociales más vulnerables, víctimas de una exclusión que se tradujo en la emigración de millones, en destrozar familias y comunidades y en la pérdida de la autosuficiencia alimentaria del país.

Hasta aquí este es el tipo de programa que muchos esperábamos. Sin embargo, en el diseño normativo se han colado herencias negativas. En ellas se enfoca este artículo.

Los Lineamientos de Operación -LOP-, del programa en algún punto hablan de que se aprenderá de la sabiduría campesina. Una mera expresión de labios para afuera, en realidad sus lineamientos plantean un rígido proceso de capacitación de los campesinos y de control de sus actividades.

Se integrarán grupos de 25 beneficiados en “Comunidades de Aprendizaje Campesino” -CAC-, para favorecer la capacitación por parte de los técnicos. La Secretaría del Bienestar, apoyándose en instituciones educativas, elaborará centralmente el programa de formación. Se acordarán entre técnico y campesino un plan de trabajo detallado.

Ambas, capacitación y actividades son obligatorias. No tiene sentido establecer obligaciones si no se sanciona su incumplimiento. Para vigilar el cumplimiento de los campesinos los técnicos se auxiliarán de becarios. Las sanciones van de una amonestación inicial, a la suspensión temporal del apoyo o a la expulsión del programa. Lo que será decidido por los técnicos y el coordinador local.

Es un enfoque que contrasta con otra decisión de estos días: la suspensión del financiamiento a las instancias infantiles. En ese caso la asignación directa del apoyo a las mamás busca empoderarlas para que elijan el mejor servicio disponible, incluyendo el que podrían darles sus familiares.

En Sembrando Vida se marcha en dirección opuesta. Se paga para que los productores apliquen una tecnología definida y reciban capacitación, herramientas e insumos todo centralmente determinado, con proveedores únicos. Sus reglas no propician el “intercambio” parejo entre campesinos y técnicos.

La técnica agroforestal de Milpa Intercalada con Frutales se ha promocionado antes en zonas indígenas similares a las del programa. Y lo que ocurrió es que los campesinos hicieron una adopción selectiva de la tecnología y la adaptaron a sus condiciones productivas y socioculturales. Es algo natural, y lo deseable es que el programa sea flexible.

Algo que facilitaría la flexibilidad sería establecer normativamente que los campesinos calificarán y podrán, en determinadas circunstancias, deponer a sus técnicos y coordinadores. Que desde abajo se evalúe al programa y no al revés.

Quitar el diseño autoritario abriría la puerta a un aprendizaje por convencimiento. Y este requeriría de materiales de excelencia, con una estrategia de experimentación y expansión paulatina sobre la base de resultados.

Pero Sembrando Vida está diseñado para entrar a ejidos y comunidades sin un verdadero diálogo con sus representantes y organizaciones. Moverá el tapete, pero no dialogará con los afectados. Beneficiará a unos al tiempo que suscitará envidias y retribuciones del resto. Lo hemos visto en otros programas y el resultado no fue generar cohesión social ni fortalecer la gobernanza local.

Hay núcleos agrarios muy bien organizados que podrán negociar la aplicación del programa. Otros lo tendrán que acatar sin más. Y en estos últimos casos, la mayoría, el programa va a crear un polo de poder alternativo en manos de técnicos y coordinadores, a espaldas de la gobernanza local. Lejos de propiciar la democracia generará inclinaciones autoritarias en su estructura tecnocrática.

Un problema no menor es que en el sector social rural se han acumulado cambios informales en la propiedad de la tierra. Hoy en día la estructura de posesión no es igual a la de propiedad. Eso lo dan por hecho los diseñadores del programa. Pero no prevén que una parcela de 2.5 hectáreas de tierras de baja productividad ahora va a generar un ingreso de 60 mil pesos al año, con lo que se inducen transformaciones relevantes.

Será fuerte la presión para modificar los tratos informales previos. Por ejemplo, en tierras rentadas a empresarios se cambiará el trato por un mejor precio o para recuperar la posesión rentada. Sin duda se intentará introducir al programa tierras en uso rentable; así sea forzando las definiciones del programa.

Viene una dinámica que generará conflictos y para resolverlos lo mejor será recurrir al apoyo de las autoridades ejidales y comunitarias.

Cierto que hay desconfianza justificada en buena parte de las autoridades locales. La solución no es evadir el problema. Para acabar con el sindicalismo corrupto se propone democracia sindical. ¿Por qué no algo similar para ejidos y comunidades? Sembrar democracia y participación ciudadana es tan valioso para el futuro del campo como el avance tecnológico.

Sembrando Vida plantea crear Comités de Contraloría Social integrados por beneficiados. Esta es la peor herencia de la vieja SEDESOL. Una contraloría acotada a los beneficiados; que son precisamente los que no van a poner en riesgo sus cinco mil pesos mensuales, o más si su terreno da para más de una parcela que se pueden ceder a la esposa, los hijos o un vecino.

La exclusión de los representantes sociales puede acompañarse de otras viejas prácticas como operar cientos de comités de poca monta y establecerlos como canales únicos para toda observación referida al programa.

Podría ser distinto. Una Contraloría Social organizada a nivel nacional para el conjunto del programa. Abierta a incluir la representación de autoridades ejidales, comunitarias y organizaciones relevantes. Una Contraloría que pueda dialogar en un plano parejo con la institución.

Integrar el diálogo, la consulta y la participación a Sembrando Vida es darle fuerza y futuro al programa bandera de esta administración.

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