Los programas sociales presentan problemas y dificultades al gobierno

Fernando Herrera.- Ser abuelo es mi realidad, sentirme abuelo o actuar como abuelo no creo poder, al menos todavía, pues no he sentido que me abrace ese sentimiento tan maravilloso que describen mis amigos que son, sienten y actúan como abuelos, aunque supongo que ya me llegará el turno.

Creo que la idea del presidente López Obrador, de que se dejen los niños al cuidado de los familiares, entre ellos a los abuelos trasladando el apoyo económico que desde el gobierno recibirán los padres de familia, de 1,600 pesos cada dos meses, para dejar de llevarlos a las guarderías, no es tan buena como se oye, porque llevarlos a las estancias se ha vuelto una necesidad.

En cuanto a la corrupción de que se acusa a quienes administran esos centros de cuidado, en realidad hay poco que apuntar pues se ha sabido siempre del tráfico de influencias para acceder a las concesiones de esas guarderías, y es de suponerse, que lo que dijo el presidente de que alteran los registros aumentando el número de niños para cobrar más, puede ser cierto, por lo que encajaría en una modalidad más de corrupción.

Desde luego que la entrega de esos 1,600 pesos bimestrales garantizará la sobrevivencia de muchas guarderías porque seguirán recibiendo a los niños, con pago directo de las familias, luego cada quien decidirá si se ajusta al subsidio o le agrega un poco más o no, pero lo cierto es que ya no habrá pagos directos del gobierno a las guarderías.

De cualquier manera pasará un tiempo en lo que se realiza la transición de un sistema a otro, por lo que el Congreso le ha pedido al gobierno que sostenga el presupuesto para que los niños y sus familias no resulten perjudicados.

En cuanto a la pensión universal cunde el desconcierto entre los adultos mayores que han intentado darse de alta debido a que existe la instrucción de subir la edad a 68 años, por lo que todos aquellos que se dieron de alta durante el año anterior, antes del arribo del nuevo gobierno, no saben qué pasará pues lo hicieron a los 65 años.

La lógica dice que podría ser que los que ya están inscritos sean respetados en cuanto a los derechos adquiridos y solo a los nuevos solicitantes se les pida que lo hagan hasta cumplir 68.

Desde luego el gobierno descansará de afiliaciones esos tres años, salvo los jubilados de IMSS e ISSSTE que no se habían afiliado y que ahora lo harán al ser declarada como pensión universal y que los incluye, como beneficiarios, aunque tengan otro ingreso por jubilación o pensión.

Algo que desconcierta es la poca demanda de becas en cuanto al programa de aprendices en empresas, que recibirán 3,600 pesos mensuales durante un año. Los mal llamados ninis, refiriéndose a jóvenes de 19 a 29 años, que no estudian ni trabajan, no están acudiendo a inscribirse para aprender oficio, o el desempeño de un empleo de mostrador o de oficina, para estar en condiciones de recibir ese apoyo.

¿Qué pasa con ese programa? ¿Acaso no resultó tan atractivo, por ser solo un año? Como la quieran ver son más de 40 mil pesos para ayudarlos a aprender un modo de vida, a menos que deseen seguir trabajando de hijos y de escuela en escuela mientras papá y mamá no se hagan a un lado.

Algo digno de apuntar es que ese dinero llegará directo a cada joven, hombre o mujer, que se inscriba, y no a los empresarios que abran su puerta para dejarlos aprender, así que no habría mucho poder de los empresarios sobre los beneficiarios, más que los informes que exigirá la Secretaría del Trabajo a las empresas que se inscriban como receptoras de estos jóvenes.

Todos ponen

En otro tema, los profesores de la CNTE siguen obstruyendo las vías del ferrocarril en Michoacán perjudicando a los empresarios del centro del país al mantener inmovilizados los insumos, bienes y servicios que deben ser trasladados. Resulta difícil entender que el gobierno, que se asume como no represor, se quede inmóvil ante los enormes perjuicios que se están causando.

Los profesores pueden tener razón en cuanto a sus demandas, el gobierno federal puede respaldar al gobierno del estado para cumplirlas, dejando de lado la discusión de a quién le corresponde, para que una vez que regresen a sus aulas, diriman los dos órdenes de gobierno las responsabilidades, pero dejar que otros sufran por sus diferencias no es justo para el país, por lo que se ha vuelto un tema en el que todos ponen.

Ponen los niños, adolescentes y jóvenes que se quedan sin clases; ponen los empresarios que no reciben sus insumos para trabajar; pone la sociedad que se somete a la escasez de bienes y servicios; pone el gobierno que sufre descrédito tanto en lo federal como en lo estatal.

Nadie gana en ese movimiento inexplicable. Se nota que el presidente quiere pagarles, háganlo, luego discuten cómo se reparten las obligaciones.

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