¿Un plagio de Nietzsche?

Guillermo Chávez.- Hegel y Kant trabajaron en la famosa idea  “Dios ha muerto…” cincuenta y cien años, respectivamente, antes del nacimiento de Nietzsche.

En su extraordinaria obra “Fenomenología del espíritu”, Hegel plasma su pensamiento dialéctico considerando la imposibilidad de la muerte de Dios, basado en su inexistencia.

La filosofía Hegeliana genera el pensamiento materialista de Marx, quien construye el andamiaje de los regímenes comunista y socialista que aún persisten, parcialmente, en las economías del mundo alejadas de la determinación de concepciones divinas y dominando el pensamiento materialista fundado en su genial esquema de la dialéctica de precisión milimétrica en las concepciones especulativas. 

Con su universal obra titulada: “Crítica de la Razón Práctica”, Kant hace cimbrar las estructuras del pensamiento universal, resumiendo el pasado con sencillez y fincando el presente con firmeza.

Argumentando la conveniencia del postulado de Dios para solventar y estructurar la moral necesaria en la orientación de la humanidad, evitando así, el colapso por la barbarie inherente a nuestra naturaleza; confesando e incluyendo así la inexistencia de  Dios.    

Casi un siglo después de la vigencia de los pensamientos Hegeliano y Kantiano, aparece en el horizonte del maravilloso mundo de la reflexión, otra columna: Nietzsche. 

En sus también maravillosas obras “El loco” y “Así hablaba  Zaratustra”, entre otras, Nietzsche a través de las ideas y dentro del campo de la especulación origina el desenvolvimiento de la idea de “Dios ha muerto…” en los mismos términos generales que Hegel al replantear la imposibilidad de la muerte de Dios debido a su inexistencia, sumergiéndose en un océano de planteamientos que solo la reflexión idealista otorgara una respuesta.   

Ambos, Hegel y Nietzsche, orientan sus pensamientos a concluir que la muerte de  Dios la refieren a la muerte de la creencia de la humanidad en Dios y no a la muerte de Dios en sí, que debido a su inexistencia no puede morir.

La filosofía de Nietzsche es una extensión del idealismo platónico susceptible de diferentes interpretaciones y firmes objeciones. En cambio, Hegel con su fórmula de la Dialéctica sostiene con firmeza el materialismo marxista, sustentando fijamente la idea de la inexistencia de Dios en razonamientos lógicos que le convierten en impenetrable a las objeciones idealistas. 

Por otro lado, Kant, bajo el dominio de la razón considera a Dios como un postulado, es  decir, un principio falso pero necesario.

El hombre tuvo la necesidad de inventar a Dios para cimentar las complicadas y complejas normas que sostienen el edificio moral útil como guía en el comportamiento del hombre. De lo contrario, el hombre carecería de un referente de conducta reflejándose en el desorden y destrucción, consecuencia de la barbarie inherente a la naturaleza del hombre.

Con Dios, el hombre reconoce su absoluta incapacidad natural para conocer el universo y los valores universales que conducirán su comportamiento.

Para concluir: “Dios ha muerto…” sentencia injusta e intestinamente atribuida a Nietzsche: la relativa superficialidad del pensamiento Nietzscheano comparada con las profundas, complejas y frías filosofías Kantianas y Hegelianas, favorece la lectura del primero y el desconocimiento total de los segundos.

Es por esto, que el hombre de pensamiento inocente otorga infundadamente a Nietzsche la concepción y elaboración de la idea de que Dios ha muerto.

Kant y Hegel en sus monumentales obras: “Crítica de la Razón Práctica” y “Fenomenología del Espíritu”, respectivamente; trabajaron la idea de Dios ha muerto cien y cincuenta años  respectivamente antes  del nacimiento de Nietzsche.        

El criticismo kantiano finca firmemente en la razón la necesidad imperante del postulado en la existencia de Dios para construir el conglomerado normativo que sostenga la moral y oriente el comportamiento del hombre evitando su destrucción por la violencia inherente a su naturaleza. Kant niega así la existencia de Dios y solo lo define como una necesaria creación del hombre para su orientación moral.

Hegel, fincando en razonamientos lógicos su genial  fórmula  de la dialéctica acredita, temporalmente, la inexistencia de Dios ante una corriente ideológica incapaz de penetrar y objetar sus principios. 

Es cuánto. ¡Un abrazo fraterno!