Clear

13°C

Clear

Clima:

Entre la ciencia y el mercado

Candelario González Villa.- Continúa la discusión o polémica, como se le quiera llamar, en torno a la construcción del aeropuerto en Texcoco; ya le entró el organismo de leguleyos estudiosos del amparo. Entre coparmexos y la élite del empresariado nacional, por lo menos aquí en nuestra Ciudad Juárez, algunos “analistas” radiofónicos, economistas y abogados sacaron a relucir sus muy particulares conclusiones. ¡Faltaba más!

Personajes que centran la vida en inversiones, mercados y finanzas; jamás hicieron mención del medio ambiente y de los asentamientos humanos que fueron desplazados de sus comunidades, lo que nos deja en claro que estos “analistas” son de una visión demasiado corta y deja al descubierto su falta de humanismo.

La defensoría de los magnates con su argumentación pueril solo corre el velo de su ignorancia en la materia y el desconocimiento del origen del proyecto del mencionado aeropuerto, el discurso trillado de las afectaciones económicas para los sacrificados “magnates” y la ausencia de inversiones extranjeras.

En el colmo del cinismo, ignoran que los capitales están al tanto que invertir en México lleva implícito un porcentaje para el gobierno, entiéndase diputadillos, senadores y toda la fauna política que asentó sus reales en el “Estado”.

¿Por qué engañar al pueblo, atemorizándolo? Que la pérdida de confianza en México, que la consulta es ilegal, que esto y lo otro, es el cuento de nunca acabar, no se vale. Nueva York cuenta con dos aeropuertos, Washington con dos y varias ciudades del continente europeo por igual, inclusive, se ubican a distancia considerable de las ciudades destino.

La UNAM confirma que el aeropuerto de Texcoco se está hundiendo; así lo declara el estudio del Centro de Geociencias de la Universidad. De acuerdo con la investigadora del Centro de Geociencias de la UNAM, Dora Carreón Freyre, el subsuelo sobre el que se construye el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), en la zona federal del ex lago de Texcoco, es inestable; considera que la naturaleza lacustre del subsuelo “no es apta para sostener un proyecto de esa magnitud y que el tipo de suelo que hace falta para construir un aeropuerto internacional debe ser más sólido y firme”.

Carreón Freyre entiende que se haya elegido esta zona para construir el NAIM, debido a su cercanía con la Ciudad de México y su vialidad aeronáutica, pero también habla de lo inadecuado que es el tipo de suelo sobre el que se construye. Otros factores que se tomaron en cuenta para seleccionar la región que ocuparía el NAIM fueron “funcionalidad, eficiencia, sustentabilidad, factibilidad técnica y financiera, así como flexibilidad de crecimiento futuro e innovación tecnológica”.

En el portal de Ciencia UNAM, la investigadora sostiene que los “materiales del subsuelo, con las vibraciones y las cargas intermitentes que significan la carga dinámica de un aeropuerto, se pueden comportar de manera muy inestable, ya que no es solo la carga estática sino también la dinámica; ante las cuales estos materiales pueden llegar a deformarse y a perder su estructura comportándose como un fluido, porque tienen contenidos de agua muy altos”.

La especialista detalló que los materiales excesivamente compresibles (amorfos) que componen parte de esta área, hacen que ésta registre “la mayor tasa de hundimiento en la cuenca de México”, entre 30 y 40 centímetros anuales.

A diferencia de las arcillas que hay en la Ciudad de México, las del Lago de Texcoco retienen una cantidad importante de agua y, bajo ciertas condiciones de vibración y de carga llegan a colapsar. Estas arcillas, también conocidas como “jaboncillo”, son altamente deformables, lo que podría dañar la integridad de las pistas de aterrizaje.

Resulta extraño que los “analistas opinólogos” sustenten sus argumentos en estudios mercantiles y sus plataformas en terrenos movedizos. Pero en fin, como dijo mi abuelo, “el tuerto entre ciegos es Rey”, en una clara muestra del distanciamiento entre la ciencia y el mercado.