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Opiniones, valores y principios

Daniel Valles.- Es un mal momento para estar confundido en nuestra opinión, en nuestras definiciones.

Constantemente se hace mención a la “pérdida de los valores”. Esto para señalar las situaciones, graves todas, sea de violencia en cualquier modalidad, embarazos de adolescentes, juntamente con la paternidad irresponsable y muchos otros más, como el aumento de la corrupción endémica.

Recuerdo bien haber entrevistado en una ocasión al secretario de Educación del estado de Chihuahua del entonces gobernador del mismo estado Patricio Martínez (1998-2004), que iniciaría en su gestión una serie de conferencias, talleres y seminarios para “recuperar” los valores que se estaban perdiendo.

Al cuestionarlo de cómo lo haría, solo pudo enseñarme un folleto publicitario. No supo más. Omito su nombre a propósito. Pero lo mismo hizo su antecesor, Francisco Barrio Terrazas (1992-1998).

Cuando se inician en Juárez los infames asesinatos de mujeres, los que han “dado a luz” a la leyenda negra de “Las Muertas de Juárez”, conocidas así en el mundo entero, su secretario de Seguridad dijo que los valores se habían perdido y se perdió en la demagogia. Fue calificado de intolerante y misógino por grupos feministas de entonces, calificativo que le persigue a donde públicamente se ha desempeñado.

Si se perdieron los valores, ¿alguien ha salido a buscarlos? ¿Los han encontrado?

Desde la época en que el gobernador Barrio nos juntaba a una media docena de periodistas para pedirnos opinión sobre este problema de “los valores” y la violencia se ha planteado la interrogante.

Cada uno de los gobernadores y presidentes de la república siguientes han declarado lo mismo. Es como si la búsqueda de los valores perdidos haya estado en plena temporada. Como si se tratara de encontrar o cazarles, pero nada ha sucedido de manera positiva.

No importa quién haya sido. Gobernante, autoridad, celebridad, luminaria, periodista, motivador excelente, etc., la frasecilla sigue estando en boga: “Se perdieron los valores”.

Es momento en que dejemos de buscar el “eslabón perdido” o al último de los “pájaros Dodo”. No es por ahí. De otra forma ya se habrían encontrado. ¿No cree? Los Valores nunca se han perdido. ¿Entonces?

Cayeron en el desuso y surgieron los Valores del Posmodernismo, los que algunas personas han tardado en comprender en su ambigüedad. Los promueven y así, sin darse cuenta, sustituyen a los anteriores. Se inicia del desuso y luego llega la idea de que se perdieron.

Esto tiene muchas conexiones. Las que se alteran o dañan. Las que no son visibles de manera inmediata, sino hasta que pasan lustros o las situaciones se hacen presentes irrumpiendo de manera abrupta mostrando el caos que se originó, poco a poco y nada pudo retenerlo.

Debido a ello es que tenemos décadas viviendo algo que llamaré un período de crisis e incertidumbre. Que es realmente un mal momento para confundir la base sobre la cual se toman decisiones sensatas.

La base y lo que se confunde contiene una mezcla de ingredientes que parecen ser los mismos, pero no lo son. Son diferentes en su función, sus logros y sus alcances. La causa de la confusión se debe a que la cultura actual está inmersa en algo que se determina y se conoce como el Posmodernismo.

Una filosofía generada por el filósofo francés Jacques Derrida (1930-2004) y que permeó en gran manera.

El Posmodernismo es base para movimientos como el feminismo de género y opera con base en el marxismo del siglo XIX, pero después de un proceso de “cirugía estética y reconstructiva”. Ya habrá tiempo en otra entrega para mencionar más al respecto.

La crisis que el posmodernismo creó, se debe a la interpretación particular que la ideología hace de los Valores, a los que perniciosamente impone sobre los Principios, generando Opiniones, las que “interpretan” a su entender y posteriormente enseñan las nuevas definiciones en los sistemas de enseñanza.

Para ello hace algo que los jugadores de dominó llaman, “la sopa”, que es cuando van a iniciar una mano y revuelven las fichas para que todos tomen las propias. Con esto se provoca un “caos”. Cada quién tiene una definición de lo que, dicen: “para mí es el respeto, la mentira, la verdad, la libertad, etc.”

Por ello la mayoría de las crisis sociales son causadas por un gran número de personas, especialmente “líderes de opinión” y “celebridades”, que se “pierden” en relación con las diferencias críticas que hacen. No distinguen entre las opiniones, los valores y los principios. Permítame mostrar El Meollo del Asunto lo tanto y revisar sumariamente estas diferencias.

En primer lugar, las opiniones son preferencias a las que la gente suele acudir en función de “sentimientos”, hechos o condicionamientos ambientales. De vida inconsciente.

Los sentimientos, por supuesto, son muy subjetivos y se basan en gran medida en preferencias emocionales u opiniones intuitivas que eluden el análisis racional o lógico. Son a veces, verdaderos paralogismos que la gente cree.

En algunos casos pueden producir respuestas apropiadas, pero virtualmente nunca producen políticas informativas a menos que sus orígenes objetivos se traduzcan a una forma más racional.

En segundo lugar están los valores. Son preferencias personales codificadas que rara vez se basan en principios. Los valores pueden pretender ser “correctos” o virtuosos, pero no pueden o deben reclamar ser verdaderos para otros o atribuirse a otros per se.

Todas las personas tenemos valores subjetivos, preferencias que se mantienen consciente o inconscientemente. Los valores no pueden reclamar el estado universal. Ellos también permanecen en la categoría de subjetividad incluso si son valores piadosos y bien intencionados.

Es por ello que afirmo que los “Valores” no se han perdido, cada quién usa lo que le conviene o quiere. Los que se usaban hace 30 o 40 años, se han sustituido por los valores del Posmodernismo, los que al contrastarlos con los de entonces, podrían ser verdaderos antivalores. Entonces, no se han perdido los valores.

En tercer lugar tenemos principios. ¿Qué afirmación hacen los principios que ni las opiniones ni los valores pueden legítimamente hacer, menos sostener?

Precisamente esto: los principios crean resultados lógicos y empíricos. Los principios operan en los ámbitos de la lógica científico-matemática y en el ámbito del comportamiento social y las construcciones sociales.

Las constituciones están, o deberían estar, basadas en principios de causa-efecto en lugar de valores u opiniones subjetivas.

Como ejemplo citaré el respeto y la tolerancia. Hace 50 o 100 años, ni se consideraba la forma de tolerancia de hoy, esa que dicen tener los tolerantes que rayan en la intolerancia.

La Tolerancia es un valor del Posmodernismo. Y ya sabemos que en esa filosofía, cada quien interpreta de manera personal. Por eso el axioma de “juarense” habla de respeto entre naciones e individuos, no de tolerancia.

Los principios se manifiestan diariamente y declaran su origen moral y universal. Mucho más se puede decir aquí. Lo haré en breve.

Por hoy y para nosotros, ahora simplemente debo decir esto: Nuestra nación y las naciones no necesitan más opiniones o valores. Necesitan principios claramente establecidos y referenciados en la realidad.

Esta es la moneda de los que cuentan la verdad, hombres y mujeres de estado y de aquellos que nos guiarán a través de nuestros dilemas actuales.

Una porra por las opiniones y los valores y tres grandes ovaciones por los principios. Y eso es, El Meollo del Asunto.

 

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