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Principios que valen

Daniel Valles.- En las últimas dos décadas hemos vivido una época en que más que construir, hemos “deconstruido” en materia de Principios y Valores.

¿Por qué? Porque más que usar “Valores”, hemos tenido “Utilidades”. Es decir, conceptos que han sido útiles para armonizar en la vida social de las personas.

Esto ha generado diversas subculturas dentro de la cultura general. La Posmoderna, la líquida, etc., las que han “creado” sus propios “valores” o mejor dicho, sus propias “utilidades”.

De esta forma, al resto de las personas las que no hemos entrado en estas “modas”, no nos ha quedado más que encogernos de hombros y decir: “bueno, cada quien su vida. Yo les respeto, aunque no esté de acuerdo con ellas”.

Las subculturas que han surgido también han generado sus propios códigos de vida o sus valores. La subjetividad campea y lo penetra todo. Por lo mismo, es difícil rescatar aquello que de verdad vale la pena conservar en la cultura.

Y es que cuando las personas hablamos de valores, la mayoría de las veces ya no estamos hablando del mismo concepto ni de las mismas cosas. Hubo un tiempo en que era así.

El tiempo cuando a los “valores” se les conocía solo por “principios” y no por valores. Hoy ya no es así. Son diferentes.

Los valores son temporales, los principios atemporales. Sencillo. Los valores valen para algunos y no valen para otros. Son relativos. Los principios valen y sirven para todas las personas en todos los tiempos.

Actualmente, lo que para un grupo de personas es bueno o aceptable, para otros es malo o inaceptable y viceversa.

La universalidad de los llamados “valores” que antes fueron “principios” prácticamente ya no existe, salvo en algunos casos. Y pocos. Por ello, cuando se habla de valores ya no se habla de lo mismo.

¿Qué hacer? Tenemos que esperar a que cada “valor” o “utilidad” dé su “fruto”, pues no se puede saber a ciencia cierta si lo que valuamos o valoramos es bueno, aceptable o no. Debemos esperar a que éste lo muestre, si sirve para la colectividad o no sirve ni para la misma subcultura que los generó.

En los diferentes congresos que se han llevado a cabo en el mundo acerca de una educación en valores casi siempre se concluye en que los “principios” como la justicia, libertad, igualdad, fraternidad, amor, solidaridad, etc., son a-temporales, trascienden en el tiempo y el espacio. Son universales.

Y los “valores” cambian. Mueven la forma de jerarquizarlos. Evolucionan, no son permanentes. Entonces, los “valores” no se “pierden”, como aseguran algunas personas, sino solo se transforman.

Esto se debe a las modas o subculturas de donde emergen promovidos por personas que son verdaderos “contraejemplos”, que son considerados porque la misma sociedad o cultura le han dado el carácter de “celebridad”. A pesar de su disoluta manera de vida que de ejemplar tiene muy poco.

A que los sub-grupos son tan diferentes, como diversas son sus preferencias. Así se ha pasado de una ética del esfuerzo, a una ética de la diversión.

¿Cómo sabremos si los “valores” funcionaron o no? Solo hay una forma: por sus frutos, por sus acciones, por su carácter.

Es la única forma para medir si lo que “los valores” enseñan de una subcultura a otra es bueno y aceptable o malo e inaceptable. Si sirve o no. Y si sirve, deberá por fuerza servir para todos. De otra forma no es algo que por sí mismo “valga”, sino algo que se “valora”.

La subjetividad de todo ello en cuanto a “los valores”, es la que le ha dado al traste a la vida misma. Es decir, la ha desvalorizado al punto que la vida se echa a perder. Y eso es, El Meollo del Asunto®.

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Red: www.danielvallesperiodista.com