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Participación y Democracia

Candelario González Villa.- Por fin terminó el festín electoral, mi estado emocional recobra la calma, gracias a Dios. Se confirmaron los pronósticos, si quiere llamarlos así, o si gusta, se confirmaron los análisis de politólogos y “opinólogos”: el triunfo inobjetable de Andrés Manuel López Obrador y, por supuesto, del partido Movimiento Regeneración Nacional.

En mi anterior columna toqué el tema de la recomposición de los partidos y considero que es necesaria la acción, a partir de los principios éticos y morales. A continuación transcribo algunos puntos y propuestas que considero parte fundamental para el enriquecimiento de la democracia, contenidas en “Nuevo proyecto de nación por el renacimiento de México” (primera edición, marzo 2011, Sobre la Revolución de las conciencias. Partido Movimiento de Regeneración Nacional).

“La representación es una forma necesaria pero derivada de su fundamento: la participación. La comunidad política se constituye por la participación desde la base, es decir, del partido. Si nadie participa (por temor o desidia), la política desaparece.

“Las tiranías crean el terror para inmovilizar a los ciudadanos e impedir que participen. De esa desmovilización se alimenta la dictadura antidemocrática y pone en crisis la representatividad. Por el contrario, la participación del ciudadano crea y constituye la comunidad democrática. La participación en la comunidad hace a ésta activa, fuerte y eficaz. Una comunidad de ciudadanos participativos tiene real poder político y constituye un poder social.

“La elección de los representantes es una de las posibles actividades participativas de los ciudadanos; no la única ni la más importante (como insiste cierto liberalismo). La elección de los representantes es como una de las cimas de la participación en una cordillera social de miles de montes y pequeños picos.

“La participación debe ser diaria, activa, siempre presente, organizada de la base y capaz de poner por delante las necesidades de la población y proponer a sus representantes su satisfacción.

“Pero sobre todo, la participación es fiscalizadora, vigila y corrige a legisladores y gobernantes cuando éstas no observan las propuestas (que son las necesidades no satisfechas) de la comunidad participativa. Permanece viva mientras se practique la democracia participativa. La participación es un derecho inalienable y fundamento de todo el orden político democrático.

“Dado que lo anterior configura un principio básico de moral política, es tarea urgente convertirla en parte de nuestra cultura e institucionalizar la participación para que la comunidad proponga los contenidos y fiscalice las acciones de las instituciones representativas. Hay entonces dos tipos de instituciones diferentes:

“Las de la democracia representativa que a falta de control por la soberanía popular, pueden corromperse –y  de hecho en México están en franca descomposición–. Y las instituciones por crearse de la democracia participativa que en todos los niveles del orden político deben vigilar y castigar a los representantes cuando no cumplen con sus obligaciones.

“Esos niveles comprenden desde el ámbito de la comunidad (democracia directa) a nivel delegacional o municipal, hasta los órdenes estatales y federal. La democracia participativa debe dotarse de nuevas institucionalidades para ejercer su doble función: Hacer escuchar las demandas de los ciudadanos y vigilar a las autoridades públicas con objeto de corregir las desviaciones.

“Su accionar frente a la representación debe ser cotidiano y permanente, no solo en el acto puntual de elegir a los representantes (cada tanto tiempo). Así y de modo mucho más eficaz que mediante la reelección, los representantes estarían siempre evaluados por los ciudadanos y las comunidades.

“Promover la cultura democrática ha sido bloqueada por las prácticas corruptas del sistema de representación vigente. En el marco de nueva cultura participativa, debe cambiarse la costumbre inducida de desmovilizar al pueblo durante los largos intervalos entre elecciones.

“Esta suspensión de la vida ciudadana es, en buena medida, lo que garantiza que se realicen una y otra vez comicios más o menos fraudulentos, inequidades en la financiación y otros vicios que corrompen el único reputado acto participativo de la comunidad política. Ese es el círculo vicioso en que nos movemos.”

Ante lo expuesto me pregunto: ¿estarán conscientes Gustavo De la Rosa Hickerson y Juan Carlos Loera De la Rosa de su contribución a la antidemocracia en Morena, Chihuahua? Su conducta de exclusión orilló a cientos de militantes a optar por el retiro del partido. Este par de individuos cerraron las puertas de Morena para dar rienda a su ambición desmedida y aprovechar candidaturas para su séquito de incondicionales; gracias a López Obrador lograron colarse a curules que honestamente no les corresponden.