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Desplegados vs. realidad

Candelario González Villa.- “Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta para producir un rico.” (Almeida Garrett, escritor portugués)

Tras el cuestionamiento del candidato Andrés Manuel López Obrador a la cúpula empresarial, la molestia de éstos no se hizo esperar y a través de un desplegado que salió a la luz en la prensa escrita el pasado 3 de mayo con el encabezado “Así No”, mostraron sin titubeos la enorme soberbia que embarga al pequeño grupo de mandones cupulares.

Con prepotencia reprenden al candidato a la Presidencia de la República por sus dichos de campaña. Al topar con quien ahora no pueden mangonear, prefirieron agitar la bandera de etiquetas representativas de su encumbrado gremio.

En contrapartida, los representantes de la mediana, pequeña y micro empresa del país tomaron distancia de los organismos firmantes de costosos desplegados. Este gremio sí suma millones de empresarios y congrega el 70% de los empleos del país.

Sin embargo, en el desplegado “Así No”, plagado de imprecisiones, los firmantes se adornan como empresarios cupulares. A través de un segundo desplegado denominado “Trabajamos por México”, publicado el 7 de mayo, suavizaron la controversia, le bajaron el tono defendiendo su derecho a pensar diferente y dijeron estar dispuestos a trabajar o participar con gobiernos legítimamente electos, así como a disentir de ellos cuando lo consideren necesario.

Y claro que tienen derecho a disentir y a pensar diferente. Se les concede la razón, pero no debe olvidarse el papel que algunos de ellos han jugado no solo contra el candidato López Obrador en 2006 y 2012, sino también contra políticas públicas que trataron de entorpecer hace muchos años, por lo menos desde el gobierno de Echeverría.

La demanda de la mayoría de los empresarios organizados, sobre todo de los más ricos del país, van en el sentido de buscar una menor intervención del Estado en la economía, la privatización de empresas públicas, la disminución de impuestos para ellos y la posibilidad de evadirlos, además de licencias y concesiones para incrementar sus ya de por sí enormes fortunas y desde luego, hacer de todo aquello que les reporte beneficios empresariales.

La escaramuza de marras está muy lejos de agotarse en este diferendo. Contiene, en su fondo, una formación política de malignas consecuencias. En efecto, entre el empresariado hay un pequeño y compacto grupúsculo de traficantes de influencias encaramados sobre toda la estructura social, política y económica de la nación.

Al país, sin embargo, las maniobras de este grupúsculo le han costado una pila de recursos, como el “Fobaproa” implementado para salvar a unos cuantos empresarios y bancos manejados por aventureros y tramposos. Sus onerosas deudas gravitan sobre la Hacienda pública y lo seguirán haciendo por muchos años.

Vale la pena resaltar que las administraciones panistas (Fox y Calderón) se subordinaron más a este grupito de oligarcas, pues no está por demás mencionar que las principales regresiones en materia laboral y educativa se dieron en esos sexenios.

Para continuar la secuela, llegó el autoproclamado “Nuevo PRI”, una versión tardía, ineficaz y decadente con Enrique Peña Nieto de comodín. Esta terna fue y sigue siendo un remedo de los llamados Ejecutivos federales sometidos y medio socios de los negociantes de escala.

El tema es amplio, extenso, por necesidad recurrente en la historia y desenvolvimiento del empresariado nacional, pero es ineludible analizar el grupúsculo que se arropa en organismos empresariales de la mediana, pequeña y micro empresa para usarlos como bloque para presionar a los gobiernos y desdibujar al Estado.

Claro que los mexicanos tenemos que apoyar a los verdaderos empresario, no cegarnos ni etiquetarlos como los malos y causantes de los males en los que estamos inmersos. Es necesario armonizar la nación, justicia, seguridad e igualdad; solamente así obtendremos el bienestar social.

Tan necesarios son los empresarios como los trabajadores, pero también es imprescindible el debate de las ideas, su análisis, su reflexión y su práctica. Ya basta de la simulación de los políticos y de su individualismo enfermizo. Los mexicanos estamos hartos de su demagogia y sus traiciones.