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Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo: Las Pirámides de Egipto

Walter Schaefer.- Hablar de las pirámides requeriría no de una columna dominical sino de un volumen completo, como los cientos que se han publicado.

En ocasiones es precisamente un río o un mar quien da inicio a una ciudad o a toda una civilización, como es el caso de los egipcios, uno de los pueblos más interesantes y enigmáticos de la historia, quienes en gran parte debían su existencia al Nilo.

Aun cuando se han descubierto más de cien pirámides en Egipto de diversa importancia, tamaño y grado de conservación -y seguramente faltan muchas más- las pirámides escalonadas, luego de caras romboidales  -y finalmente las clásicas o lisas-, definitivamente las mayores en volumen e importancia corresponden a los faraones de la cuarta dinastía, aproximadamente por el año 2600 antes de Cristo. La gran pirámide de Jufu (la cual conocemos como Keops), Jafra (Kefren) y Menkaura (Micerino), tenemos la fortuna de contemplarlas en vivo y si no es posible, en imagen real, lo cual no ocurre con ninguna de las otras maravillas antiguas.

Para el pueblo del Nilo la idea de la vida después de la muerte era esencial. En determinada época solo el Faraón tenía el derecho a que su alma se reuniera con los dioses, por lo que su tumba o pirámide iniciaba su construcción desde su ascenso al poder. Con el tiempo, cualquier súbdito podía aspirar al mismo premio, siempre que su alma fuese pesada y aprobada en la balanza de los dioses.

Para tal fin la edificación debía contener una sección subterránea donde descansara el cuerpo y la visible que haría las veces de capilla moderna. Un estrecho canal que conducía al exterior permitiría al alma ascender. Por supuesto existían tumbas comunes donde el nombre del fallecido en una estela o su representación hacían las veces de puerta de ascenso.

Ninguna edificación en la historia ha sido tan enigmática en nuestros tiempos de tal forma que ni tan siquiera se sabe a ciencia cierta quiénes se encargaron de su construcción. Los grandes filmes nos muestran a esclavos bajo la mirada de fieros guardianes; sin embargo, esta creencia es cada día menos aceptada, sustituyéndola la teoría de obreros, apoyados por campesinos que acudían en temporada baja de cosecha a obtener ahí su diario sustento. Los miles de restos de animales comestibles descubiertos en las excavaciones aledañas, así como rastros de cientos de viviendas provisionales hacen suponer que quienes hacían de obreros recibían vivienda digna y alimentación suficiente.

Otro enigma es la forma de construir tan colosales obras; las teorías son infinitas, desde alucinantes como la intervención de seres de otros mundos a la utilización de una sustancia que disolvía la roca y ya colocada la mezcla se esperaba de nuevo su solidificación, hasta la utilización de trineos sobre arena húmeda, rodillos o incluso rampas de arena que se incrementaban en altura según el avance de la obra, suposición que fue aceptada un tiempo, mas luego desechada al concluir que, al terminar la pirámide, la arena necesaria sería aún más voluminosa que ésta, la rampa tendría una longitud desmedida y luego… el problema de desmontar los millones de metros cúbicos de arena. Incluso las radiografías del físico Walter Álvarez no arrojaron respuesta. 

Concluyo con datos estadísticos que son siempre de asombro y utilidad: La gran pirámide requirió de veintitrés millones de bloques con peso de dos a sesenta toneladas cada uno, tiene una superficie de 52,000 metros cuadrados y pesa aproximadamente 5,750,000 toneladas. Sorprendentemente no es la pirámide más grande del mundo, ese honor le corresponde a México con la gran pirámide de Cholula aun cuando, en honor a la verdad, es una pirámide cubierta por un cerro, por lo que no fue detectada ni en tiempos de Hernán Cortez, quien ordenó construir una iglesia en la cúspide.

Continúan los datos sorprendentes: las proporciones y peso de la pirámide corresponden a un múltiplo de los del planeta Tierra y sus filas de bloques –206– corresponden al número de huesos del esqueleto humano.

Esta es la brevísima historia de la única maravilla sobreviviente del Mundo Antiguo ubicada en Giza, a 17 kilómetros de El Cairo.

Walter Schaefer. Ciudad Juárez, México 1967. Integrante del Colectivo Lorca. Abogado y coleccionista de arte. Columnista Periódico HOY. Colaborador revista de circulación internacional Archipiélago. Autor de los libros “Puente sobre el Abismo”, “Dante, una Mirada a Otro Mundo” y “La fuerza de la Unión”.