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Vivir con entusiasmo por el Resucitado

Mario Manríquez.- Queridos Hermanos, el día de hoy les comparto las palabras de nuestro señor Obispo que nos invita a seguir el camino de Jesús.

En este tercer domingo de Pascua, debemos resaltar el triunfo de la Resurrección. En Hechos de los Apóstoles, Pedro y los demás apóstoles hacen ver a la comunidad de oyentes que Cristo fue sacrificado, crucificado, que murió en la cruz, pero lo más importante es lo que dice enseguida: “pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos”. Esa es la enseñanza principal de este domingo de Pascua: que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y que así como los apóstoles, todos los cristianos católicos somos testigos, estamos llamados a ser testigos del resucitado.

No estuvimos ahí como los apóstoles, sin embargo, tenemos la bendición, la gracia, de encontrarnos en todo momento y sobre todo los domingos con Cristo resucitado, en la Eucaristía. Los discípulos de Emaús, una vez lo reconocieron al partir el pan, se llenaron de alegría, de asombro, de admiración, a tal punto que exclaman: ¿no estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino?

Cada vez que asistimos a la Eucaristía es un banquete, una fiesta, es el encuentro con Cristo resucitado que murió y resucitó y nuestra presencia participativa y celebrativa en la Eucaristía debe ser de gozo y alegría, de sorprendernos cada vez más con Cristo, como el triunfo de Cristo resucitado, que arda nuestro corazón.

Es triste ver a veces, que “participamos” en la Eucaristía con cierta apatía, indiferencia, frialdad, hasta flojera inclusive. ¡No puede ser así! ¡Debe arder nuestro corazón! Debemos vivir la Eucaristía con entusiasmo, con gozo, con asombro: ¡Es Cristo Resucitado! Que se sacrificó por mí, que murió por mí y que resucitó y que gracias a su muerte y resurrección hemos sido redimidos, y esa redención, ese encuentro con Cristo resucitado, nos habla de algo nuevo, de una novedad.

Cristo nos renueva a vivir como hombres nuevos toda la semana, todos los días, entonces sí cumplir lo que decían los apóstoles, ser testigos de lo que vivimos y celebramos en la Eucaristía.

Estamos llamados a testimoniarlo con la vida y los hechos, con las obras, siendo hombres nuevos, haciendo el bien, ayudando al necesitado, vivir en paz atendiendo a los más pobres, en fin, obrando bien, haciendo el bien, que demos siempre un gran sentido a la Eucaristía como centro, culmen, fuente y fin de nuestra vida cristiana.

Yo los invito a vivir la Eucaristía, celebrar la Eucaristía con mucho amor, preparándonos, celebremos la Eucaristía siempre como si fuera la única, la primera, la última Eucaristía. Que los fieles se contagien y vivan gozosamente el encuentro con Jesús muerto y resucitado, en cada Eucaristía, en cada celebración, en cada domingo, día del Señor.

Que este mensaje que estamos reflexionando en este tercer domingo de Pascua nos ayude a vivir gozosamente la fe en Cristo Resucitado.

Con mi bendición de padre y pastor.

¡Dios bendijo a Ciudad Juárez!   

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