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El Hombre tiene un compromiso con su inteligencia

Marcos Aldana Aguirre.- La columna de Catón dedicada al cine lo muestra demasiado inteligente para ser tan tonto cuando trata de política partidista. Y no digo tonto con P por respeto al lector y a la dama que dirige HOY.

Escribe que el cine y la literatura son más ciertos que la vida misma. Muchos que vieron a Chaplin ya han muerto, pero Chaplin sigue vivo. Cervantes ya murió, pero su Quijote sigue cabalgando. Continúa citando artistas y personajes haciendo una bella evocación.

Mas cuando echa porras al partido de sus amores le sale lo zonzo. Toda acción del gobierno para él es un clavo más al ataúd del PRI. No reconoce que el presidente haya dejado por tres veces colgado de la brocha a Trump, pero deplora que reciba a su enviado, diciendo “Trump nos ha humillado”.

Lo humillará a usted, don Armando, y que en sus orejas cale el oprobio.   

Gentes con gran cociente intelectual que escriben y yerran por declinar a partidismos, me recuerdan un artículo del humorista Julio Camba, dedicado a un expresidente. Transcribo parte:

Dice Calvin Coolidge…

“Todos los días el Herald Tribune publica en lugar preferente un artículo titulado Calvin Coolidge says (“Dice Calvin Coolidge”). Tanto por este epígrafe como por el tamaño y la disposición tipográfica, los artículos de Cooldige me recuerdan, modestia aparte, unos que escribía yo años atrás para un diario de Madrid, y digo modestia aparte, porque los míos eran bastante mejores.

“No es que yo tenga un gran concepto de mi labor periodística. Probablemente mis artículos no me llevarán nunca a regir los destinos de España, pero si este caso puede parecer triste, mucho más triste aún es el de mister Coolidge, quien, para encontrar periódicos que le publicaran los suyos, ha tenido necesidad de hacerse elegir primero presidente de la República”.

“Calvin Coolidge says… (“Dice Calvin Coolidge…”). Este título general está lleno de promesas, pero se pone usted a leer y resulta que Calvin Coolidge no dice nada. Al principio, viendo que Calvin Coolidge no decía nada, yo suponía de buena fe que no se le ocurría nada, y mi opinión sobre el ilustre hombre público comenzó a bajar considerablemente; pero a medida que Calvin Coolidge seguía sin decir nada, esa desestima empezó a trocarse en un sentimiento muy parecido a la admiración”.

“-Pase el que a este hombre no se le ocurra nada un día ni dos, una semana o hasta un mes- pensaba yo, pero ¿cómo es posible que no se le ocurra nada nunca? Una vacuidad tan perfecta no puede ser espontánea. Indudablemente, Calvin Coolidge tiene un arte prodigioso que le permite tratar todos los temas sin comprometer jamás su pensamiento.

“Eso de coger todos los días cuatrocientas o quinientas palabras, cada una de las cuales posee una significación concreta, y combinarlas de tal modo que todas juntas carezcan totalmente de sentido no lo hace cualquiera. Distribuidas al azar, las palabras siempre dicen alguna cosa, más o menos congruente, y solo con una distribución inteligentísima se puede conseguir que no digan jamás cosa ninguna.”

Por allí sigue su crítica, y concluye:

“Antes se entraba al periodismo para escalar desde él a los altos puestos  gubernativos. Ahora se gestionan los altos puestos gubernativos para entrar al periodismo. Como presidente de los Estados Unidos, mister Coolidge tenía un sueldo de 75,000 dólares al año, más 25,000 para gastos de representación. Como colaborador del Herald Tribune, tiene una retribución anual de 200,000 dólares. Y quien habla de Coolidge habla de Poincaré, de Mussolini o de Lloyd George”

“Padres que tenéis hijos: no los lancéis al periodismo para que un día lleguen a la Presidencia. Al contrario. La buena táctica consiste en hacerlos primero presidentes o dictadores, a fin de que luego puedan conseguir un puestecito en alguna Redacción” 

Calvin tenía interés en no comprometer su pensamiento. Y si le pagaban por ello, qué mejor. Pero en el caso de los analistas locales, cuya redacción refleja un cociente intelectual arriba del promedio, se justificaría que dijeran algo a favor de un candidato si ganaran dinero o un puesto público.

Los candidatos dedican sus discursos al grueso de la población, cuyo promedio intelectual es bajo. Y si el analista se ubica arriba del promedio, obvio, no les cree todo, pero si escribe para que el grueso de los lectores les crea, se traiciona, puesto que el Hombre tiene un compromiso con su inteligencia. Inteligencia es Psi, y psi es Alma.

Si se trata de vender el alma, cada quien lo suyo, y eso tendría si no justificación, al menos comprensión. Pero si nada se gana ¿para qué hacerle al Calvin Coolidge?

Es tan absurdo como protestar por el aumento de la gasolina e ir por un kilo de tortillas en un Roll Royce. ¡Y tortillas de maíz; todavía fueran de harina, que cuestan tres pesos más…!

(Y por cierto: ya devuélvanle su petróleo a Mahoma).