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Gobernador antimunicipalista

Cruz Pérez Cuéllar.- Muchos políticos de nuestro país han luchado por esa idea romántica de un perfecto federalismo, que considera un poder central pero que reparte facultades, y por supuesto, recursos a las entidades federativas para que en su conjunto hagan transitar a toda la república hacia un Estado pleno, que resguarda a su principal bien que son los ciudadanos, que otorga derechos y distribuye responsabilidades, que en todo momento busca disociar la idea adyacente de la descentralización, que no pretende la separación sino la equidad.

Esa lucha perdura desde el siglo XIX, cuando fue erradicado el modelo de gobierno monárquico y lo suplantó este otro republicano, cuya evolución ha costado la vida a muchas generaciones de hombres y mujeres valerosos que entienden como principal factor de progreso en este sistema político, la unidad seguida de la cooperación y colaboración entre la unidad central, en este caso el gobierno federal, y quienes poseen el gobierno de las entidades subnacionales, los estados.

Me parece que la tribuna legislativa ha sido el mejor medio para discutir estas cosas a lo largo de doscientos años, donde se presenta la visión de puritanos del Derecho y opiniones menos alumbradas por la teoría y más agraciadas por la razón, así como otras posturas que poco o nada han contribuido, pero que son escuchadas para el enriquecimiento del debate. El legislador por excelencia tiene la oportunidad de señalar y de generar propuestas, no puede poner en práctica sus propias iniciativas, a menos que el destino le tenga un espacio reservado en la silla gubernamental, donde deberá cambiar su postura de “señalador” y aplicarse a una función distinta que es la de poner en práctica aquellas leyes que le fueron conferidas por el parlamento al que antes servía.

Este es el caso del gobernador de Chihuahua, Javier Corral, quien luego de un cuarto de siglo de fungir como legislador, las circunstancias lo llevan a asumir la gubernatura del estado, y que recientemente le ha dado por exigir una justa distribución de los recursos federales a los estados, y hay que decirlo, no lo hace de la manera tradicional, es implacable contra quien considera diezma los recursos del estado, más recientemente, tras el acuerdo logrado con la Secretaría de Gobernación y la entrega de 900 millones de pesos, se ha erigido como el gran defensor de los estados y ahora busca crear un pacto nacional que revise las condiciones de inequidad en el reparto de las aportaciones y participaciones federales.

Hasta este punto pocos le ven problema al asunto, al contrario, se nota un defensor de los recursos que corresponden al estado, no importa el modo del reclamo, lo importante es que se recupere lo que nos corresponde por derecho. 

Pero, ¿quién advierte lo que sucede al interior del estado? ¿Cuántos municipios creen que se ven afectados por la actitud centralista del gobernador? ¿Cuáles han sido las acciones para remediar la histórica inequidad en la distribución de los recursos hacia los municipios?… ¿Que no dicta la máxima: el buen juez por su casa empieza? 

En total incongruencia con la exigencia que hace el gobernador en el plano nacional, haciendo el ruido mediático para que todo mundo voltee a ver la clase de compromiso que la federación tiene con nuestro estado, el gobierno de Javier Corral da trato de perro a varios municipios que no le son afines políticamente y que tiene prácticamente a raya; la gran mayoría de los alcaldes como es de suponerse prefieren guardar silencio, otros, como el de Ciudad Juárez, a pesar del maltrato presupuestario, de la ausencia de apoyo en temas fundamentales como el de la seguridad, la nula obra pública tan necesaria para el desarrollo de una ciudad abandonada por muchas administraciones, a pesar de eso Armando Cabada prefiere agachar la cabeza y disculparse ante el mandatario estatal por la nota que salió publicada en un periódico impreso donde se informaba de un importante recorte presupuestal para este año para la frontera.

Para que le cumplan al gobernador, organiza marchas, protestas, va desvelado a entrevistas matutinas con medios nacionales, mueve las influencias a su alcance para que sus amigos le den espacio en medios nacionales (un buen número de medios de comunicación nacionales publican constantemente los excesos del mandatario chihuahuense y éste los señala de extorsionadores). Organiza mítines y reuniones con líderes nacionales para que le hagan segunda, pone todos los medios a su alcance para hacer notar la injusticia que se comete contra el estado.

Pero en lo local, al interior del estado, ahí sí las reglas cambian, para los municipios no hay equidad, a unos da y a otros quita, ahí está el ejemplo de Juárez que le fueron recortados 37 millones de pesos para pavimentación y en otros rubros existe incertidumbre que se cumpla lo prometido.

Por cierto, en Ciudad Juárez como en la capital, el gobernador había prometido “justicia” para ambos municipios a los cuales prometió que regresaría el control pleno de las juntas municipales de aguas y saneamiento. Ya pasó un año y meses y no hay indicio alguno de este trámite. Todo parece indicar que se trata de otra promesa del corazón, como la universidad gratuita y muchas otras promesas que se quedaron en otra pifia más del mandatario.

En estos momentos debería hacer realidad todo aquel sinnúmero de iniciativas que Ramón Galindo presentó cuando fue senador y diputado federal, cuando se desvivía por el “municipalismo” y el “federalismo” que no se le caían de la boca. Ahora, que es nada menos que el representante del gobernador en Juárez, debería dejar a un lado las poses y trabajar en serio por los juarenses.

Pero la verdad de las cosas es que ni Ramón Galindo desde su zona de confort creada al cobijo del corralismo, ni el propio Javier Corral han querido poner en práctica lo que tanto han reclamado al PRI en el gobierno federal durante sus años de tribunos. Una cosa es la exigencia categórica y firme de los recursos que les corresponde a ellos y otra muy distinta es responder a los municipios con la pasión que les caracteriza y la generosidad de la que tanto han hablado.

Juárez no es el único municipio afectado, los demás no pueden cantar victoria porque aunque coincidan partidariamente con el mandatario, no hay obras que merezcan mención, y menos un trato digno, como el que exige con tanta vehemencia al gobierno federal.

Javier Corral quiere para sí justicia, y de la buena, y los demás que se rasquen con sus propias uñas, sobretodo aquellos que no le siguen el juego, que no gastan suela en sus marchas o se dejan aburrir en sus peroratas oficiales, aquellos que no le hacen reverencia ni hablan bien de él. ¡Ay de aquél que se atreva a contradecirlo! Se arriesga a ganarse su desprecio y con el ser víctima de abandono.

Respecto del método de exigir al gobierno federal lo que le corresponde a Chihuahua, ya lo había dicho en este espacio y lo digo de nuevo: si esa es la forma adecuada, entonces que se manifiesten también en las plazas de sus municipios las decenas de alcaldes que no han recibido una sola visita del mandatario desde hace un año y tres meses que asumió, que no han recibido las participaciones correspondientes o que han sido amedrentados con el consabido estilo de dictadorcillo de Corral.

Que se manifiesten y hagan marchas a la capital del estado, que inunden los espacios noticiosos para que les cumplan los compromisos, tanto en obras públicas como programas de gobierno, no mañana o pasado, sino ¡hoy!, al estilo corralista. Ni más ni menos, que se utilice la misma vara que usa el gobernador para exigir, para arrebatar lo que le toca.

Ese es el verdadero municipalismo que procura el gobierno de Javier Corral quien exige a su vez un federalismo inmaculado, perfecto, aunque él no predique con el ejemplo.

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