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Yo mero... Corrupto

Héctor Molinar.- Desde hace cuarenta y ocho años, nuestro país comenzó a precipitarse a un laberinto sin salida, derivado de las malas administraciones del Ejecutivo Nacional. Los expresidentes, desde Gustavo Díaz Ordaz hasta la fecha, han incumplido con el propósito de la democracia y utilizaron el poder para imponer al Partido Revolucionario Institucional, viciando las elecciones. Con excepción del PAN con Vicente Fox por el hartazgo del PRI y del fraude de Felipe Calderón.

Así nacieron los acarreos, la compra de votos, las despensas, las urnas rellenas, la obligación de votar por el PRI de los trabajadores de los sectores públicos y afiliados a los sindicatos adheridos al partido tricolor. Se acrecentó la corrupción en las autoridades civiles y tomó auge la dádiva, conocida en el ambiente popular como “mordida”, y jurídicamente como cohecho. Algunos políticos que han sido enjuiciados por este delito, han sido exonerados y recuperado el dinero por el que se les investigó: Raúl Salinas de Gortari, Elba Esther Gordillo, Guillermo Padrés.

La desfachatez con la que se ha conducido el actual presidente del Comité Nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, es palpable en su pretensión dolosa de ocultar el rostro negro de la corrupción que les caracteriza. La historia no se puede cambiar, ni variar. Aunque sí se puede ocultar la realidad a las nuevas generaciones. Pues la historia exhibe a todos los sexenios corruptos y revela los rostros de la impunidad. Es simulador de exgobernadores acusados de corrupción y de funcionarios públicos que son parte del mismo grupo.

Prueba de ello, el actual presidente Peña Nieto, desciende en popularidad y crece el descontento nacional. Suficiente para analizar que México en lugar de ascender, sigue descendiendo en el ranking de corrupción, de acuerdo a la base de datos del Índice de Percepción de la Corrupción 2017 de Transparencia Internacional. Lo que denota que gracias al mal gobierno, sobre todo, no vamos tan bien como lo anuncia en sus discursos todos los días. El descenso de México se considera preocupante, porque es el que más puntos bajó.

Para las generaciones que no investigan o ignoran la manera de gobernar del PRI y del PAN, de acuerdo a la base de datos; les diré que los expresidentes de México más preparados y estudiados en prestigiadas universidades del extranjero, como Harvard y Yale, son los que más daño han causado a la nación. No por ello debemos confiar, pues su capacidad ha servido para devaluar el peso y apoyar a empresarios e industriales extranjeros para adueñarse de nuestros recursos. 

Nada garantiza el buen desempeño de sus obligaciones, por el hecho de presumir conocimientos y preparación académica. Todo lo contrario, desprestigian a las instituciones porque han contribuido a la corrupción y son cómplices del crimen organizado. Tenemos a Carlos Salinas de Gortari, con Maestría en Administración Pública en Harvard. Según expertos en narcotráfico, fue socio del Señor de los Cielos. Ernesto Zedillo Ponce de León obtuvo un Doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de Yale, quien devaluó el peso de tres a nueve pesos aproximadamente. Su slogan de campaña fue “Bienestar para tu familia”, y las familias mexicanas perdieron sus casas, autos y el poco dinero ahorrado por la gran crisis económica.

Vicente Fox Quesada logró arrebatar el triunfo al PRI por el hartazgo que era insostenible -como hoy en día-, realizó un posgrado en Administración Pública en la Universidad de Harvard. Destrozó la democracia del país con el gran fraude electoral a favor de Calderón y dejó operar sin control al crimen organizado. Felipe Calderón, se graduó con Maestría en Administración Pública de Harvard y en lugar de cumplir en aumentar el empleo, aumentó la criminalidad en todo el país y se llenó las manos de sangre.

José Antonio Meade, tiene un Doctorado en Economía de la Universidad de Yale. Presume sus veinte años en puestos públicos. Ha sido cinco veces Secretario de Estado con Calderón y Peña Nieto. Y sin embargo, su camino por la vida política es gris y sin ningún brillo. Durante su recorrido no detectó que once gobernadores del país malversaron los recursos públicos. Ni cuando fue secretario de Hacienda. Su capacidad intelectual puede ser igual o peor de perversa que sus antecesores, pues hasta hoy no ha dicho nada respecto al tema de la corrupción. Es solamente otro más del montón de egresados de universidades famosas, que jamás han experimentado el sufrimiento del pueblo. Su reciente dicho “Yo Mero”, lo ubican como otro corrupto más.

 

* Especialista en Gestión de Conflictos y Mediación

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