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Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo: El mausoleo de Halicarnaso

Walter Schaefer.- Es interesante observar cómo en ocasiones tan solo una palabra u obra arquitectónica define un concepto para el resto de la historia. El Coloso de Rodas acuñó el término para un hombre de gran estatura física o mental, el Faro de Alejandría, ubicado en la Isla de Faros, dio nombre a las luminarias marinas y un hombre -Mausolo- dio origen al término mausoleo, todos ellos utilizados comúnmente en la actualidad.

Por el siglo IV antes de Cristo, Mausolo gobernaba Caria, capital de Halicarnaso. No era un rey sino un Sátrapa, término que aún cuando en la actualidad tiene connotaciones negativas realmente significa “Gobernador”, en este caso bajo el dominio persa.

Mausolo, hábil pensador, situó la capital a orillas del mar; esto es, lo más lejano posible a sus enemigos y decidió apoyar a los persas -sus dominadores- contra los griegos, intuyendo la inminente victoria de los primeros. Su acierto le fue compensado por Artajerjes III, quien lo dotó de numerosas tierras que acrecentaron su poder y llenaron sus arcas.

Los persas tenían fama de permitir a los territorios conquistados un alto grado de autonomía, por lo que Mausolo -paradojicamente- conocía el idioma griego y era un gran admirador de esa cultura, por lo que las ciudades que fundó adoptaban el estilo arquitectónico y las costumbres helénicas. Hijo de Hecatomno, a la muerte del padre había casado con su hermana Artemisia, tal como se acostumbraba en los imperios de la época a fin de preservar el poder, y fueron así conocidos como Mausolo y Artemisia de Caria, ciudad que fue la cuna de Heródoto, el Padre de la Historia.

A dos milenios en el tiempo, algunos datos son contradictorios: ¿Se inició la construcción de la regia tumba en vida del personaje? Los historiadores difieren aun cuando lo usualmente aceptado es que la edificación fue ordenada por la consorte a la muerte de éste.

El dinero no era problema, de tal forma que se envió a Grecia por los mejores arquitectos y escultores de la época: Leocares (o Leucastes),  Briaxis, Timoteo y Escopas. Cada uno se encargaría de una de las caras del edificio. La magnífica obra requeriría tan solo tres años, sin embargo, Artemisia fallecería antes de su conclusión. Los escultores -sin problemas de suministros- decidieron concluirla como un homenaje a la pareja y a su propia pericia técnica.

La obra se concluyó en el año 350 a.C. en lo que hoy es Bodrum, Turquía. Y aun cuando las descripciones difieren, podemos afirmar que su altura total era de aproximadamente cincuenta metros, una tercera parte consistía en un podio rectangular, la segunda en una columnata por los cuatro costados que algunos contabilizan en 36… y otros en 117, todo ello bajo un gran cuerpo piramidal y coronado con una cuadriga de corceles conduciendo a la pareja. La obra en ladrillo recubierta de mármol de Mármara, así como la totalidad de esculturas y frisos en este precioso material; estas últimas en número de cuatrocientas -cuatrocientas cuarenta y cuatro según algunos- de un realismo no conocido en la época.

A pesar de sufrir varias invasiones, una de ellas por el propio Alejandro Magno -que luego adoptaría la idea para su propio mausoleo-, la obra mal que bien se mantuvo en pie durante mil setecientos años, hasta que un terremoto, al igual que el Faro y el Coloso, todos situados a orillas del mar, lo destruyó. Todavía permanecieron las ruinas un siglo en el sitio, hasta que en 1522 se utilizo el mármol para la reparación del castillo de San Pedro de Halicarnaso. Se descubrieron los túneles que conducían a los sarcófagos de la pareja, los cuales furon saqueados y se perdieron en la noche de los tiempos.

Hoy, los sencillos trozos que permanecen en el sitio son sin embargo un popular atractivo turístico, en tanto el Museo Británico conserva una sección de la cuadriga, la fracción inferior de una columna y el fragmento de un friso.

Al igual que el Coloso de Rodas inspiró la Estatua de la Libertad y el Faro de Alejandría al resto de los faros del mundo, el Mausoleo fue replicado en lo posible en el Santuario de las Memorias en Melbourne, Australia, homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial.

Walter Schaefer. Ciudad Juárez, México 1957. Abogado y coleccionista de arte. Columnista Periódico HOY. Colaborador revista de circulación internacional Archipiélago. Autor de los libros “Puente sobre el Abismo”, “Dante, una Mirada a Otro Mundo” y “La fuerza de la Unión”.