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La Sagrada Familia: Jesús, María y José

Antonio Fernández.- La Sagrada Familia, conformada por el Niño Jesús, su madre María y José, padre nutricio del Hijo de Dios, es el vivo ejemplo a imitar por la familia cristiana católica.

Dios concede a las familias del mundo que lo desean, asemejarse en su santidad y espiritualidad, siempre elevadas al cielo; La Sagrada Familia se distingue por la perfección de su alma, forjada en las condiciones de vida sencilla y humildad, modestia y recogimiento acrecentó la unión sus voluntades cada día, en el amar a Dios. Dice San Agustín: “Donde no hay celo no hay amor”…

En la obra “Las Glorias de San José”, refiriéndose a la obediencia del Santo Patriarca dice: “Después que el Espíritu Santo hizo de parte de Dios la entrega de Jesús a María y José, fue exigido el acto más perfecto de obediencia, que obra al instante.

Dice el evangelista: “Luego que partieron (los Reyes Magos) un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, donde permanecerás, hasta que yo te avise”…

No hubo contradicción a lo que le fue solicitado, tampoco dio excusa o murmuró, no pidió explicaciones como se acostumbra en la gente del mundo; José no se detuvo a  reflexionar: voy o no voy, tampoco sobre si podía posponer el viaje, José obedece al instante en lo más difícil, penoso y doloroso, como en lo gozoso.

Por ello, Nuestra Santa Madre Iglesia, celebra su ejemplar disposición y acatamiento al invocarlo en su letanía: “Protector diligente de Cristo, Jefe de la Sagrada Familia, Custodio purísimo de la Virgen y Padre nutricio del Hijo de Dios”…

Jesús siendo Hijo de Dios hecho hombre, se somete y obedece a la paternidad protectora de José su padre y a la maternidad dulce de María su madre, es el lazo espiritual de unidad familiar, desborda cada día dedicado a su obligación con Dios, bueno es preguntar a los padres de familia; ¿Los esposos y sus hijos, se asemejan en virtud a la enseñanza de la Sagrada Familia?

Repasando la situación que se vive, los padres se angustian viendo el alejamiento en los hijos de Dios, al que no tienen temor de ofender, al perder al respeto a sus padres, pierden de sí mismos su dignidad de Hijos de Dios, convirtiendo el hogar en una sociedad anónima.

El tiempo de este siglo, la humanidad se ha alejado del bien necesario de la espiritualidad, realidad que no debiera ser, dado que venimos por obra de Dios y a Él iremos, por lo que debiera existir el amor y respeto a sus padres y no la conducta rebelde e impulsiva de los hijos contra sus padres.

También, cuántos padres de familia, tanto padre como madre, abandonan a los hijos, olvidando que por su voluntad fueron ante Dios y aceptaron la obligación de amarse como esposos en las buenas y en las malas situaciones, compromiso que ambos conscientes echaron al cesto de la basura.

¿La consecuencia? Hijos perdidos en los avatares del mundo, sumidos y atados a la drogadicción, en actos de perversión inmoral, los padres atados a la vida de adulterio perdiendo autoridad para corregir los errores que viven los hijos y las corrientes de conducta que animalizan a viejos y jóvenes.

La relación familiar entre Jesús, María y José es ejemplo de armonía y santidad, virtud y perfección a imitar. José reconoce que Dios ha puesto bajo su responsabilidad a Jesús su Hijo, de ahí su diligencia en todo momento.

Dice Gerson: “Cada deseo de José, era obedecido por el Hijo y por la Madre, no como una súplica, sino como un mandato”, de donde entendemos, dice la obra “Glorias de San José”, que “Jesús, sujeto a José, de quien dependen todas las criaturas, que ha creado los cielos; Jesús que ha fabricado la aurora, formado el sol, ordenado las estrellas, que tiene por tarima de sus divinos pies a toda la tierra y que le sirven con estupor millares de ángeles y mucho más, pues ese Jesús está sujeto a José, y sin embargo, José manda a Jesús y Jesús obedece a José”…

Admirable paternidad de José. San Bernardo de Claraval profundiza: “Que Dios obedezca al hombre, es una humanidad sin ejemplo; pero que el hombre mande a Dios, es una excelencia sin segunda”…

Desde el nacimiento del Niño Jesús, María manifiesta el gozo que la resplandece como madre amorosa, que entrega con pasión su regazo, amparo, cobijo y refugio en confortar al pequeño en sus benditos brazos, su corazón en adelante será la morada donde reposará el Hijo de Dios, así Nuestra Madre manifiesta su entrañable disposición de ser “La esclava del Señor”…

Su maternal cuidado y abrigo es sin límite desde que el Espíritu Santo lo depositó en sus brazos, se cumple lo anunciado por el ángel del Señor que dijo a María: “Será Grande y será llamado el Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin”…

Prevalece en La Sagrada Familia la virtud de las virtudes: la caridad, lazo de unión entre Jesús con María y José, el ideal de la familia cristiana católica, es hacer de esta virtud la fuente que inspire a obtener los bienes, gracias y dones de Jesús, María y José, quienes nos enseñan que los bienes recibidos de los pastores, José los distribuyó entre los más necesitados de Belén.

Igual, con los tesoros entregados por los Reyes Magos, José los da a los más necesitados de Nazaret; en Egipto fue el mismo proceder, la Sagrada Familia sigue a José tanto en los bienes espirituales como los materiales.

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