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Esas Traviesas Neuronas XXV: Simbiosis Hombre-Máquina

Marcos Barraza Urquidi.- Para los puristas del siglo pasado era un absurdo decir que el cuerpo humano era una máquina y esgrimían una larga lista de argumentos.

El cuerpo es mucho más complejo que cualquier máquina, decían, pero lo interesante del caso es que el estudio del funcionamiento del cuerpo humano ha contribuido a fabricar mejores máquinas, lo cual resulta lógico, pero el movimiento no es en una sola dirección, el estudio de las máquinas ha contribuido a conocer mejor el funcionamiento del cuerpo humano.

En 1944 el genio de la Física Cuántica Erwin Schrödinger cambiaría la forma de estudio de la Biología al definir la vida como una danza de energía, entropía e información.

El siguiente gran salto en la simbiosis hombre-máquina vendría con la Inteligencia Artificial, en el cual se “copia” la forma de trabajo del cerebro para programar a las máquinas en las tareas que anteriormente desarrollaban los humanos.

Gracias a las máquinas hoy podemos observar el cerebro en funcionamiento y entender, hasta cierto punto, cómo trabaja. Y si me permiten vamos a darle un repaso:

Empecemos con la médula espinal e imaginémosla como un tubo por el que van miles de cables que trasmiten  impulsos desde el cerebro a todo el cuerpo y desde el cuerpo al cerebro.

Luego en la parte baja del cerebro está el tronco cerebral que regula funciones elementales como la respiración, presión arterial, deglución, niveles de vigilia y el ritmo respiratorio.

Aparece el cerebelo, una obra maestra de la complejidad, que está a cargo del equilibrio, la postura y en general la posición del cuerpo en el espacio, coordina los movimientos, posibilita las conductas (casi nada) y maneja los recuerdos automáticos instalados, no en balde tiene las neuronas más desarrolladas.

El mesencéfalo, del que casi nunca hablamos, es como el cerebro químico y se encarga de la regulación interna de las sustancias necesarias para los procesos químico biológicos, regula la conciencia, el sueño y el control  de la temperatura corporal; lo más importante es que ayuda a organizar la información que llega del mundo exterior con el mundo interior.

El tálamo es como una caja de conexiones que integra toda la información sensorial que llega del mundo exterior hacia diversas partes del cerebro que tienen que ver con el pensamiento consciente.

El hipocampo realiza una tarea fascinante, procesa las experiencia del momento con recuerdos emocionales asociados. ¿Qué te recuerda eso compadre? Siendo el responsable de nuestras reacciones al entorno y sobre todo del aprendizaje al comparar información del momento con información anterior. Otro de los trabajos de vital importancia es formar los recuerdos de largo plazo, esto es, almacena lo que es importante recordar, basado en las emociones.

La amígdala es compañera de escritorio del hipocampo y le ayuda a generar emociones primarias a partir de lo que se está viviendo o mejor dicho percibiendo, al compararlo con pensamientos internos, es la que le pone crema a los tacos, esto es, emoción a las experiencias y además una tarea muy importante: nos avisa cuando algo en el entorno es de vital importancia.

En la fila aparece el hipotálamo que regula químicamente al cuerpo y condiciones tales como la temperatura, niveles de azúcar en la sangre, niveles hormonales y algo muy importante, regula las reacciones emocionales, así que si su mujer le grita mucho es culpa del hipotálamo.

Aparece otro empleado del hipotálamo, la pituitaria, que recibe órdenes de su jefe para enviar hormonas a la corriente sanguínea y activar las diferentes glándulas, tejido y órganos del cuerpo.

Luego viene la legendaria, mítica y religiosa glándula pineal, a la que los biólogos solamente la asocian con la regulación del sueño, la procreación y el apareamiento, que no es cosa menor.

El cuerpo calloso es una lámina de fibras con millones de conexiones entre el cerebro intuitivo y el racional, esto es, conecta los dos hemisferios cerebrales para que puedan platicar.

Y finalmente, la estrella del cerebro y última en aparecer en la evolución: la corteza cerebral. Ahí está la percepción consciente, ahí se desarrollan nuestras funciones más sofisticadas como la memoria, el aprendizaje, la invención, la creatividad y la más importante: la conducta voluntaria.

La naturaleza, a través de millones de años, ha mejorado y adaptado al cambio todas estas partes para que hoy podamos ser lo que somos y el estudio de esta maravilla nos permite generar mejores máquinas, pero también nos está permitiendo diseñar mejores conductas personales y sociales.

De entrada está formando un hexágono cognitivo al unir la Filosofía con la Sicología, la Lingüística, la Arqueología, la Inteligencia Artificial y la Neurociencia. Algunos piensan que es el inicio de la gran unificación de las ciencias exactas con las no exactas que se tendrá que dar algún día.