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Alejandro Magno en Chihuahua

Guillermo Chávez.- La sumisión de la ciencia a los intereses utilitaristas del hombre actual y la perversión del pensamiento convertido en arma de dominio social, obligan, inevitablemente, a buscar en las sociedades occidentales del pasado, sometidas a la hegemonía de la reflexión y al razonamiento, la explicación fundada al voluble desorden de la sociedad contemporánea.

Ese caprichoso desorden, resumido a la sociedad chihuahuense, es generado por el Gobierno del Estado. Lamentablemente abundan generosamente los ejemplos: La persecución selectiva, por ende de mala fe, de los delitos por la Fiscalía General; la expansión de la violencia de grupos organizados agrediendo a la sociedad; la propagación vertiginosa y sin límites de la inseguridad en las relaciones de convivencia individual; la institucionalización del argumento de culpar a la anterior administración estatal de la propia incapacidad; el sospechoso y constante abandono del gobernador al cumplimiento de sus obligaciones constitucionales; la nula inversión en infraestructura; el clima hostil hacia el ejercicio de la libertad de expresión; entre otros excesos e incapacidades en el ejercicio del poder público ajeno a los aciertos.

Con el objeto de tener la certeza en el conocimiento de los factores que generaron esta anarquía arbitraria que hoy domina a los chihuahuenses, es menester evocar un fragmento del extraordinario pensamiento de ese genial hombre con dimensiones universales de la antigua Grecia: Diógenes de Sinope.

Entre otras interesantes anécdotas, la historia conserva y describe que en una ocasión Diógenes, recostado a un lado de la tinaja en que moraba, estaba disfrutando del sol; en esos momentos pasó Alejandro Magno, quien viajaba rumbo a la India, dirigiéndole la palabra a Diógenes, palabras más palabras menos, le dijo:

Alejandro Magno: Diógenes, pide algo que pueda hacer por ti y te lo puedo conceder. ¿Qué puedo hacer por ti?

Diógenes respondió: Muévete hacia un lado, porque me estás tapando los rayos del sol. Eso es todo lo que te pido, no necesito nada más.

Alejandro Magno dijo en alto: Si tengo una nueva oportunidad de regresar a la tierra, le pediré a Dios que no me envíe de nuevo como Alejandro Magno, sino que me envíe como Diógenes.

Diógenes se rió a carcajadas y respondió: Pero ¿qué te evita ser ahora Diógenes? ¿A dónde te diriges?

Alejandro Magno dijo: Viajo a la India a conquistar todo el mundo.

¿Y después de conquistar el mundo qué harás?, inquirió Diógenes.

Respondiendo Alejandro Magno: Después, descansaré.

Diógenes nuevamente se rió y dijo: Estás loco Alejandro Magno. Yo descanso en este momento; jamás he conquistado el mundo y no justifico la necesidad de dominarlo. Si después de tu conquista quieres descansar y relajarte, ¿por qué no lo haces hoy? Estimo que si no descansas ahora, nunca lo harás. De seguro morirás. Todo individuo muere en medio del intento, muere en el viaje.

De la interpretación de este pensamiento es determinante decir que Diógenes personifica la firmeza y solidez de los actos que el individuo realiza conforme a sus capacidades naturales y Alejandro Magno representa la debilidad de las acciones del hombre cuando las efectúa en oposición con la esencia de sus facultades naturales.

En analogía: Los actos administrativos y de gobierno del gobernador Corral están interpretados por la actitud de Alejandro Magno que demuestra la intención de conquistar el mundo; el gobernador promete a la sociedad chihuahuense lo que está fuera de su capacidad política; refleja así su desconocimiento de los límites y términos de la figura jurídica de gobernador.

El gobernador, lo digo con absoluto respeto por tratarse de su persona, evidencia desconocer su propia capacidad para gobernar, reflejando, en consecuencia, incapacidad y protagonismo.

A modo de conclusión: Las acciones de Diógenes correspondían con perfección a sus capacidades, cimentaban su firmeza y solidez. Al contrario, los actos de Alejandro Magno, que se ejercitaban fuera o en contra del ámbito de sus facultades personales, eran débiles y estériles. En analogía con los actos de administración y gobierno de Javier Corral, éstos, al igual que los actos conquistadores de Alejandro Magno, se caracterizan por la debilidad y fragilidad.

La ambición sin límites de Alejandro Magno vive hoy en Javier Corral y los funcionarios de su gobierno; Chihuahua carece de la solidez de la justa solución a las necesidades que plantea Diógenes.

Es cuánto. ¡Un abrazo fraterno!

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