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Ricardo Ozaeta (Primera Parte)

Walter Schaefer.- Cierto es que los primeros años definen la esencia de nuestra vida, aunque -como lo he expresado en incontables ocasiones- el artista nace. Siendo tan solo un infante de cinco años de edad descubrió la colección musical de su padre, y acompañaba con su incipiente voz la ecléctica música. Esa diversidad le ha marcado hasta el día de hoy.

Amante de la música, la poesía y los bailables típicos, era por tanto requerido en los constantes festejos familiares.

Al ingreso a la educación primaria, su presencia era infaltable en todo festival escolar. La vida le había compensado desde el inicio: el placer de acompañar en forma virtual a los ídolos del momento, luego el aplauso, seguido del paulatino reconocimiento al talento en exámenes musicales de oposición, digámoslo así.

En su natal Parral -cuna de hombres célebres-, recordamos a Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda; Humberto Mariles, medallista olímpico en equitación; Pedro Alvarado, aquel potentado que ofreció personalmente al General Porfirio Díaz liquidar de su fortuna ¡la deuda nacional!; al comediante Gilberto Gless, a la heroína Elisa Griensen y aun cuando no nativa, la residencia temporal de la bailarina clásica Nelly Campobello.

Ricardo se integró al grupo musical de la institución de estudios secundarios. La poesía y el canto habían acentuado sus dotes de memorización, y su primera guitarra -sencilla en precio y calidad- le confería ya el estatus de “veterano” a sus doce años de edad.

Gran observador, el infantil grupo musical acrecentó su aprendizaje del medio: compaginar temperamentos y gustos,  transmitir emociones y analizar las reacciones del público.

Siempre en vidas paralelas entre el estudio y el arte, su ingreso al bachillerato fue acompañado -cómo no- por la solicitud de ingreso a la rondalla. La suerte le acompañó, ya que se requerían nuevos elementos de guitarra y voz.

Catorce audicionaron ante el director musical, dos fueron elegidos, Ricardo entre ellos. Tras unos meses se convocó al Certamen Estatal de Rondallas. Nuestro artista mereció el sitio de veinticuatro elegidos entre cincuenta integrantes. Participó los tres años consecutivos del ciclo escolar obteniendo la agrupación el cuarto, sexto y finalmente el primer sitio en el año 2007.

Transcurrido ya el umbral de la adolescencia era el momento de hacer rentable financieramente su pasión. La familia no había concedido ni el aval espiritual ni económico para el traslado al Conservatorio de Música con el argumento que todo artista en ciernes -de cualquier expresión- ha soportado por generaciones: no podrás vivir de ello.

Hombre de convicción firme no se arredró: a fin de cuentas la música sería siempre parte de su historia. Un tanto por complacer a los padres y otro por la seguridad de un empleo garantizado y permanente, se decidió por la docencia, matriculándose en la Normal Experimental Miguel Hidalgo.

La mayoría de edad le permitió ya negociar acuerdos, por lo que se dio a la tarea de recorrer bares y restaurantes ofreciendo su arte. La mezcla de talento, perseverancia y calidad le abrió las puertas con su Grupo Dehavu.

Disciplinado en el ahorro, lo orientó a lo que en el momento era esencial: su instrumento de trabajo. De aquella primera guitarra de cientos de pesos escaló paulatinamente hasta la Godin Grand Concert que hoy le acompaña.

Walter Schaefer. Ciudad Juárez, México 1957. Abogado y coleccionista de arte. Columnista Periódico HOY. Colaborador revista de circulación internacional Archipiélago. Autor de los libros “Puente sobre el Abismo”, “Dante, una Mirada a Otro Mundo” y “La fuerza de la Unión”.