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El ejemplo comienza en casa

German Gez.- Una de las quejas más continuas de todos los mexicanos tiene que ver con la corrupción. Que tenemos gobernantes corruptos, que los que tienen dinero no pagan impuestos, que nuestros senadores y diputados se quedan con el dinero del erario, que los tránsitos andan por las calles pidiendo la famosa mordida…

También, a gritos, pedimos todos que esperamos que nuestros futuros gobernantes sean gentes honestas, que se preocupen por el bienestar de los ciudadanos del común, que roben menos y trabajen más.

Sin embargo, cuando se escuchan estos clamores ciudadanos, vale la pena preguntarnos: ¿qué hacemos nosotros mismos para acabar con la corrupción? Porque, la verdad, como han dicho en numerosas ocasiones, combatir la corrupción no es algo que se pueda dar de la noche a la mañana y, mucho menos, algo que se dé de arriba hacia abajo.

Es decir, nosotros mismos, ciudadanos de este México Lindo y Querido, somos quienes tenemos que hacer todo lo posible por combatir la corrupción. ¿Cómo? Se preguntarán mucho, pero las maneras de hacerlo son más sencillas de lo que pueden parecer.

Para empezar, tenemos que educar a nuestros hijos con el ejemplo de la honestidad. Recientemente recibí un video en el cual una mujer se encuentra pagando la cuenta en el supermercado y por descuido, un billete cae de su cartera. Cuando el niño que está junto a ella quiere tomar el billete para entregárselo, la mamá del niño le hace señas para que no lo haga y ella se lo queda.

Ese es un primer ejemplo de deshonestidad que el niño recibe y asimila como conducta normal y empieza a hacerla parte de su propia vida… Por eso, años después, es un ciudadano corrupto y deshonesto.

Cuántas veces estamos haciendo fila en un banco o en una oficina pública y no falta que llegue alguien que quiere ser atendido primero porque “está en su horario de comida y no tiene mucho tiempo”. Se le olvida que, tal vez, muchos de los que están en la fila se encuentran en la misma situación y aún así tienen que esperar su turno para ser atendidos.

Con mucha frecuencia, se hace más fácil  ofrecer la “mordida” al tránsito en lugar de recibir la infracción porque “luego tenemos que pagar más y no tenemos tiempo para ir a perderlo haciendo filas en las oficinas de tránsito”.

Si el semáforo está en rojo y nadie viene por la otra calle, nos lo pasamos porque siempre llevamos prisa y necesitamos llegar…

Conductas de este tipo demuestran un valor que nuestra cultura elogia mucho. Aquel que puede evitar la fila se le considera el más listo, de la misma manera que aquel que roba es elogiado y hasta se llega a decir que “vergüenza no es robar sino que lo cachen robando”.

Deberíamos detenernos un poco y pensar que con esas conductas, estamos criando hijos deshonestos y las sendas de nuestro país seguirán por el mismo camino que tantos dolores de cabeza nos causa.

Desde niños debemos enseñarles el valor de la honestidad, el respetar al tiempo y las condiciones de los demás. Si empezamos hoy, tal vez podamos tener un mejor mañana y nuestro país volverá a ser esa nación grande que fue en el pasado y que todos, absolutamente todos, queremos que sea de nuevo.

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