Clear

19°C

Clear

Clima:

Bienes mostrencos

Daniel Valles.- En los estados de la república donde los sismos del 7 y 19 de septiembre no se sintieron, la vida ha retornado a la normalidad. De hecho, las colectas que se levantaron de inmediato en los diferentes centros de acopio cesaron la semana pasada o están dándolas por terminadas en ésta.

Como es el caso del gobierno de Baja California que apenas el lunes 9 dio por terminado el acopio. Donde la Universidad Autónoma de Baja California reunió 90 toneladas de productos de todo tipo que enviaron a los lugares siniestrados. No así en los estados siniestrados.

Ahí la situación sigue siendo de emergencia, pero al mismo tiempo, ya se trata de otra cosa. De reconstruir, de recuperar, de rehacer. Morelos, Ciudad de México, Puebla, Chiapas y Oaxaca son los estados donde la emergencia pasó de serlo y se volvió urgencia. Donde la distribución de la ayuda ha sido lenta.

Evidente la falta de preparación de parte de autoridades y ciudadanía para una eventualidad así. Y se debe de estar en guardia y preparado siempre. Porque la amenaza es constante y real. Podría haber más sismos y de mayor intensidad. Aunque tardaran otros 32 o 132 años en suceder. Pero va a pasar. Eso es seguro. Hay muchas cosas para las cuales, los simulacros anuales no nos preparan.

Las pérdidas son totales en muchos casos. En 24 mil viviendas. Hay otros tantos damnificados en sus departamentos o casa habitación. 154 mil familias no tienen dónde vivir. Son 254 mil personas sin casa. Se dañó o está derruida o en mal estado, inhabitable. De acuerdo al Gobierno de la República.

Estas personas perdieron sus propiedades, sus recuerdos, su dinero, su ropa, sus papeles. Algunas cosas se recuperarán. Serán pocas. Otras se han perdido para siempre. Hay que vivir con eso, hay que digerirlo.

¿Cómo se prepara un gobierno -el que sea- para ello? Tal vez en otro país puedan, no en México. Aquí no pasa nada, hasta que pasa. Y entonces tenemos muchos más problemas.

Después de casi un mes transcurrido el sismo hay quienes ya digirieron la pérdida y otros nunca lo harán. Existen quienes han superado el trago amargo pero ahora tienen otra situación casi igual de difícil que enfrentar.

La desorganización general de quienes están tratando de ayudarles, de la burocracia que se ha generado y a la que se enfrentan, la que les impide saber de sus heridos o muertos, recuperar sus cosas rápidamente o saber el paradero de lo que se haya encontrado en los edificios que se derrumbaron y que ahora se considera bienes mostrencos.

En Derecho, los bienes mostrencos son todos aquellos bienes, muebles que se encuentran perdidos, abandonados o deshabitados y sin saberse su dueño. Los bienes mostrencos al estar vacantes y carentes de dueño son susceptibles de adquisición por ocupación.

No obstante, esta regla general que resulta de fácil aplicación tratándose de bienes muebles o semovientes, requiere ciertas matizaciones cuando se trata de inmuebles, pues en estos casos, los inmuebles deshabitados, abandonados o sin dueño conocido se adjudicarán al Estado. (Fuente: Wikipedia).

Hay personas en la Ciudad de México que se han topado con sus cosas de manera fortuita. Por ejemplo, el caso del señor André Hugot, que  encontró a un marino que hacía anotaciones en una libreta que le resultó familiar.

“Disculpa ¿Dónde la encontraste? Porque es mía”. Desconfiado, el marino retó a André a demostrarlo. “Revisa la hoja de portada porque trae una dedicatoria de mi esposa”. Cuando el marino comprobó su dicho quiso devolvérsela. “No, quédatela. Solo quiero que me digas dónde la encontraste porque seguramente allí hay más cosas mías”. (Erika Flores, El Universal, 10/10/17).

Debido a esta “casualidad”, el señor Hugot, junto con su esposa, supieron de diferentes lugares donde han llevado dinero, joyas, colecciones de monedas, libros, de la gente que vivía en el edificio donde ellos lo hacían, para que sean almacenados. Son bienes mostrencos que la ley permite que por encontrarse en los escombros se levanten y sean susceptibles de adquisición.

Habrá gente que no tendrá la fortuna de ver a un marino escribir sobre una libreta que les perteneció y no volverán a ver cosa alguna de sus pertenencias.

La gente se ha enterado de estos “almacenes” y depósitos y anda de un lado para el otro buscando sus cosas. A que alguien le dé razón. Y se topan con procedimientos lentos, tardados y hasta sinsentido.

Levanten una denuncia y describan los objetos que buscan, les han pedido. Pero, ¿de qué forma va una persona que ha perdido todo a preguntar por si tienen su “todo” que han perdido y luego a describirlo? Es algo imposible.

La burocracia que han levantado las autoridades, por más buena voluntad que digan que tienen, está provocando enojo en las personas que sufrieron la pérdida. Que es lo menos. No les facilitan las cosas sino todo lo contrario. Además es la causa de que aparezca el fenómeno execrable de la corrupción, que es por el que muchos damnificados están aquí. ¿Por qué?

Porque si el edificio donde vivían se cayó, lo hizo porque estaba mal construido, no por el sismo mismo. Porque hubo gente corrupta en la constructora que edificó y también en la delegación que autorizó los trabajos y no los supervisó después. Porque nunca hizo una inspección decente que pudo haber evitado la pérdida de la vida o del inmueble. De las cosas de la gente.

“Elizabeth Blumenkron y Mauricio Millard lamentan el descontrol de los gobiernos delegacional y capitalino que no supieron concentrar en un punto la información relacionada con su edificio: víctimas, hospitalizadas, muertos, recuperación de pertenencias, devolución, etcétera. Porque además de que perdimos todo, nos sentimos perdidos, sin rumbo, desesperados”. (Erika Flores, El Universal, 10/10/17).

Es el cuento que no tiene final. De nunca acabar. Como lo saben los damnificados del sismo de 1985. Ahí El Meollo del Asunto.

Twitter: @elmeoyodlasunto

Correo-e: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Red: www.danielvallesperiodista.com