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Sueños Separatistas: Los catalanes

Raúl Ruiz.- Las luchas por la independencia nunca fueron tersas, de hecho siempre fueron sangrientas.

Los países como ahora los conocemos, guardan su hegemonía bajo el mandato de sus propias leyes, pero más que nada, controlan su dominio a través de la fuerza pública.

Es prácticamente imposible que una región pueda separarse del imperio de un Estado, la fuerza política y económica de un país está garantizada por la unidad de sus regiones, de sus estados, de sus comunidades más pequeñas.

Una nación tiene muchas vértebras que atan a sus coterráneos. Hilos imperceptibles que sujetan la consistencia de un territorio al que llamamos… PATRIA.

Pero llegan momentos en que una porción de paisanos, son presas de la suficiencia y la altivez. Consideran que no es equitativo el trato que reciben de sus gobiernos centrales y tienen sueños separatistas.

Sopesan su fuerza económica, su competitividad y otros valores que los destacan sobre sus compatriotas, y es cuando la arrogancia los envuelve. Y sus ensoñaciones muchas veces llegan a convertirse en pasión desmedida.

La región fronteriza de México es muy susceptible de estas manifestaciones localistas, tanto en la frontera norte como en la frontera sur.

Tijuana, en el norte; la región del soconusco chiapaneco, en el sur, ya han sufrido sus respectivos reveses por llevar más allá de su ensoñación la locura de ser un “país independiente”

Hoy, con la intentona catalana, las fantasías que se tejen en los cafés de Ciudad Juárez, Sonora o Villahermosa cobran nuevos bríos, pero no pasarán de ser eso, solo sueños.

Las independencias más recientes como la de Eslovenia y Croacia en 1991 se obtuvieron a base de imaginación política, apoyo ciudadano y su cuota de sangre, los mexicanos de hoy, no tenemos cohesión de ninguna especie.

Solo nos sentimos unidos en la desgracia. Como el caso de los terremotos. Fuera de ahí, no logramos tener acuerdos significativos. Mucho menos fuerza, inteligencia y decisión para construir una nación independiente.

Los catalanes

Cataluña es una comunidad autónoma española situada en el noreste de la península Ibérica. Ocupa un territorio de unos 32,000 km² que limita al norte con Francia y Andorra, al este con el mar Mediterráneo a lo largo de una franja marítima de unos 580 kilómetros, al sur con la Comunidad Valenciana y al oeste con Aragón. Esta situación estratégica ha favorecido una relación muy intensa con los territorios de la cuenca mediterránea y con la Europa continental.

Cataluña está formada por las provincias de Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona. Su capital es la ciudad de Barcelona. Los catalanes tienen todo para ser un país altamente competitivo.

Los bancos son los principales soportes financieros, no solo de Cataluña, sino de España toda. Tienen una de las universidades más competitivas del mundo, uno de los equipos de futbol más exitosos y taquilleros y cientos de cosas más que los hacen especiales.

¿Por qué tenemos que rendir cuentas a un Rey y a un presidente que no nos ponderan como es nuestro señorío?

Y recientemente salieron a la calle a pronunciarse a favor de la independencia y el rompimiento con el gobierno español.

La noticia ya la conocen. El referéndum triunfó, pero no con muchos seguidores, de hecho apenas un poco más de la mitad de la población catalana. Los otros, “los callados”, salieron después a oponerse a este intento de separación.

El resultado fue que el presidente de la Generalitat catalana, Charles Puigdemont, declarara una independencia “a plazos”. Como lo hiciera un día el pueblo esloveno.

Esto, luego de que el presidente Mariano Rajoy haya pronunciado que estaba a punto de activar el artículo 155 de la Constitución.

¿De qué haba el art. 155? El 155 permite al Gobierno de controlar las finanzas de la Generalitat, a dar órdenes o tomar el control de conselleries, la destitución de cargos o la disolución del Parlament. Y suprimir o suspender la autonomía.

El artículo 155 de la Constitución estuvo siempre sobre la mesa del Gobierno español como mecanismo de respuesta ante una posible declaración de independencia en el Parlament.

El artículo es sencillo en su redacción pero de delicada aplicación. No en vano, nunca un Gobierno en 40 años se había ni siquiera planteado emplearlo, por lo que nunca se ha desarrollado en una ley. Supone pues una medida de carácter excepcional y que implica el control político de las comunidades autónomas por parte del Estado.

El texto prevé que el Gobierno pueda adoptar “las medidas necesarias” para “obligar” a una Comunidad Autónoma el “cumplimiento forzoso” de sus “obligaciones” que la Constitución u otras leyes le “imponen” o, si fuera el caso, la “protección” del “interés general”. Los supuestos en los que puede hacerlo son, obviamente, que dicha comunidad haya incumplido la Constitución o haya atentado gravemente contra el interés general.

Todo parece indicar que no será en breve que los catalanes obtengan su independencia. Dejarán reposar un poco la intención y contraatacarán en un año o dos más adelante.

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