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Disciplina contra la violencia

Daniel Valles.- Uno de los más importantes generadores de violencia en la sociedad es la distribución inadecuada de la riqueza. Para bien distribuirla, primero tiene que haber riqueza que distribuir. Alguien la tiene que hacer y estar dispuesto a distribuirla.

Se ha de contar con la garantía o seguridad que no se la van a arrebatar por el gobierno en un ardid político o devaluatorio. Por imposición arbitraria de impuesto alguno. El gobierno tiene que ser garante de lo anterior, así como de la seguridad pública.

Los índices de robo y crimen tienen que ser bajos. La inseguridad imperceptible. Con ello la mala distribución de la riqueza tiende a eliminarse. Igual la separación entre ricos y pobres. Lo que provoca una menor incidencia de violencia en la sociedad.

Singapur, nación que hace 50 años era más corrupta y pobre que México, ha logrado en ese tiempo disminuir esa separación. No por quitarle a los ricos para darle a los pobres. Tampoco por cobrarles más a los que más tienen, lo que quisiera hacer la Izquierda mexicana, sino permitiendo que los que tienen, hagan más.

Generando mejores oportunidades para que los del capital hagan más y mejoren las condiciones de quienes trabajan, ofreciendo mejores salarios y con una mejor condición para trabajadores y empresas. Ah, además por un punto muy importante: El combate irrestricto a la corrupción oficial, tanto en el gobierno como en las empresas y en todos los sectores de la población.

Singapur pudo cambiar su entorno económico y social. Les tomó 50 años pero lo hicieron. En México hemos iniciado con el programa “Avanza Sin Tranza” en 2014 y otros esfuerzos particulares y oficiales también están luchando por lograr controlar la corrupción, que es todo lo que se puede hacer.

El pasado mes de agosto, en un acto en el Senado de la República, Miguel del Castillo, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), señaló que entre 125,000 y 220,000 personas tienen la mayor parte de los activos físicos —autos, casas y otros bienes— y financieros —dinero e inversiones—, mientras que más de 50% de los mexicanos vive con carencias alimentarias (Expansión, Ariadna Ortega, 14 de agosto 2017). Dato duro que muestra la desigualdad extrema que vivimos en el país. Esto genera violencia, que es producto de corrupción.

La violencia se aprende. Es producto de factores sociales y morales que a través del tiempo se vuelven tan volátiles como la economía moderna.

Las economías en nuestros días se caracterizan por ser así, volátiles. Ante cualquier rumor están en peligro de volar por los aires.

Bonos y acciones son inseguras. Provocan nerviosismo en los mercados. El crédito es alto y los “ajustes” a los precios son constantes. Lo que es más, con la perspectiva de crecimiento de tan solo el 1.9% para 2017, de acuerdo a Standar and Poor’s, el crecimiento en México sería apenas del 2.4%, pero hasta 2019.

El crecimiento del crédito, agrega, podría aumentar al 10.5% en 2018, dependiendo del resultado de las elecciones del junio próximo.

La economía a la baja y la violencia a la alza son signos inequívocos de una cultura que decae, como en la que actualmente vivimos. Además van a la punta de los factores que determinan la explosión de la inseguridad que se vive en la sociedad. La anarquía es el tercero y la inmoralidad el cuarto.

Vamos de lo legal, a lo inmoral; de lo ilegal, a la indulgencia, de ahí a la violencia. Esos cambios de fases se dan sin que nos demos cuenta. El factor teleológico está presente, aunque no es reconocible por la gran mayoría de las personas.

Los cambios que se dan, suceden y no se sabe el resultado final. Lo peor, nadie se hace responsable de ello. Entones solo se dan y así se emprende lo que se conoce como el lento camino hacia Gomorra

Para que los índices de la violencia bajen, como para que los de la economía suban, para que las manifestaciones de intolerancia o de inconformidad sean detenidos y que los factores que les hacen ser volátiles y crecientes necesitan de un ingrediente: disciplina.

Todas las lecciones de la historia nos indican que la pérdida de la disciplina económica destruye a las naciones y a las personas porque generan corrupción y ésta, violencia.

Hoy, la mayoría de las personas (y lo grave es que los jóvenes en general) creen que para hacerse de un capital no es necesaria la disciplina y el trabajo, sino el oportunismo y la astucia. Así me lo indican las encuestas que he levantado por todo el país.

La disciplina es un factor importante para revertir ambos indicadores: el descenso de la economía y el ascenso de la violencia. Pero, ¿por qué la gente se indisciplina?

Ser condescendiente lleva a la inmoralidad, luego a la ilegalidad y ambas a la violencia. Después llega la anarquía, la que es irreversible una vez se adhiere a una sociedad. Y cada vez vemos más de ella por aquí y por allá.

Ningún tipo de disciplina es agradable. Pero la disciplina es parte de la solución para los problemas mencionados. ¿Por qué? Porque forma hábitos y también forma carácter en quienes la practican. Se torna agradable para quien logra disciplinarse. Por desgracia solamente lo logran verdaderos hombres y verdaderas mujeres, que somos la minoría.

Es cierto, un hecho y casi podría decir una ley, que la disciplina forma verdaderos hombres y verdaderas mujeres. Y es que tanto hombres como mujeres que se disciplinan a sí mismos, toman responsabilidad por sus actos y el producto de ellos. Viven estratégicamente. Emplean el tiempo de la mejor forma. Es decir, no lo pierden en nimiedades, se autogobiernan.

Por lo mismo son personas que contribuirán al freno de la indisciplina económica y la inseguridad pública que tenemos. Controlarán la corrupción y frenarán la violencia en todas sus formas, especialmente en la familia, que es de donde sale todo lo bueno y lo malo que tenemos en la sociedad. Por eso ahí está El Meollo del Asunto.

Twitter: @elmeoyodlasunto

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En la red: www.danielvallesperiodista.com