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José Luis Cuevas Novelo (1934-2017) Segunda y Última Parte

Walter Schaefer.- Amante de leer a los clásicos y con la disyuntiva en sus inicios de ser dibujante o escritor se decidió por lo primero, mas jamás abandonó su vena literaria. Intervino en cuatro libros: Confesiones de José Luis Cuevas, Cuevas por Cuevas, Cuevas contra Cuevas, así como Cartas a Bertha…

En su exhibición Cartas y Dibujos en el año 2006 en el Museo de la Ex-Aduana (hoy Muref), tras la inauguración oficial el público no se decidía a acercarse al artista, posiblemente temiendo al rechazo.

Me decidí a abordarlo solicitando su firma en el libro “Confesiones de José Luis Cuevas”, escrito por Alaide Foppa en 1965. Advertí su sorpresa al tomar el libro. Comenté haber disfrutado enormemente su lectura ya que mostraba un Cuevas vulnerable y de extraordinaria brillantez intelectual. Me respondió con cierta nostalgia, creo yo, que la escritora ya había fallecido.

Había entregado yo al artista un plumón negro adecuado para estampar autógrafos y al intentar regresármelo solo comenté: “consérvelo… Lo necesitará”. No bien hube dicho esas palabras cuando ya se encontraba tras de mí una columna de admiradores que se antojaba interminable.

Interesado por su comentario me decidí a conocer más sobre la autora: nacida en Barcelona, residió en Guatemala, luego decidió exiliarse, ya que tanto ella como su familia eran conocidos opositores al régimen. En cierta ocasión decidió regresar a su país adoptivo, solo para ser secuestrada y desaparecida. Una de las salas del Museo Cuevas lleva su nombre.

Mi primer contacto con Cuevas -que finalmente no fue tal- ocurrió al acudir como enviado especial de prensa a la Primera Muestra de Arte Chihuahuense al Distrito Federal, iniciativa del Doctor Cortázar y el propio artista.

El evento atrajo gran cantidad de chihuahuenses radicados en la capital del país, entre ellos el musicólogo Jaime Almeida. Lo único que ensombreció esa noche fue la ausencia del propio artista, dedicado a atender a su esposa Bertha Riestra, ya en la última fase de vida.

Durante años Cuevas ya intentaba encontrar, en compañía de varios intelectuales como Homero Aridjis y Octavio Paz, un sitio idóneo para la creación del museo que preservara obra propia y de colección.

Finalmente decidieron por el antiguo Convento de Santa Inés, por ese entonces convertido en vecindad y prácticamente derruido. Con el apoyo de dos sucesivos presidentes de la Republica, Miguel De la Madrid y Carlos Salinas de Gortari se concluyó la edificación, la cual fue inaugurada el 8 de julio de 1992.

Y ¿cómo no?, la vida del polémico e irreverente Cuevas concluiría en un drama familiar. Al fallecimiento de Bertha Riestra, la cual, según todos sus allegados, supo comprender el complejo mundo interior del intelectual y brindarle una vida plena, sucedió lo que tanto nos ocurre incluso a los simples mortales: intentamos una relación con una mujer a la que sobrepasamos en décadas de vida.

¿Qué tanto fue una situación premeditada? Ya Carmen en sus últimos días había advertido a sus hijas: “su padre no sabe estar solo, será totalmente vulnerable, buscará de inmediato otra mujer y quién sabe qué encuentre…”

Por su parte, Beatriz del Carmen Bazán, quien sostenía una relación con el artista, fue expulsada del hogar por el esposo de ésta tras descubrir la situación. ¿La solución? Acudir de inmediato a la residencia de Cuevas diciendo que ya no tenía hogar… Solo había salido con lo puesto. Cuevas la aceptó al momento.

Tres años después de la muerte de Bertha contrajeron matrimonio y la nueva cónyuge fue nombrada directora del Museo, cargo que había ostentado la anterior hasta el último día que le fue posible.

Su primera acción fue llamar a las hijas Ximena, María José y Mariana a fin de hacerles entrega de la urna con las cenizas de su madre. No la quería en ese sitio ni en espíritu.

A ello siguieron años de distanciamiento gradual hasta el rompimiento total en 2013, ya que Cuevas había sido internado de emergencia, entre otras cosas por deshidratación y desnutrición lo cual, para las hijas, era prueba contundente de desatención, incluso se interpuso una demanda penal.

Tras varias semanas de internamiento y una confrontación incluso con su propio hermano, cuyo conocimiento médico le permitía concluir que Cuevas era erróneamente medicado en su hogar anterior a la crisis, el artista apareció en conferencia de prensa con su esposa, su médico y abogada, sitio al que arribó abruptamente una de sus hijas, ante el asombro del padre que había prohibido la entrada a cualquiera de ellas.

La mujer intentó reconciliarse públicamente y el artista ni tan siquiera se dignó mirarla: se encontraba mortalmente ofendido por el hecho de que, en la demanda legal sus hijas habían alegado incapacidad física y mental de Cuevas, lo cual le hirio profundamente.

El artista no se guardó decir que las consideraba codiciosas e interesadas en su fortuna, agregando que las había heredado en vida con obra y propiedades, ya eran mayores de edad y algunas tenían negocios propios o habían contraído matrimonio, por lo que nada ya requerían de él.

Muchos, como su antiguo amigo Homero Aridjis, manifestó que Cuevas prácticamente fue secuestrado los últimos años de su vida e incluso sugirió un fallecimiento no natural. No debemos olvidar -considero yo- la edad del artista y el hecho de padecer cáncer. Incluso en el sepelio la esposa en la funeraria entregó un listado de quienes tenían prohibida la entrada. Por supuesto: sus hijas.

Cierta ocasión en una de las eternas confrontaciones Beatriz del Carmen, al regresar las cenizas de Bertha había anticipado a las hijas: “su padre y yo estaremos juntos eternamente al morir”.

Por lo pronto, eso no será ya posible, ya que los dos grandes amantes reposan juntos en la Catedral Metropolitana… A menos que una tercera urna se les una con el tiempo…

A fin de concluir agradablemente el texto, narraré otra anécdota que escuché personalmente del propio Maestro: ya en edad madura había decidido lucir una cerrada barba, blanca por lo demás. Caminaba por las calles de su zona cuando una mujer mayor, acompañada de una joven, cruzó su camino.

La mujer, asombrada, le expresó su fortuna de encontrarse con uno de los célebres intelectuales de México. “¡¡Maestro!!, nunca creí llegar a conocerlo, y menos así…”

Cuevas, halagado, tomó el lápiz y papel que le ofrecían para estampar el autógrafo. Ya iniciaba cuando la dama, volviéndose a su acompañante expresó con total orgullo: “¡¡Hija… te presento a Octavio Paz!!”

Walter Schaefer. Ciudad Juárez, México 1957. Abogado y coleccionista de arte. Columnista Periódico HOY. Colaborador revista de circulación internacional Archipiélago. Autor de los libros “Puente sobre el Abismo”, “Dante, una Mirada a Otro Mundo” y “La fuerza de la Unión”.