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Historias en Papel

Juan Carlos Castellanos C.- “Kanada” de Juan Gómez Bárcena. Esta entrega del famoso autor comienza donde la mayoría de las novelas de la Segunda Guerra Mundial terminan: Con el fin del conflicto. Porque en 1945 se interrumpen las matanzas, pero se inicia otra tragedia que ha suscitado menos literatura: El difícil regreso a casa de millones de supervivientes.

El protagonista de “Kanada” lo perdió todo: Familia, propósitos, recuerdos. Solo le queda su antigua residencia, improvisado refugio en el que acaba encerrándose para protegerse de una amenaza indefinida. Rodeado de vecinos que parecen sus salvadores y carceleros, emprende entre las cuatro paredes de su cuarto un viaje que lo llevará bastante lejos.

Lo lleva hasta el oscuro país de “Kanada” de donde afirma proceder. ¿Qué hacer cuando las circunstancias nos empujan a realizar actos de los que nunca nos creímos capaces? ¿Cómo recobrar nuestra identidad cuando se nos ha arrebatado todo? ¿Es posible regresar a un mundo cuyas reglas han dejado de tener sentido? Esta es una óptica nueva al tema.

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“La letra escarlata”, de Nathaniel Hawthorne. Condenada por adulterio, Hester Prynne es expuesta a la humillación pública en la picota del pueblo con su hija Pearl en brazos. Todos la miran con reprobación, como si en ella pudieran descargar sus propias culpas, y miran también la letra “A”, pintada de un tono rojo tan intenso como el pecado cometido.

Esa letra la deberá portar para siempre como el distintivo de su maldecida deshonra. El doctor Chillingworth, otro personaje que juega un papel central en la historia, es un forastero que disfruta dando largos paseos por el bosque mientras recoge diversas plantas. Este doctor va a ser determinante en el nudo y en el desenlace de esta enorme narrativa.

Las selecciona cuidadosamente, buscando distintos tipos de plantas para poder preparar sus brebajes; otro protagonista es el reverendo Dimmesdale, un sacerdote ejemplar que, en virtud de sus sermones y su conducta intachable, es blanco y objeto del fervor de los pobladores del lugar. En las 832 páginas del libro, los tres conforman este singular.

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“La cámara sangrienta”, de Angela Carter, publicada originalmente en 1979, es una colección de 10 relatos explícitamente basados en cuentos de hadas, en especial, de Charles Perrault, pero también de Jeanne Marie Leprince de Beaumont, del folclore europeo, e incluso de la radionovela, con influencias de la narrativa del Marqués de Sade.

La autora se sentía impelida a escribir cuentos góticos, crueles, de terror, que tratan del imaginario del inconsciente. No se limitó a versionar cuentos de hadas desde una nueva perspectiva, sino que los recreó al extraer el contenido latente de los cuentos tradicionales y usarlo detonante de nuevas historias… y el contenido latente es violentamente sexual.

Así, estos relatos ahondan en temas de feminismo y metamorfosis, con énfasis especial en los roles de las mujeres en las relaciones, en los aspectos inmorales y perversos del matrimonio y el sexo, y en el equilibrio de poder en esas relaciones. Alejandra Acosta, la ilustradora, puso sus lápices al servicio de estas historias tan sorprendentes y necesarias.

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“Cómo funciona la música”, de David Byrne. El autor es sin duda uno de los músicos más talentosos e innovadores de los últimos tiempos. Además de ser el líder y motor de los legendarios Talking Heads, ha grabado música conjuntamente con gente como Brian Eno, Celia Cruz, Fatboy Slim, Arcade Fire y muchísimas estrellas internacionales más.

Este, su más reciente libro, conduce a sus fans tras bambalinas para conocer de primera mano cómo funciona la mente creativa musical de Byrne. El autor explica que la música está condicionada por el lugar y tiempo en que se crea y cómo la tecnología para grabarla cambió para siempre nuestra relación con la interpretación y escucha de la música.

Alternando en su papel de historiador, antropólogo y científico social musical, con la narración del viaje que lo llevó de ser un introvertido estudiante de arte a crear uno de los grupos más emblemáticos de los últimos tiempos, Byrne disecciona magistralmente ese extraño temblor inmaterial llamado música, con una prosa tan amena como inteligente.

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“Diarios de bicicleta”, de David Byrne. Sobre la importancia de la bicicleta en su vida, el autor dice: “Desde principios de los años 80, he usado la bicicleta como principal medio de transporte en Nueva York. Primero lo hice a modo de prueba y me sentí muy cómodo incluso en una ciudad tan grande y habitada por tanta gente como es Nueva York.

“Me dio una sensación de energía y libertad. Tenía una vieja bicicleta de tres velocidades, reliquia de mi infancia en las afueras de Baltimore y para Nueva York no necesitaba más. En aquellos tiempos, mi vida estaba más o menos restringida al centro de Manhatan y la bicicleta era una forma fácil de trasladarme de manera eficiente a bares o galerías de arte.

“Me quedé con la bicicleta, a pesar de su aura demodé y del peligro que entrañaba, ya que por entonces muy poca gente circulaba en bici por la ciudad. Los conductores de aquellos tiempos no estaban acostumbrados a compartir la vía con los ciclistas, y te cortaban el paso o te lanzaban contra los coches estacionados, incluso más que ahora”.