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Se busca Dios

Alejandro Cortés González-Báez.- Siendo niño contemplaba una escena tradicional que consistía en que, al pasar frente a una iglesia, los hombres se quitaban el sombrero y las mujeres se persignaban. ¿Podríamos concluir que esto se dejó de hacer, pues en la actualidad los hombres no usamos sombrero? ¿Qué significado tenía aquella sencilla manifestación de fe, la cual podría catalogarse como una pequeña ceremonia? Ahora pienso que manifestaba la actitud del hombre sabiéndose próximo a lo sobrenatural.

Según algunos, la religiosidad es una de las notas definitorias del hombre: Animal, racional, religioso. El hombre es religioso por su misma naturaleza. Aunque también hay ateos, como de hecho hay ciegos, mudos y cojos. El hombre exige la religiosidad, de la misma manera que exige el ver, el hablar, el caminar.  De los “animales” solo el hombre posee la capacidad de adoración y de la mística, y esto se debe a su racionalidad.

“El hombre no puede vivir sin arrodillarse… Si rechaza a Dios, se arrodilla ante un ídolo ya sea de madera, de oro, o simplemente imaginario… todos son idólatras, no ateos” (Dostoievski).

Muchos pueblos y personas concretas si no se han inclinado ante Dios, lo han hecho ante alguno de los muchos ídolos que ha ido entronizando, y destronando: “la razón” (Revolución Francesa); “la raza”  (Hitler); “la sociedad” (Marx); “el placer” (Freud), “los artistas” (los superficiales), etc.

Aparte de los motivos socioeconómicos, aquí radica una de las causas —tal vez la más honda— del desplome del comunismo soviético después de 72 años de dominio partidista. Por lo cual bien cabe una pregunta no poco importante: ¿Durante cuánto tiempo el neoliberalismo seguirá anestesiando la sensibilidad religiosa del hombre occidental?

La difusión de los nuevos movimientos religiosos es, sin duda, un fenómeno de reacción ante la debilitación del sentido religioso por parte de individuos que no encuentran el aliciente necesario en las religiones constituidas, multitudinarias, que no pueden llegar al contacto directo con gran parte de sus miembros y que, para colmo, a veces rompen la proyección hacia lo sobrenatural.

Nietzsche llegó a afirmar que: “Dios tuvo la delicadeza de crear al hombre a su imagen y semejanza y, con el paso del tiempo, el hombre le devolvió la gentileza creando a Dios a su imagen y semejanza”. Hoy todo mundo quiere un dios a su medida, al gusto, como en aquel supermercado religioso de la “New Age” donde cada quien se sirve lo que le gusta.

Recuerdo lo que me comentaba mi estimado amigo Noé Salinas en una ocasión; “¡Qué lógico, y qué hermoso es el misterio! pues, el hecho de que no podamos entender a Dios, es la consecuencia natural de saberlo infinitamente más grande que nosotros”.

La reducción del mensaje evangélico a una preocupación casi exclusiva por lo temporal no puede saciar el hambre de lo sagrado. En algunas religiones dicen saber todo acerca de Dios, como por ejemplo cuándo se acabará el mundo, cuántos se salvarán, etc. Personalmente no me resulta humillante saber que no lo sabemos todo.

www.padrealejandro.com