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Profundizar… ¿Para qué?: Periodismo de riesgo

Raúl Ruiz.- Qué interesante taller nos ofreció Lynne Walker, directora de Inquire First, por cuenta del Consulado Americano en Ciudad Juárez.

Dos días seguidos desmenuzando un tema central: ¿Cómo hacer un proyecto de investigación? Entendiendo por proyecto de investigación la tarea de realizar un reportaje a profundidad. Un gran chapuzón entre las técnicas para librar los bloqueos de tus fuentes y llegar a la verdad sobre el tema y sacarlo a la luz pública.

Tips sobre cómo construir una estrategia eficaz en la difícil tarea de recopilar información fidedigna, corroborable, para exhibir temas que por su naturaleza oscura pretenden permanecer así… entre las sombras. Con este taller, reforzamos conocimiento acerca de este género del periodismo.

Conforme escuchábamos la experiencia de Lynne, la adrenalina nos invadía y algunos compañeros henchidos de entusiasmo y ardor, anotaban, y pensaban cuál podría ser uno de los temas de interés para hacer un trabajo como estos.

Yo me puse a pensar… Profundizar, ¿Para qué? Me explico: El espíritu que mueve al oficio de periodista o comunicador, no solamente es el de dar referencia de los hechos, sino profundizar en el origen de los mismos y con ello, coadyuvar al mejoramiento de la sociedad.

Pero hoy, luego de atravesar los confines del periodismo tradicional, de agarrar camino entre los espinales de la post-verdad, de entristecernos porque transitamos entre lóbregos parajes sobre los que, la tendencia no solo es ocultar la verdad; proteger los oscuros intereses, sino una evidente inclinación de alejar cada vez más al periodista, de la información.

Lloramos la muerte de nuestros compañeros caídos y nos indignamos por la impotencia de no conocer justicia. Las lágrimas no nos permiten ver con claridad.

Nuestra nación se ha transformado en un territorio degradante y de LESA HUMANIDAD. Todo comenzó el día que el presidente Felipe Calderón en su puritana lógica le declaró la guerra al NARCO.

El reporte que recibió de la SEDENA fue aterrador. Según las investigaciones del entonces secretario de la Defensa Nacional, General Guillermo Galván, “Tres de cada cinco mexicanos están inmiscuidos de algún modo en el NARCO”.

Información que Calderón dejó de lado y arremetió contra los capos de la droga. Intensificó una persecución que destapó una fétida cloaca en la que murieron más de cien mil personas.

La herencia de sangre y muerte que dejó Felipe Calderón a Enrique Peña Nieto ha acumulado otros doscientos mil muertos más y más de setenta mil desaparecidos, incluidos los 43 que nos faltan en Ayotzinapa.

Es del vulgo conocido, que el deterioro de la nación se fue intensificando ya en el mandato de Peña Nieto, donde gobernadores, alcaldes, y en general la enorme mayoría de los que conforman la clase política, incluidos funcionarios públicos, están metidos en fosas de corrupción. El crimen organizado se institucionalizó.

Hoy encontramos que “El Mal” ha hecho presa de las instituciones de gobierno, las educativas, los organismos de la sociedad civil, las cámaras empresariales.

Y ante el estrangulamiento económico de los trabajadores y la clase media, no ha quedado otra que integrarse a los cárteles convencionales, fundar otros o instituir pequeñas bandas con novedosas variables del crimen como los huachicoleros o los traficantes de órganos, entre otras ramificaciones.

Todos sabemos que los talamontes, los comerciantes de humanos y otras estirpes menores, se han asentado ya como barones del nuevo orden social que nos oprime. Es tan normal conocer que las mafias se organizan, hacen acuerdos, estandarizan su estructura y manejo de su actividad sin que alguna autoridad los cuestione siquiera.

Diga usted si no. En una sociedad como esta en la que coexistimos sabemos de colectivos que un día fueron grupos limpios de la sociedad, con el tiempo canjearon su modus operandi.

Encontramos loteros, ruteros, taxistas, polleros, rateros de autos, casa particular. Mafias de directores de escuela; los que se organizan para financiar campañas políticas, empresarios que medran con el dinero del erario para sus negocios; constructores que se benefician de contratos y otras especies…

Me sigo preguntando… profundizar ¿Para qué?

Documentar lo que sabemos que está ahí, solo irrita a los actores, quienes en un arranque de ira ordenan tu muerte. ¿Vale la pena ir a los socavones de la ignominia a “descubrir” lo que es evidente? Exigir justicia por los caídos es un clamor en el desierto. El gobierno no puede hacer nada; el poder no reside en el gobierno. Hay que reconocer que estamos sujetos a otros niveles de poder.

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