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Basta de morbo y de circo

Candelario González Villa.- No cabe la menor duda. Como nuestro México no hay dos y si nos referimos a la política y sus protagonistas, son inigualables, pues todo practican, menos la política.

La Nación como receptora de los desvaríos, desatinos e incongruencias de la clase política que nos gobierna, mantiene a la sociedad en la zozobra y al filo del estallido social, pues una vez que esta clase se empodera, inicia el distanciamiento de la ciudadanía que los eligió para representarlos en los congresos y los gobiernos de los tres niveles.

Traigo a colación la página o nota roja, como usted lo quiera interpretar, en la que el protagonista de la semana fue el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, quien fue capturado en Guatemala, país en el que hasta el día de hoy se encuentra recluido y en espera de ser extraditado.

Cientos de cargos, de culpabilidades y calamidades lleva a cuestas y tendrá que pagar al pueblo de Veracruz su infame proceder.

Pero lo grave no es el resultado sociopolítico y económico al que llevó a la sociedad mexicana. Tan acostumbrados estamos a las conductas obscenas de estos personajes que ya forman parte de la idiosincrasia de los mexicanos que ignoramos el origen de estas conductas.

Buscando causas y motivos de estas conductas cínicas y depredadoras, llegaremos a la inobservancia de los principios éticos y morales, inclusive religiosos, que parte del individuo, de la familia y la colectividad.

Todos estos fundamentos y actividades son el resultado de las políticas que aplicó el neoliberalismo con su educación materialista y utilitarista que nos llevó a la pérdida de la identidad nacional y los valores cívicos.

Esta identidad y estos valores fueron reemplazados por términos como competitividad y globalización, dejando claro que nos convertimos en una sociedad de consumo y que nuestro país enfiló por ese camino en un vehículo en pésimas condiciones, plagado de corrupción, de inseguridad y mentiras, originado por una sociedad perversa “liderada” por políticos y empresarios.

Lo hecho, hecho está, pero necesitamos sacudirnos a estos individuos que se cobijan en institutos, mal llamados partidos, que medran con la necesidad del pueblo. Como sociedad, necesitamos dejar de lado el espectáculo de morbo y circo romano y desentrañar con reflexión, honestidad y conciencia que estos grupúsculos son el origen del mal que prevalece en la nación por culpa de nuestro conformismo, pero sobre todo, de nuestros temores.

Los proyectos políticos, sociales y económicos merecen nuestra participación, sin la cual, dejamos pasar la oportunidad de cambio, de obtener una vida plena, de que las familias gocen de una verdadera calidad de vida, de educación y buena salud en la retribución justa y equitativa que deje satisfactores en la sociedad, pues solamente así obtendremos la armonía social que por ahora está ausente.

Es justo y necesario olvidarnos de los partidos políticos que se dedican a la protección de una clase o sector de la sociedad, descuidando a las grandes mayorías que actualmente se encuentran en la pobreza y en el olvido, ignorando su participación en la sociedad y el consumo que los ha enriquecido a costillas de estos olvidados.

Basta de ser partícipes del circo y del morbo. Es tiempo de cambios, tiempo de preguntarnos el origen de las conductas de estos mexicanos, tiempo de tomar acciones y dejar de quejarnos pretendiendo que sean otros quienes reparen aquello que solamente a nosotros nos corresponde cambiar.