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La complicidad flexible

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- El sistema político está volviendo locos a todos, pero más a los propios políticos, ya nadie entiende lo que está pasando.

Primero, las especulaciones de que Javier Duarte estaba prófugo de la justicia bajo acuerdo con el gobierno, supuesto que se reforzaba en las mesas de café con diversas teorías: que a Duarte, el de Chihuahua, no le harán absolutamente nada, porque está muy cerca del presidente –será de Emilio– en los afectos, al igual que Rodrigo Medina de Nuevo León.

Que tampoco a Borge de Quintana Roo, a los Moreira de Coahuila, a Egidio, que gobernó Tamaulipas, como consuelo por la trágica muerte de su hermano cuando era candidato del PRI, igual a muchos otros, como ha sido siempre, todos estaban a salvo se concluía en los cafés y entre la gente de redes sociales.

Luego ocurre lo de Yarrington en Italia, a quien culpan de la muerte del otrora candidato del PRI en Tamaulipas, que más bien era buscado por los Estados Unidos, lo cual dejó a todos boquiabiertos, pero se consolaron pronto dizque porque México no tuvo nada que ver.

Y los comentarios en café siguieron igual, pero ¡oh sorpresa! prácticamente se entrega Duarte de Ochoa en Guatemala, y aunque no haya chile que embone, la aprehensión–entrega del veracruzano levantó sospecha entre la sociedad en redes sociales y de la prensa. Pero, ahora se dice que el tema va más allá, porque prendió los focos rojos de todos los que se saben en capilla; miedo, dirían otros.

Ya no hay manera de seguir esperanzados en la protección blindada de la complicidad, que es mejor que la telaraña; en estudio para hacer chalecos blindados.

Los acontecimientos indican que ese material es inocuo, que ya no sirve, que la complicidad ahora requiere de sacrificios; dicho de otra manera, acérquense a negociar para que podamos lavar la cara del sistema.

Algunos tendrán que pactar la entrega de bienes inmuebles, como casas, ranchos, edificios, joyas y otro tipo de bienes, como ganado, etc., envuelto todo, como un regalo, en papel dinero; mucho papel dinero, a lo mejor en dólares, para acceder a reducción de penas, simulando reparación de daños y, si se puede, incluirán en el paquete que sus familias queden a salvo.

Si por las vísperas se sacan los días, todo indica que la presión política los obliga a dar este golpe de timón, so pena de perderlo todo.

Sonora, Veracruz, Quintana Roo, Nayarit, Coahuila, Tamaulipas, Tabasco, Chihuahua, Nuevo León y los que se acumulen conforme vayan saliendo, como Chiapas o Estado de México, con un largo etcétera porque las redes sociales no dejan títere con cabeza; agarran parejo.

Para colmo, desde afuera se suma otro escándalo de corrupción, el de la empresa brasileña Odebrecht que tumbó a Dilma de la presidencia y amenaza a Lula Da Silva con la cárcel; ese caso alcanzará a muchos países, entre ellos al nuestro, en el que Emilio Lozoya Austin ex director general de Pemex está en dos strikes sin bolas, y quién sabe cuánta gente está en esa lista, pero todos andan aterrorizados, eso ni dudarlo.

Urge algo de acción. ¿Aconsejarían al presidente?

De todo lo que ocurre, alguien debió realizar un mínimo análisis para comentar con el presidente Peña Nieto; de ahí los sucesos de los últimos días, porque la conclusión tuvo que coincidir con la acción.

Como que presienten que si no hacen nada se los llevan los pingos, como al del poema, “Por qué me quité del vicio”.

La aprehensión–entrega de Javier Duarte es el anuncio oficial de que la relación de nombres ya está en el escritorio del uno. Por ello, tiene razón el presidente: no hay chile que les embone, porque la sociedad ya no cree nada que provenga de la información del estado; para la gente nada está bien, es un letargo en el que todo da igual; al final, la raza los ha metido en el mismo costal.

Tiene razón el presidente en estar molesto por la desconfianza popular y de los medios, incluidas las redes sociales, sus acciones ya no influyen en la población, pero su enojo o molestia no debería ser expresado con un albur hacia los medios, las redes sociales o la gente, sino hacia sus colaboradores, a su equipo, por ser los responsables del desastre.

El presidente empuña la espada pero no debe hacerlo contra sus críticos o contra la sociedad, sino contra quienes debe, en el sentido estricto de la tarea que como presidente debió llevar a cabo, en su tiempo y a tiempo, y no forzado por las circunstancias, como pareciera que lo empujan.

Porque el riesgo de perderlo todo es claro y no nomás para los que ahorita bailan, sino para los que están esperando turno, aunque desaprovecharon la doble tanda de los sexenios anteriores.

Ahora que ven que la sociedad puede optar por otra bandera, con los riesgos que conlleva, tienen que hermanarse, a querer y no, porque la amenaza es seria; lo saben y tienen que encontrar una forma, una manera de enfrentar a su adversario.

Y cuando uno piensa en el significado de la palabra, entonces concluye: Para nada ¡enemigo! es la palabra, y eso es lo que ven en Andrés Manuel López Obrador, porque adversarios son ellos, pero listos para defender su territorio, aunque lo compartan en forma alterna. Saben que si les llega, se acabó.

fernandoherrera1956@hotmail.com