La tergiversación de la filantropía a la luz kantiana

Guillermo Chávez.- Una corriente de pensamiento débil se está deslizando con la rapidez de una epidemia, contaminando a los otrora poderosos centros de conocimiento que hoy solamente irradian alejamiento y confusión de las ideas y de los pensamientos universales e inmutables.

Con extraordinario atrevimiento, sostienen la validez suprema de sus individuales fantasías: considerándolas ajustadas a la libertad de pensamiento y en el ejercicio del razonamiento; fundándolas en la supuesta verdad de sus quimeras que son defendibles únicamente en el campo del delirio; evitando de esa forma e intencionalmente, la rudeza y frialdad de la comprobación. Esta conducta es producto de la carencia del conocimiento profundo y exhaustivo de los principios y doctrinas que sostienen a esos centros de conocimiento.

En calidad de ejemplos ilustrativos, citaré, con respeto, dos grandes instituciones del conocimiento que instruyen a sus miembros en relación al estudio y a la práctica de la Filantropía:

Una.- La Orden Rosacruz capacita a sus iniciados definiendo la filantropía en el idealismo metafísico, privilegiando el carácter místico de la conciencia interna en sus miembros.

Dos.- La Iglesia Gnóstica, educa a sus adeptos en el ámbito de la exclamación de bendiciones generosas al concepto de filantropía entre otros, bendiciendo a los hombres que han conquistado esas virtudes.

En ambas escuelas, sus iniciados tienen la falsa creencia de ser poseedores de una mayor cantidad de conocimiento valioso que la misma escuela a la que pertenecen. Confunden la Caridad con la Filantropía, sin comprender que la primera es egoísta por amor a Dios y la segunda es universal por amor al hombre mismo.

Ante esta condición, es oportuno citar el pensamiento formalista kantiano que se ajusta con exactitud al establecer con claridad las diferencias entre la práctica, que realizan los iniciados en estas escuelas, al ejercer el valor de la caridad y de la definición y objetivo del valor universal de la filantropía: “Lo que hagas por otro que ese otro pueda hacer por sí mismo, no lo ayuda, lo hace inútil…”

Intentaré aclarar el pensamiento Kantiano ejemplificando: el paradigma de la Caridad se confunde con el valor inmutable de la filantropía convirtiéndose en un modelo típico de esta condición de desatención y abandono a los principios de los iniciados en estas escuelas de conocimiento: la esencia de la estructura del concepto del valor de filantropía sostiene su definición que es la solidaridad del hombre por amor al hombre mismo y no por amor a un factor ajeno de su naturaleza.

Los iniciados de las multicitadas escuelas de conocimiento confunden la práctica de filantropía practicando la caridad: esta equivocación es producto de la falta de estudio profundo y concienzudo de sus principios y doctrinas, con la consecuencia de que únicamente intentan ajustar la práctica de la caridad sostenida por actitudes que obedecen a los intereses individuales y egoístas, sin respeto a la trascendencia humanitaria del principio universal de la Filantropía, perjudicando de esta manera al hombre considerado individualmente.

La filantropía es la solidaridad con la humanidad en satisfacer sus necesidades y anhelos trascendentales y no en satisfacer miserias primarias y temporales que corresponden a la caridad: la naturaleza dotó al individuo con las herramientas necesarias que lo capacitan suficientemente en el aprovechamiento de los recursos naturales para satisfacer sus necesidades.

Es justo, que el individuo auxilie a sus semejante en un momento dado en la satisfacción de sus necesidades primarias, pero no permanentemente.

La falsa necesidad y la falsa filantropía se complementan satisfaciendo únicamente egos.

A fin de terminar este trabajo indicaré que los iniciados en las diversas escuelas de conocimiento contemporáneos han preferido lo confortable y placentero de sus opiniones individuales al trabajo exhaustivo que requiere el estudio y análisis de las doctrinas y pensamientos de sus escuelas.

Confundidos y desorientados intentan practicar la filantropía en la sociedad según los dictados de su imaginación infundada y no en los términos de los conocimientos universales y permanentes valiosos en sí mismos que la doctrina en especial les proporciona.

Generando en el ejercicio de esta incomprensión, de la caridad y de la filantropía, un abundante perjuicio a la humanidad y al hombre considerado individualmente, así como lo dicta el pensamiento firme y sólido de Kant: “Lo que hagas por otro que ese otro pueda hacer por sí mismo, no lo ayuda, lo hace inútil…”

Es cuánto. ¡Un abrazo fraterno!