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James Dean (2ª y Última Parte)

Walter Schaefer.-   En “Al Este del Edén” el actor creó el arquetipo del adolescente promedio: complejos y dudas, brusquedad e ingenuidad, siempre a la defensiva y con una dosis de rencor hacia los padres. Hollywood supo leerlo y lo utilizó en el siguiente filme.

Por esos tiempos inició la relación más significativa de su breve existencia con la delicada italiana Pier Angeli, mas al referirse a ella en una entrevista como Miss Pizza y negar planes de boda, ella sorpresivamente decidió casarse con Vic Damone. James, desolado, asistió a la boda… ¡Desde la acera contraria sentado en su moto!

A pesar de que la industria fílmica protegía fieramente la reputación de sus estrellas corrían rumores de bisexualidad y las señales eran demasiadas para ignorarlas. Al cumplir la edad militar declaró con desenfado al reclutador que el ejército no podría aceptarlo ya que era un homosexual activo: sus mejores amigos, como Tab Hunter y Sal Mineo lo eran y en sus últimas obras de teatro encarnó a homosexuales.

En “Rebelde Sin Causa” continuó siendo el adolescente emblema de su generación, quien no acepta la moral paterna ni el plan de vida que pretende asignársele, eternamente desengañado e insatisfecho.

En “Gigante”, los Estudios pretendieron alejarlo de esa imagen a fin de atraerle a todo público. Su actuación un tanto desafortunada pasó a segundo plano ya que el filme se estrenó un año después de su muerte.

Como ocurre con los más grandes del mundo del espectáculo, las especulaciones se desataron: no se hablaba ya del hombre que continuó viviendo de incógnito como en el caso de Elvis Presley o Pedro Infante, sino de quien programó su suicidio.

Semanas antes había visitado a varios amigos totalmente ataviado en negro -hecho inusual en él-, había encomendado el cuidado de su felino a Elizabeth Taylor “por si algo le ocurría” y la situación misma del accidente fue totalmente absurda, digna de una cinta cómica si no fuese un hecho de horror: dos únicos automóviles en la inmensidad del desierto colisionando uno contra el otro. El otro conductor -prácticamente ileso- declaró que jamás vio el vehículo de Dean, demasiado pequeño, por lo demás.

Acrecentando la anécdota trece días antes el actor había filmado un comercial gubernamental exhortando a la prudencia al conducir. El texto concluía… porque la vida que salven puede ser la de ustedes. Inexplicablemente Dean alteró el texto y concluyó: “la vida que salven puede ser la mía”. Tras su muerte se decidió postergar su emisión hasta el año 2001 y es posible también verla en las escenas adicionales de una de sus películas.

He aquí todo lo que hubo de ocurrir para que el actor acudiera al encuentro de su destino: inicialmente había encargado un Lotus para participar en la carrera, al no serle entregado a tiempo adquirió el Porsche 550 Spider, al cual se le apodó “Pequeño Bastardo”… ¡precisamente por su dificultad para ser conducido! Siete días antes de la fecha fatal, su amigo Alec Guiness al ver el auto comentó que lucía siniestro y no saldría vivo de la carrera.

El día 30, el auto inicialmente sería remolcado al evento, mas Dean decidió conducirlo para familiarizarse con él. En el trayecto recibió una multa por exceso en la velocidad y aun así continuó sobre el límite. Al detenerse a cargar combustible, su amigo Bill Hickman, que viajaba en otro auto, le recomendó disminuir la velocidad, ya que el tamaño del coche y el tono plateado lo confundían con el asfalto. La estrella decidió ignorar las reiteradas alertas.

Al día siguiente la prensa mundial destacaba la noticia, ilustrada con la imagen del auto destrozado. Si murió instantáneamente como lo dicen algunos, o no, sería irrelevante. No tenía oportunidad.

Por supuesto, los Estudios estrenaron de inmediato “Rebelde Sin Causa”, publicaron una biografía y prepararon el estreno de “Gigante”… ¡Ya habría tiempo de llorar al ídolo! James se convirtió en el único actor de la historia en recibir dos premios Oscar en forma póstuma.

Termina la vida de Dean, mas no la del auto: Su adquiriente sufrió un accidente, al igual que los tres pilotos que adquirieron respectivamente el motor, la transmisión y dos neumáticos; uno de ellos murió y el otro permaneció en coma. El ahora propietario original decidió guardarlo y la cochera se incendió, logrando rescatar los restos del auto, decidió exhibirse en una secundaria y se deslizó por la rampa, hiriendo a un estudiante.

Se guardó de nuevo y un vehículo colisionó con el tráiler que lo transportaba. En 1960 se exhibió por última ocasión y finalmente desapareció, ignorándose su destino. Años después un comprador adquirió un diferencial con el número de serie correspondiente al auto…

Walter Schaefer. Ciudad Juárez, México 1957. Abogado y coleccionista de arte. Columnista Periódico HOY. Colaborador revista de circulación internacional Archipiélago. Autor de los libros “Puente sobre el Abismo”, “Dante, una Mirada a Otro Mundo” y “La fuerza de la Unión”.

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