Un año más

Lic. Héctor Molinar.- A cien años de promulgarse nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el mayor daño ocasionado a los principios de libertad y de justicia, se debe a la manera irresponsable de los diversos congresos que han reformado y modificado principalmente en materia política, legalidad, educación y finalmente la energética.

Han contribuido dolosamente con la corrupción y bajo la complicidad del gobernante en turno. También se debe a que los partidos políticos perdieron la esencia misma que los originó, como vigilantes del sufragio efectivo y como aliados de la democracia. Se convirtieron en franquicias controladas por líderes sin escrúpulos y doble moral.

A un año de la visita a Ciudad Juárez del Papa Francisco, recordamos el momento en que se detuvo frente a tres cruces dedicadas a las diócesis de El Paso, Las Cruces y Ciudad Juárez, en medio de ellas se yergue una más grande, negra y con tres clavos conocida como “La Cruz del Migrante”. Justamente en el lugar denominado “El Punto”, el sitio más cercano con Estados Unidos de América.

Señaló a la vanidad como la búsqueda de prestigio con base en la descalificación continua y constante de los que “no son como uno” y el deseo exacerbado de los “cinco minutos de fama” que no perdona la fama de los demás, “haciendo leña del árbol caído”.

A veintiocho días de tomar posesión como presidente de los Estados Unidos de América Donald Trump, tal parece que las palabras del Vicario de Cristo han sido ignoradas por la mayoría de los políticos de ambos países, pues por un lado tenemos que nuestro México se sigue hundiendo en la peor crisis económica y la violencia no disminuye.

En Estados Unidos se promueve el odio racial, la discriminación a los migrantes y el desprecio a quienes son de distinta nacionalidad. Un presidente controvertido que pretende confundir bajo el discurso del amor a su patria, culpando de sus desgracias a los mexicanos.

A un año de la visita del Sumo Pontífice a México, por tratarse del más importante líder espiritual de los católicos, que según datos estadísticos está conformado por el noventa por ciento de la población, -incluyendo a los políticos del país-, debemos precisar, que lo bueno también es acercarnos a Dios y predicar con el ejemplo, porque eso cuenta más y cuenta mucho. Hemos confundido el derecho con la realidad, bajo un sistema deficiente en la función de sus instituciones. Para reformar la Constitución, basta tan solo con tener el control y coalición de partidos políticos que han debilitado nuestra soberanía.

Con el poder que otorga la disponibilidad del dinero, con el que han comprado la voluntad de infinidad de funcionarios de primer nivel. El principio de legalidad ha cambiado y se ha adaptado a la necesidad gubernamental, con adiciones y modificaciones que controlan las autoridades para actuar por encima de los derechos ciudadanos.

Por otra parte, nos estamos distrayendo con la política norteamericana de Donald Trump, quien para los anglosajones es cumplidor de sus promesas de campaña. Los mexicanos que han emigrado a ese país, es porque México no ofrece oportunidades satisfactorias para vivir con dignidad y decoro. Cuando se firmó el TLC, uno de los principales objetivos fue crear empleos con salarios suficientes y competitivos con los tratantes.

El Papa Francisco nos vino a decir, que el orgullo es colocarse en un plano de superioridad, sentir que no se comparte “la común vida de los mortales” y de aquel que reza todos los días: “Gracias Señor porque no me has hecho como ellos”. Nos dijo lo que somos, lo que podemos ser y lo que podemos lograr, con misericordia, amor y fe en Dios. Recordando también la tragedia humana que viven los migrantes que huyen de la pobreza, la violencia y el crimen en sus países, así como a las mujeres asesinadas.

Se cumple un año en el que funcionarios mexicanos acompañaron al Papa Francisco en su recorrido. En sus mensajes trató de llegar a la conciencia individualmente. Como el caso del enriquecimiento ilícito a costa del sufrimiento de los demás, del sudor de otro o hasta de su propia vida, “es tener el pan que sabe a dolor” nos dijo, “a amargura, en una sociedad corrupta, y es el pan que le damos de comer a nuestros hijos”.

Cuestionó a quienes son vanidosos, orgullosos y que se basan en la riqueza como fuente y forma de vida, así como el dolor que hemos experimentado al no sentir la dignidad que todos llevamos dentro.

Especialista en Gestión de Conflictos y Mediación

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