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Juan José Martínez
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Un ejemplo de amor a Juarez

Juan José Martínez Pérez, el actual coordinador del Centro Antirrábico de Ciudad Juárez, nació en esta frontera el 28 de abril de 1981. Es hijo del médico pediatra Juan José Martínez Pineda (fallecido) y de Imelda Pérez.

“En casa todos tuvimos amor a la medicina”

“Tengo una hermana, Gloria Imelda, que es odontóloga. Las primeras mascotas que tuvimos en casa fueron unos halcones porque mi papá se dedicaba a la cetrería, que es el entrenamiento de estas aves. Allí empezó mi gusto por los animales. Mi primera mascota fue “Pirata” un perro chow chow que me compró mi papá y después fueron hamsters y otros animales pequeños, hasta que llegó ‘Pipo’, un perro que le regalaron a mi hermana y que ahora tiene 16 años” platica nuestro invitado de HOY.

“Jugaba en las calles, era una época muy tranquila”

“Durante mi infancia me la pasaba jugando a los clásicos juegos de entonces: las escondidas, polis y ratas, luego los videojuegos, aunque fue una etapa que no me tocó mucho. Vivíamos en Pradera Dorada y el fraccionamiento estaba en medio de sembradíos. Ir a Plaza Juárez era toda una odisea y por donde ahora está la Ejército Nacional, corría el canal de agua que no estaba entubado” rememora el Coordinador General del Centro Antirrábico.

“Durante muchos años practiqué la Arquería, una hermosa disciplina deportiva en la que competí y obtuve varios campeonatos. Tiempo después me dediqué a la charrería” recuerda orgulloso.

“Aprendimos el valor de la vida con mi papá”

“Crecimos con valores muy importantes, como la responsabilidad y el valor de la vida, pues en casa a cualquier hora de la noche o de la mañana, mi papá estaba consultando como pediatra emergencias que se le presentaban y siempre me decía que ser veterinario también era una labor de 24 horas… La honradez, la disciplina y la humildad fueron parte de mi formación, pues hay que resaltar que mi abuelo paterno era militar” comenta agradecido con la educación recibida.

“Fui inquieto de niño, pero sobresaliente en la escuela”

“Cuando me iba a graduar de la primaria, iba un año adelantado a mi ciclo escolar y mi mamá le decía al maestro que me reprobara para que hiciera otro año y creciera un poco más antes de ir a la secundaria, pero el profesor le decía que no había una razón, así que cuando estudié la secundaria siempre era de los más chicos” comenta sonriente.

“Siempre me ha gustado el diseño gráfico”

Con gran sentido del humor, recuerda que cuando inició la secundaria en la Técnica 33 “me tocó el taller de Corte y Confección, con tan buena suerte que éramos muchos y dos semanas después me cambiaron al de Secretariado, pero como no había máquinas de escribir suficientes, terminé pidiendo el de Diseño Gráfico, que era lo que realmente me gustaba y allí estuve los tres años”.

De hecho, explica, es una pasión desde entonces y gran parte de los diseños de los lugares en los que trabaja o de las campañas en las que participa los hace él.

Posteriormente, en Bachilleres 6 cursó la preparatoria, destacando que no era de los que faltaba a clases, sino un estudiante dedicado, lo que le permitió terminar la formación básica a la edad de 16 años.

“Estudié veterinaria porque me gusta la medicina aplicada a los animales”

Recuerda el médico que cuando decidió estudiar Veterinaria, su mamá le decía que se iba a morir de hambre, pero el tiempo le ha dado la razón a él y los resultados dan buena cuenta de ello.

“Yo estudié veterinaria porque me gusta la medicina aplicada a los animales, aunque el gusto por los animales debe quedar de lado porque sabemos que a veces tenemos que dormir o eutanasiar perros o que tenemos que agarrarlos fuerte y eso puede lastimarlos” expresa con gran honestidad.

“Gracias a mis calificaciones, la UACJ me becó toda la carrera”

“Todavía era menor de edad cuando entré a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez a estudiar Veterinaria, así que durante los primeros semestre veía que mis compañeros se iban a los bailes y de antro, pero yo no podía ir, sabía que todo llegaría a su debido tiempo. Por eso me gradué de la universidad con 21 años”.

“Solamente pagué 800 pesos por el primer semestre, de ahí en adelante estuve con beca toda la carrera por mis calificaciones. Ya desde tercer semestre fui instructor del profesor Jesús Trejo en la clase de Patología General, dando clases mientras estudiaba y apoyando en los laboratorios” comenta con gran sencillez.

Desde entonces también hizo su servicio social en las Brigadas de la Universidad que se dedicaban a hacer campañas antirrábicas, labor que le gustó mucho y en la que permaneció por espacio de 5 años.

“El veterinario es terapeuta del dueño de la mascota”

Como nos explica Juan José, “el veterinario crea un lazo de confianza y comunicación con el dueño de la mascota y termina siendo como un terapeuta para él, pues se comentan muchas cosas más allá de la enfermedad o la vacuna para la mascota… A veces terminamos hablando de los problemas de pareja, de la economía mundial…”

“Es muy grato cuando se trabaja en una clínica y llega la persona a preguntar por uno para algo tan simple como aplicar una vacuna. El carisma es muy importante para ser un buen veterinario, sobre todo porque mucha gente no tiene hijos y ve a su mascota como tal, así que no se puede ni se debe menospreciar la relación entre mascota y amo” afirma.

“Hice turnos de 24 o 48 horas en la clínica veterinaria”

Antes de terminar su carrera, Juan José empezó a trabajar en clínicas veterinarias, lo que además de reforzar su formación como veterinario porque ponía en práctica los conocimientos adquiridos en la universidad, le permitió conocer el manejo administrativo de este sector. Los turnos eran pesados, pero el trabajo gratificante.

“Uno de mis jefes era voluntario de la Asociación Pro Defensa Animal. Yo veía que de repente llegaban mascotas que recibían un trato diferente y se les cobraba menos y él me decía que la razón era que venían de Aprodea, que eran animales abandonados o maltratados que requerían un cuidado especial. Esto me gustó y fue así como me empecé a involucrar con la protección de animales” relata con convicción por su labor.

“Estoy certificado en Esterilización Masiva”

“Un día vinieron unos veterinarios de Estados Unidos a operar perros, yo pude asistir a estas cirugías y me di cuenta que ellos pertenecen a una asociación que se llama Compasión Sin Fronteras y gracias a mi interés en ayudarles, en su siguiente visita me tomaron en cuenta, luego empecé a hacer cirugías con ellos y tiempo después me invitaron a Houston para tomar una certificación en Esterilización Masiva. Desde entonces soy su representante en Juárez” expresa agradecido por la oportunidad.

“Opero una mascota en siete minutos”

“El doctor Mario De León, a quien considero una eminencia de la veterinaria en Juárez, me dio también la oportunidad de trabajar y seguir aprendiendo con él. Considero que fue entonces cuando mi carrera como médico veterinario empezó realmente a despegar” relata el médico.

“Estudié las especialidades de Urgencias y Traumatología”

“En mi tiempo libre aprovechaba para estudiar certificaciones y diplomados para especializarme más en cirugía… Hice una certificación en Urgencias y luego el diplomado en Traumatología. Luego Compasión Sin Fronteras nos dotó de un quirófano ambulante con el que recorrimos gran parte de la ciudad esterilizando mascotas. Hoy opero una hembra en siete minutos y un macho en dos minutos, cuando a un médico regularmente le lleva media hora” nos comenta Juan José Martínez.

Su labor en Juárez fue reconocida por Compasión Sin Fronteras en su sitio web con un reportaje que resalta su compromiso y que puede ser leído en la página http://cwob.org/juan_jose.html

Estas labores lo llevaron después a involucrarse como voluntario en el Centro Antirrábico, sin dejar su labor de defensa animal. Este trabajo voluntario le permitió vincularse laboralmente con este centro, dependiente del Gobierno del Estado.

“Desde hace dos años soy Coordinador General del Centro Antirrábico”

“Cuando me vinculé laboralmente, lo hice como Coordinador Operativo del Centro Antirrábico y hace dos años me nombraron como Coordinador General, pero a la par sigo como voluntario con Aprodea en la clínica de esterilización, en Anapra en la misma labor y en las campañas de Compasión Sin Fronteras” explica.

Acerca de las labores que hace en el Antirrábico, relata “cuando un perro es recogido de la calle, su dueño tiene 72 horas para reclamarlo, sino lo hace, el perro puede ser entregado en adopción, llegando a dar de 12 a 15 perros al mes. El perro que no es reclamado ni adoptado, lamentablemente se tiene que eutanasiar”.

“Aprodea da en adopción 30 a 40 perros cada mes”

“Un perro apto para adopción no puede estar enfermo, debe ser esterilizado, tener buen carácter y no ser agresivo, entre otras cosas. Es una labor poco conocida del Centro Antirrábico, al que mucha gente llama Perrera Municipal, aunque ni siquiera pertenece al Municipio” aclara el doctor Martínez Pérez.

“Somos la solución a un problema creado por la sociedad”

Adentrándose más en las actividades del Antirrábico, explica que cuando se recogen perros de la calle, en realidad se está buscando solucionar un problema que la misma ciudadanía genera. “Es común que haya perros comunitarios, a los que todos los vecinos dan de comer, pero si muerde a alguien, entonces es un perro sin dueño y eso es un problema”.

“Debemos educar a la sociedad sobre los animales”

“He luchado por un reglamento de tenencia animal, el cual existe a nivel municipal. Me gustaría tener una policía canina en lugar de un Centro Antirrábico. Debemos educar a la sociedad más que recoger y sacrificar perros. Los adultos debemos tener más control sobre los animales” relata.

“En una semana se tienen que dormir hasta 180 perros en Juárez”

“En el Centro Antirrábico tenemos un lema que creemos es la realidad que estamos viviendo “Para qué comprar o reproducir una mascota si muchos mueren en los centros antirrábicos’” afirma consternado Juan José.

“Por la violencia, mucha gente abandonó la ciudad y a sus animales”

Agrega que este problema de perros callejeros se vio incrementado por la huida de personas de Juárez por culpa de la violencia, pues al irse, dejaron en la calle a las que eran sus mascotas. “Muchos fueron dejados encerrados en casas sin agua ni comida y allí murieron” comenta con tristeza.

“Tenemos el único laboratorio de Inmunofluorescencia para Rabia en la Zona Norte”

En el Centro Antirrábico está ahora terminando una labor de remodelación de sus instalaciones, lo que se ha logrado gracias a recursos nacionales e internacionales que se reciben para lograr un centro más digno.

“Vacunamos más de 130 mil perros y gatos”

Como parte de sus labores, cada año se vacunan más de 130 mil perros y gatos en Juárez en las campañas masivas de vacunación antirrábica, se da seguimiento y atención médica a personas agredidas por perros y a los perros agresores y tenemos el único laboratorio de Inmunofluorescencia para Rabia que existe en la Zona Norte. También hay protocolos de investigación y servicio social para estudiantes de Veterinaria.

“Desde Juárez estamos generando una nueva cultura”

“Seguimos los reglamentos de la OPS, que marca que sacrificar animales no es la solución al problema. El año pasado dijeron que la esterilización era una parte de la solución, pero es costoso. Ahora la tendencia es educar a la sociedad desde los niveles de escuela primaria para que esto tenga impacto en seis o siete años.

“Por eso tenemos el programa ‘Dejando Huella’, que es una plática que se imparte de forma gratuita en escuelas primarias, universidades y maquiladoras para crear conciencia ciudadana de las responsabilidades que tiene el dueño de cualquier mascota” complementa.

Al final de estas pláticas, los niños quedan con la medalla de “Policía Infantil Canino” y ellos mismos denuncian casos de abandono o maltrato de perros en la ciudad. “Nos falta muchísimo, pero ahí vamos caminando y generando una nueva cultura en el manejo de centros antirrábicos del país y de conciencia ciudadana” explica el veterinario.

“Soy Paramédico Voluntario de Cruz Ámbar”

Además de su gran labor de protección animal, Juan José Martínez es paramédico voluntario de Cruz Ámbar “porque también me gusta ayudar a la gente y porque amo a mi Ciudad”.

“Hay gente que nos critica porque trabajamos por los animales de la calle en lugar de ayudar a niños abandonados, personas con problemas siquiátricos o ancianos desprotegidos, pero creo que cada quien decide en qué área aporta su granito de arena para buscar una mejor sociedad” relata comprometido con su causa.

Con la sencillez y la pasión por el servicio social que lo caracteriza, Juan José comenta que “la mayoría de la gente que hace estas críticas, son personas que no retribuyen en nada a la sociedad en la que viven”.

A LOS JÓVENES

“Como dijo Gandhi, ‘el nivel de cultura de una sociedad se mide en cómo tratamos a los animales’. Pienso que es muy fácil echarle la culpa a los políticos, gobierno e instituciones públicas, pero poco se hace como sociedad. Los invito a que esterilicen sus mascotas, que no los dejen en la vía pública y que den algo de su tiempo y de su vida a la sociedad”