| Kate Ortiz | ||||
|
|
“Mi Nombre es María Candelaria Ortiz Machado, más conocida como la maestra Kate Ortiz. Así me dicen porque mi hermano, el mayorcito, me decía Catetaria en lugar de Candelaria” comienza su relato la profesora de Gimnasia Artística. “Yo nací el 2 de febrero de 1961 en Ignacio Zaragoza, pero me crié en el rancho El Ojo de la Madera. Mis padres fueron Alfonso Ortiz y Micaela Machado, ambos ya fallecidos” explica con su típico acento chihuahuense nuestra invitada de HOY. “Soy la más chica de siete hermanos: Bertha Alicia, Carmen, José Ángel, Sara, Celestina, Alfonso y yo. Luego nació otra niña que falleció a la edad de dos años. Entre la mayor y yo hay 15 años de diferencia y ella fue como una mamá para mí” explica Kate. “Mi padre falleció cuando yo tenía seis años”“Lo recuerdo cuando jugábamos beisbol en el rancho o cuando nos llevaba a ordeñar las vacas… Son poquitos recuerdos, pero muy bonitos” comenta con voz pausada. “Para ir a la escuela caminaba hora y media” Vivir en el rancho le permitió crecer con gran tranquilidad, en un ambiente muy relajado, pero llegar a la escuela que estaba en el pueblo de Ignacio Zaragoza implicaba una larga jornada a pie. En su pueblo natal, Kate solamente cursó el kínder y los dos primeros años de la primaria, pues a los seis años su familia se trasladó hasta Ciudad Juárez y desde entonces ella radica en esta frontera. “Nos vinimos a Juarez porque mi papá se puso muy grave, se enfermó del corazón. Mi padre falleció y nos quedamos porque la abuela materna vivía aquí, así como mi tío el padre Vicente Jesús Machado. Ellos le ofrecieron apoyo a mi mamá, el padre le dijo que ella podía ir a trabajar con él. Las hermanas mayores empezaron a trabajar y las otras siguieron estudiando” relata con dulzura Kate. “Entré a la escuela Miguel Hidalgo a terminar el segundo año y allí hice el resto de la primaria” recuerda. “En Juárez conocí la Gimnasia Artística” Dejar atrás la vida tranquila del rancho y enfrentarse de repente a la vida en una ciudad, no fue nada sencillo para María Candelaria. “Acostumbrada a trepar a los árboles, no batallé cuando en la escuela un profesor me escogió para el grupo de Gimnasia Artística, disciplina en la que siempre sobresalí” dice y ríe con ganas al comentarlo. “La gimnasia implicó para mí nuevos retos, el poder alcanzar a mis compañeras más avanzadas que estaban en gimnasia desde el primer año. Era difícil ir a participar en competencias porque mi mamá no me podía llevar” rememora. “Uno de mis sueños era competir en El Paso y el profesor sacó un permiso para que yo pudiera ir a un fogueo. Después le llegó una carta a mi mamá en la que decían que yo tenía talento y que había sido seleccionada para prepararme, pero no había quien me llevara ni tampoco dinero, así que me quedé entrenando aquí” relata la maestra Kate. “Entrenar en El Paso era una gran ilusión, pero yo desde siempre veía el sufrimiento de mi mamá, que ella no podía llevarme porque no tenía dinero, así que no le exigía nada” explica honestamente. “La gimnasia debe practicarse desde los cuatro o cinco años” “Estaba ya en primero de secundaria en la Escuela Tercer Centenario cuando mi abuela decía que estaba muy grande y no debía usar las falditas tan cortas. Ella pensaba que me iba a descarriar” recuerda divertida. Kate entonces dejó la secundaria y entró a la Academia Comercial Bilingüe a hacer la carrera técnica en Comercio. “Como me la pasada con mi short y mi leotardo, mi abuela y mi tío me empezaron a frenar. Mi mamá sí quería que practicara gimnasia, pero la presión era mucha” dice sonriente. “Cambié la gimnasia artística por los bailes folclóricos” Llegó a ser tanta la presión de la abuela y del tío, que Kate dejó la gimnasia a un lado y entró a los grupos de ballet folclórico de la iglesia. “Fue una frustración dejar de hacer algo que era mi sueño, pero respetaba la decisión de mi mamá. Soy una gimnasta a la que le truncaron su carrera” complementa. “Al terminar el comercio y mientras trabajaba como capturista de datos en la Nielsen, me enamoré y me casé a los 19 años con Rigoberto Espinosa. Él también es del rancho y las familias se conocían, pero nosotros nos conocimos en Juárez. Nos casamos después de tres años y ocho meses de noviazgo. Fue mi primer novio y con él me casé” expresa feliz. “Rigoberto estudiaba Administración de Empresas y me pidió matrimonio el día de la graduación” agrega Kate. “A los 20 años tuve a mi primer hijo” Pese a su juventud, la decisión de casarse fue respetada por doña Micaela, su mamá. “Ahora tengo tres hijos: Rigoberto, de 32 años; Liliana, de 29; y Miguel, de 26 años. También soy abuela de seis niños: Briana, Jacqueline, Montserrat, Grecia, Rigoberto y Mayté” relata la feliz y joven abuela. “Cuando nació mi primer niño, tenía una vida normal como ama de casa, llevando al hijo a la escuela, al futbol… Todo normal, pero cuando nació mi hija, vuelve a nacer en mí la inquietud por la gimnasia. Cuando ella tenía cuatro años, la llevé a una escuela para que empezara a practicar” nos dice. “En ese tiempo, se cerró la Escuela de Agricultura, donde mi esposo era administrador, así que sentí la necesidad de volver a trabajar. Entonces empecé a buscar empleo como maestra de gimnasia pese a que estaba un poco gordita y que recién me habían operado para quitarme la matriz” confiesa honestamente. “Fui a un gimnasio particular y les di una clase que incluyó calentamiento y elasticidad, cosas que jamás se me habían olvidado. Aunque competía con una muchacha más joven que yo, a los padres de familia les gustó mi clase y me contrataron” relata con emoción. En ese entonces, su hija se convirtió en su principal motor, aunque luego ella se casó y dejó el deporte. “Decidí dar clases porque amo la Gimnasia Artística” Tras esa primera clase, Kate estuvo dando clases a un grupo de mujeres que se reunía en una casa de Pradera Dorada. Una de ellas le comentó que en el Bertha Chiu no había instructora y decidió buscar esa oportunidad. “Me dieron la oportunidad de hacer cartelones e invitar gente para las clases de gimnasia, pero fueron claros al decir que no había nada de equipo allí, solamente una vieja colchoneta y una viga sin patas y sin forrar. Estaba la cancha de basquetbol y una especie de templete en la parte superior, que fue el espacio que me cedieron” recuerda la maestra. Los resultados pronto se vieron y a su convocatoria respondieron más de 60 niñas. “De esa temporada saqué varias niñas que fueron gimnastas muy buenas y llegaron a destacar en varias competencias, siendo campeonas” comenta con satisfacción. “Me preparé con el rumano Bela Karolyi” Kate había empezado con lo que había aprendido en sus años de gimnasta, pero pronto supo que tenía que aprender más y fue así como empezó a tomar cursos de actualización para empaparse de los cambios que esta disciplina deportiva había sufrido. “Me afilié a la Federación Mexicana de Gimnasia y tuve el honor de ir a capacitarme en Houston con el rumano Bela Karolyi, entrenador olímpico de Gimnasia Artística, con quien me preparé y aprendí todos los cambios” relata orgullosa. Su sueldo salía de los padres de las pequeñas y poco a poco, empezó a conseguir el equipo necesario para que sus alumnos recibieran una mejor formación. “Transmito energía positiva y seguridad a mis alumnas” El nombre de Kate Ortiz se fue posicionando entre los practicantes de este deporte y los resultados se vieron desde que sus alumnos empezaron a participar y destacar en varias competencias locales y estatales. “Poco a poquito se fue dando a conocer mi trabajo, fui relacionándome con la gente de Chihuahua y se me abrieron puertas en instalaciones deportivas de la ciudad para entrenar a las niñas usando sus equipos, los cuales yo no tenía. Los resultados empezaron a verse, los padres se motivaron más y me apoyaron para hacer la primera Copa Juárez” explica con gran sencillez. “Seguí comprando el equipo necesario y gracias a Dios ahora tengo un equipo profesional muy completo. Hasta la fecha sigo trabajando independiente para entrenar niños en Gimnasia Artística y desde hace varios meses el Municipio me apoya prestándome un local en el Parque Central Oriente, donde entreno a 65 niños y jóvenes desde los 3 hasta los 19 años” dice agradecida. “Sigo adelante por amor a la niñez” De la Escuela Municipal, donde está actualmente, salen gimnastas que compiten para certámenes estatales, nacionales e internacionales. “En abril voy a una competencia nacional en San Luis Potosí con Nayeli y Margarita, dos niñas de mi grupo de alto rendimiento. El torneo es clasificatorio para una olimpiada juvenil. Siempre les digo que si no ganamos medalla, podemos ganar experiencia que nos sirve para el futuro”, afirma. “Me encanta cuando uno de mis alumnos gana una medalla” “Me emociono cuando veo que los niños y niñas van avanzando. Son un motor que me impulsa a seguir adelante y a inculcarles a ellos los valores que me enseñaron a mí, como el amor al deporte, el respeto a los demás, la disciplina y la responsabilidad” expresa. “Aspiro a llegar con estas alumnas hasta un Panamericano o un torneo mayor” continúa optimista. “No todo ha sido rosa en mi vida como entrenadora” Cuando dice esto, Kate nos relata que “hace tres años, mataron al papá de una de mis mejores gimnastas y los otros padres me pidieron que la sacara del grupo, pero no podía ni debía hacerlo porque ella se refugió mucho en mí. Pocos meses después mataron también a su mamá, así que me hubiera sentido muy mal si hubiera hecho lo que los papás me pedían. Lastimosamente a ella se la llevaron para Sinaloa y dejó de entrenar, pero era una niña con gran potencial y mucho futuro en la gimnasia”. “Con ella, agrega, fuimos a la Copa Confederación donde nos ganamos la medalla de oro en las cinco categorías, algo muy difícil de conseguir. Luego fuimos a Puerto Rico y trajimos también dos medallas de oro para México y una de plata”. “Le conseguí un gimnasio para entrenamiento de alto rendimiento en Baja California, pero me mandó una carta diciendo que no podía irse porque su hermanita necesitaba de ella y no podía abandonarla” complementa Kate con lágrimas en los ojos al recordarla. “Siempre he querido dar clases a niños especiales” En aras de cumplir este sueño, el año pasado la maestra Kate estudió Educación Infantil y desde hace seis años se vinculó a una agrupación que tiene su tío, el sacerdote Vicente Jesús Machado y en este mes de abril, varios niños con Síndrome de Down empezarán a tomar clases dictadas por ella. “Tengo seis años trabajando en la asociación Viansa ‘Voluntarios Inspirados en Amor a los Niños Servir es Amar’, que busca la construcción de una guardería y jardín de niños en una colonia de bajos recursos de la Ciudad. Ya tenemos dos pequeños salones cerca del centro recreativo Anitas” relata comprometida. “Me encanta la música y cocinar” Dejando de lado a la instructora de gimnasia, retomamos a la mujer y le preguntamos por sus gustos en la comida. “Dicen que me quedan muy rico el menudo y el pozole que aprendí a hacer de mi mamá. Como de todo, pero me tengo que cuidar, todo exceso es malo y tengo que ponerme a dieta junto con los alumnos cuando vamos a alguna competencia” dice muy natural. “En cuanto a música, me gusta de todo y para mis clases un poco de todo. El único artista que de plano no me gusta es Marilyn Manson” remarca con su dulce sonrisa al finalizar una agradable entrevista. A LOS JÓVENES “Luchen por sus ideales, las cosas fáciles no son buenas. Busquen consejos y amigos verdaderos. Trabajen por sus metas y el día de mañana van a ver los frutos con la frente en alto” |



Formadora de gimnastas