| Padre Celso Flores | ||||
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Sonriente, bromista, alegre y buen platicador… Así es el padre Celso Flores Castañeda, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y quien el próximo 1 de agosto celebrará sus 47 años de ordenación sacerdotal. "Festejo todos los años el aniversario de mi ordenación con una misa y una cena con la comunidad de la parroquia. Cuando estaba más loco, hacía una misa con mariachis” Recuerdos de la infancia “Nací el 15 de mayo de 1939 en Ciudad Juárez. Mis padres fueron Francisco Flores y Guadalupe Castañeda. Soy el tercero de siete hermanos: María de los Santos, Consuelo, Celso, Rafael, Francisco, María de Jesús y Marta”. “Pasé una infancia muy tranquila, Juárez era un ranchito, no teníamos luz, ni drenaje, ni pavimento. Había unas bombas para sacar el agua, la calefacción eran unas estufas de leña muy grandes y en verano nuestro aire acondicionado era dormir en el patio”, rememora alegre el sacerdote.“Vivía por la Bolivia y 20 de Noviembre, en la colonia El Barreal, que era la orilla de Juárez. Y vaya si era un barreal, porque íbamos a la escuela y llegábamos con los zapatos llenos de lodo”, dice seguido de una gran sonrisa. Agrega que “con mis hermanos jugaba mucho en la calle al trompo, canicas, escondidas… No había televisión, teníamos bombillas de petróleo y había expendios para petróleo. También íbamos al molino porque se molía la masa para hacer tortillas”. "Durante mi niñez viví en un mundo muy rústico, tipo Western, con mucha paz, tranquilidad y armonía" De la primaria al Seminario Estudiaba la primaria en la Escuela No. 29 cuando ayudó al Padre Aranda en la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Insurgentes y Venezuela. Al inaugurarse la iglesia, empezó a fungir como monaguillo y de allí nació la vocación que lo llevó al Seminario de Chihuahua cuando sólo tenía 13 años. “Mis papás nunca se opusieron a que fuera monaguillo, pero no les gustó la idea de que ingresara al seminario porque no había los medios económicos para hacerlo, pero yo soy aferrado y seguía firme en mi propósito”, refiere con convicción. “Por ser el mayor de los hombres, siempre era el preferido de la abuela, quien deseaba que fuera cebollero y me llevaba con gente para que me desanimara y me convenciera que lo mejor era estudiar una carrera, casarme y tener hijos”, expresa alegremente el sacerdote. “Con la ayuda de una benefactora que contribuía a la Organización San Antonio para la gente necesitada, pude irme a Chihuahua a los 13 años y en el seminario estudié secundaria y preparatoria”, dice con un aire triunfal. Doce años de estudio Su preparación sacerdotal se inició en Chihuahua y la continuó en Montezuma, Nuevo México, donde estudió Filosofía. “El seminario estaba a cinco millas de Las Vegas (NM), el edficio había sido hotel y lo adquirieron los obispos americanos para que los seminaristas estudiaran en el tiempo de la persecución cristera. Funcionó hasta 1960”, nos cuenta muy sereno el padre Celso. “Después me fui a Salamanca, España, a estudiar Licenciatura en Teología. Estaba el país en plena época de Franco, todo era muy barato y se vivía con 500 dólares al año”. Sin embargo, durante los cuatro meses anuales de vacaciones estaba expuesto a muchas tentaciones, las cuales hicieron que en su tercer año de Teología el hoy sacerdote dudara de su vocación sacerdotal, “pero gracias a mi guía espiritual la confirmé”, expresa con convicción. Durante esos años, y de “mochilazo”, conoció casi toda Europa y confirmó a España como su país favorito por el ambiente, las costumbres y la facilidad del idioma... “También conocí Tierra Santa, pero no me gustó. En el lugar donde Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac, Salomón edificó el Templo de Jerusalén, pero ahora allí está la Mezquita de Omar y dicen los musulmanes que ese fue el lugar donde Mahoma subió a los cielos”, expresa contrariado. Regreso a casa Manuel Talamás, obispo de Juárez, siempre le recalcaba a los futuros sacerdotes que tenían que ahorrar para comprar su boleto de regreso a México, instrucción que el padre Celso siguió al pie de la letra y para viajar a Juárez consiguió un vuelo muy barato en Air France. “Cuando llegué a Nueva York traía 25 centavos de dólar en el bolsillo y confiaba que una familia conocida iría por mí al aeropuerto y me prestara dinero para llegar a El Paso, pero estaban fuera de la ciudad. Con la ayuda de una azafata griega, hablé a El Paso y unos amigos me compraron un boleto Nueva York-Dallas-El Paso”. “Llegué a las 3 de la mañana y con el ‘dime’ que me quedaba, hice la última llamada para que fueran por mí al aeropuerto. Esos 25 centavos me los había dado un compañero de Saltillo para cuando llegara a Nueva York. Fue la Divina Providencia”, dice elevando su mirada al cielo. Su regreso fue en junio de 1965 y el 1 de agosto de ese año se ordenó como sacerdote, empezando su labor pastoral en diferentes templos de la ciudad y poblaciones vecinas. “Actualmente se palpa miedo, sufrimiento, tristeza en la población… Hay gente que no quiere salir ni siquiera a misa” Trayectoria de servicio Empezó en la Catedral con el Padre Payán, pero las decisiones de Monseñor lo llevaron también a templos de Villa Ahumada y Nuevo Casas Grandes. A su regreso a Juárez fue párroco en Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en el Sagrado Corazón de Jesús y en Dios Padre. “Después estuve como capellán en La Ciudad del Niño y en el Teresiano; cinco años como rector del Seminario, siete años como párroco en el Sagrado Corazón de Jesús por segunda vez, seis meses en Zaragoza, 21 años en La Divina Providencia y hace tres años estoy de nuevo en el Sagrado Corazón. A los fieles le dije que me pasaba como a los elefantes, que regresan a morir al lugar donde nacieron”, dice seguido de una gran carcajada. Su nueva familia Hoy, la relación con su familia es un poco distante y sólo mantiene una comunicación continua con María de los Santos, su hermana mayor. Por eso, no duda al decir que su nueva familia la conforman los feligreses de su parroquia,. Con ellos, ha vivido las viscisitudes de la crisis económica que azota actualmente a Ciudad Juárez. “Ante tanta inseguridad, la gente necesita acercarse a Dios porque piensa que en cualquier momento les puede tocar un balazo”, dice con la tristeza reflejada en el rostro. La misma tristeza que muestra cuando nos relata el asesinato de la mamá de su monaguillo. “La señora iba manejando y él iba de copiloto, cuando les cerraron el paso y le dispararon a ella… él me habló y sólo gritaba ‘mataron a mi mamá’, pero no me decía quién era, hasta que finalmente pudo identificarse y decirme dónde estaba”. "Vigilar la catequesis, la formación, las misas, los sacramentos y atender a la población son las funciones de un párroco” Celebración de la Semana Mayor Ayer, con el Domingo de Ramos, se inició la Semana Santa, tiempo para la reflexión y la meditación. “Necesitamos reflexionar acerca de nuestras vidas, de dónde vengo y a dónde voy, tener un camino y una meta fija, tomar la vida en nuestras manos y no dejar que se escape viviendo de manera rutinaria y sin pensar”, afirma. “Siempre comparo la religión con los pies: en uno está el aspecto humano y en el otro lo espiritual. Si tengo mis dos pies, camino muy bien, pero no puedo hacerlo si me falla uno… Ahora en el seminario se habla mucho de formación humana, porque hemos perdido el humanismo y nos hemos vuelto inhumanos”, agrega con tristeza. La sociedad ha fallado Los años y su investidura le dan la experiencia suficiente para aseverar que “la maquiladora explota a la mujer, que no recibe un sueldo digno para vivir, pero que por ir a trabajar descuida a la familia. Terminan con sus ojos, con su cuerpo, con todo… Han aumentado las madres solteras y las mujeres con mucha amargura y frustración“. “El descuido de la educación y del ambiente familiar son los causantes de la situación que ahora vivimos. A los matrimonios siempre les digo que es la mujer la que forma y educa, no sólo a los hijos, sino también al hombre. La mujer tiene un papel muy importante dentro de la sociedad, pero todavía no se ha dado cuenta”, agrega. “Necesitamos rescatar valores como el del sentido comunitario, del deber, de la justicia y aprender a ser libres… Cuando cometo un pecado, no soy libre. Lo soy cuando hago las cosas que tengo que hacer porque para eso murió Jesús, para que todos fuéramos libres y tuviéramos la capacidad de vencer al mal y de hacer el bien”, asevera. "Juan Pablo II dijo que nos hemos vuelto inhumanos y egoístas y eso es lo que nos está hundiendo en todos los sentidos” A los jóvenes y gobernantes “A los jóvenes les recomiendo retomar el sentido humano de la vida. Me he encontrado gente que nunca ha recibido un beso o un abrazo de su mamá cuando somos seres que necesitamos de caricias, contacto físico, afecto. A quienes delinquen, les digo ‘No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti’. Esa es la regla fundamental de convivencia”. “Para aquellas niñas que piensan en el aborto, les digo que pidan consejo a alguien que les pueda ayudar porque ese es un daño psicológico para toda la vida, deben ser responsables de sus actos para que en la vida les vaya bien, porque un mal siempre conlleva a otro”, dice con voz paternal. “Finalmente, a los gobernantes les digo que no se les olvide que gobernar es servir, que toda autoridad viene de Dios y debe estar al servicio de la comunidad, no de ellos mismos”. “Le temo a la muerte, aunque conviviendo con ella uno se va acostumbrando, pero con la edad empiezas a pensar que al rato te llega” Un día en su vida A las 7 de la mañana comienza el día para nuestro invitado de HOY. “Oficio misa a las 8, me quedo un rato en la parroquia, me voy a comer a la casa, hago una siesta y regreso para la misa de 7, luego tengo confesiones o catequesis”, describe. “En mis días libres celebro la misa de las siete de la mañana, desayuno con la familia del ingeniero Gilberto Contreras y me voy a trabajar un rato en el jardín de la casa. En la noche veo documentales o programas de cocina… Siempre tengo la televisión encendida, es mi compañera. Me acuesto a dormir a las 11 o 12”, confiesa el sacerdote. Lleva más de 20 años sin ir al cine y las pocas veces que escucha música, la clásica es su preferida, especialmente Chopin. “Me gusta comer de todo. Soy carnívoro y me quedé muy acostumbrado al sabor de la comida mediterránea… Cómo lo echan a perder a uno en Europa, expresa con una gran carcajada… pero también me gustan las enchiladas y los tacos”, agrega. Entre los apóstoles, admira a Pedro porque “es el santo moderno, era una persona sencilla que se equivocaba una y otra vez, pero amaba mucho a Jesús y era muy sincero. Es un santo muy humano”, expresa. Si se le pregunta por un pasaje de la Biblia que lo identifique, afirma que es el salmo ‘“El Señor es la parte de la herencia que me toca’. Batallamos aquí por muchas cosas, pero el único tesoro que vamos a heredar es Dios. Jesús dijo de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma”, concluye el padre Flores. |



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