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Moderación en la victoria pro vida

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Padre Eduardo Hayen.- El miércoles 29 de julio México tuvo una importante victoria pro vida. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, con cuatro votos en contra y solo uno a favor, desechó el proyecto para despenalizar el aborto en el estado de Veracruz.

De haberse aprobado, el grave peligro es que la ley del aborto se hubiera extendido a otros estados de la república y con ello tendríamos aborto libre en todo el país. La decisión del órgano jurídico supremo nos ha dado una gran alegría; sin embargo, no podemos cantar victoria.

Los ministros de la Corte tomaron su decisión haciendo alusión a que había irregularidades técnicas en la forma en que se presentó el amparo, pero en el fondo todos coincidieron en que debe brindarse protección a los derechos de la mujer. Esto significa que la decisión del miércoles pasado que tomaron los magistrados no es necesariamente una resolución pro vida.

Si no hubiera habido error técnico en la forma en que se presentó la demanda, los juristas habrían llegado al fondo del asunto y, por proteger los llamados derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, muy probablemente habrían votado a favor de la despenalización del aborto en Veracruz. Por eso no podemos enarbolar la bandera de la gloria.

Las batallas en el álgido tema de la cultura de la vida contra la cultura de la muerte van a continuar y, hoy más que nunca, quienes estamos contra la violencia y el asesinato institucional que traería la despenalización del aborto, no debemos bajar la guardia.

En todos los congresos de los estados de México hay iniciativas para ampliar las leyes abortistas, por lo que hemos tener en mente que la guerra entre la luz y las tinieblas sigue en marcha.

Las organizaciones que han estado detrás de esta iniciativa para despenalizar el aborto en Veracruz, y extenderlo al resto del país son: Colectivo Akelarre –de evidente rostro brujeril–; MexFam –la cual es la sucursal de la agencia abortista Planned Parenthood en México–; las Católicas por el Derecho a Decidir, –grupo anticatólico que se disfraza de católico para confundir a los católicos–; Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, y otras organizaciones derechohumanistas con apariencia de “buenistas”.

El combate que polariza tanto a nuestra sociedad mexicana es meramente espiritual: luz contra oscuridad, verdad contra mentira, ciencia contra ideología, vida contra muerte. Las estrategias para vencer están en todos los niveles, desde el cabildeo político en las cámaras legislativas hasta la lucha que enfrentan hoy los padres de familia para proteger a sus hijos del secuestro ideológico que la educación sexual escolar les quiere imponer.

Es encomiable la labor que muchos laicos están haciendo para que triunfe el respeto a la vida humana en la vida social.

Para los católicos, una señal de alarma es lo que hoy sucede en el ambiente juvenil de muchas parroquias. Los párrocos se están dando cuenta de que una gran cantidad de sus jóvenes no acepta las enseñanzas de la Iglesia en materia de moral de la sexualidad y la vida.

No es extraño que muchos perciban la fornicación y las prácticas homosexuales como algo natural y den la espalda a las enseñanzas de la ética católica. De ahí a aceptar el aborto como un derecho solo hay un pequeño paso. Sin duda el espíritu del mundo, como un río cenagoso que todo lo arrastra, se lleva hoy a buena parte de la flor de nuestras comunidades parroquiales.

La protección y defensa de la vida humana triunfará sólidamente a través de la educación. Cuando los jóvenes descubren, a través de la teología del cuerpo, que fueron creados para el amor verdadero y no para gastar sus vidas en placeres efímeros que los dejan vacíos, entonces se les abren los ojos.

Descubren el engaño de la ideología de género y, sobre todo, conocen la vocación al amor a la que Dios los llama. La formación de los jóvenes católicos hoy, más que nunca, necesita de la teología del cuerpo. Dicha teología se hace cada vez más popular en otras partes del mundo y hoy comienza a tener más espacio dentro de nuestras parroquias diocesanas.

Mientras continúa la lucha entre la civilización y la barbarie, una buena y permanente formación católica nos capacitará para escapar de los engaños de la cultura, para formar familias sólidas y para edificar la Iglesia de Cristo.